Vamos a amar. Mané, Elza y Chico

Historias de música y fútbol brasileño. Garrincha y Elza Soares, la pareja que convulsionó Brasil en la década del 60. Chico Buarque jugando con Bob Marley, Sócrates o llevando a Garrincha a jugar partidos amateur en el exilio italiano. Escribe Juan Stanisci.

Elza Soares tenía dieciséis años cuando se escapó de su casa para ir a cantar a un concurso de radio. No buscaba fama sino dinero. Se había casado a los doce y sido madre a los trece y a los quince. Vio morir a su segundo hijo de hambre, la plata no alcanzaba para todos. Cuando llegó al estudio de radio el conductor y compositor Ary Barroso le preguntó “¿De qué planeta venís?”. No era la precuela del relato de Víctor Hugo, era una burla por cómo estaba vestida. La respuesta de Elza enmudeció a todos “del mismo que usted Señor Barroso, del planeta hambre.” Minutos más tarde, tras escucharla cantar, Ary Barroso anunciaba “ha nacido una estrella.”

Del planeta hambre venía también quien fuera su compañero durante dieciséis años: Mané Garrincha. Se conocieron en Chile, durante el mundial, en un entrenamiento. Elza había viajado como madrina de la selección brasileña. Garrincha era la figura del mundial, después de la lesión de Pelé. “Vi un tipo con todas las piernas torcidas y dije ‘¿Ese tipo juega así?’” contó años más tarde Elza, en el ciclo Cantoras emitido por el Canal Encuentro. Se quedaron charlando después del entrenamiento. Cuando Garrincha no estaba enredando piernas rivales en las canchas chilenas, la iba a visitar. Y empezó el noviazgo.

Uno de los mitos de la época, que llegó hasta nuestros días, dice que Garrincha abandonó a su mujer Angelita Martínez, una vedet muy conocida de la época, y a sus hijas por Elza Soares. La realidad es que ellos ya estaban separados cuando Mané conoció a la cantante. Y que sus nueve hijas se fueron a vivir con la nueva pareja. Mané y Elza criaron dieciséis hijos, entre las nueve de él y los siete de ella. Pero aunque ella se hizo cargo de las hijas de Garrincha, la sociedad brasileña de la época la marcó como una “rompe familias”. Como si ella lo hubiera obligado a abandonar a su esposa, la casa de Elza recibía huevazos como muestra de la gran hipocresía de la época.

“Lo que Garrincha hacía con la pelota, Elza lo hace con la voz”, reflexiona el músico brasileño Lobao. “Fue el mejor jugador del mundo por sus gambetas” afirma Elza, quién dos años después de la muerte del futbolista, grabó la canción Alegría do povo. “Alegría do povo entrou / no gramado do meu coraçao / enfeitou os meus olhos com gols / partiu com os meus  sonhos da mao / como craque, no amor me ganhou / me envolveu nos lençóis da paixao / foi à linha de fundo e cruzou /  sobre a área do meu coraçao.” (la alegría del pueblo entró / en el césped de mí corazón / decoró mis ojos con goles / partió con mis sueños de la mano / como un crack el amor me ganó / nos envolvieron las sábanas de la pasión / fue a la línea de fondo y cruzó / sobre el área de mi corazón). Hoy, a los 83 años, Soares sigue activa como cantante. Mezcla rock, con música electrónica y samba. Hace un mes sacó una nueva canción, mostrando que continúa siendo una de las artistas más interesantes e inquietas del mundo.

Garrincha había nacido Manuel Francisco Dos Santos, escribe el periodista Ezequiel Fernández Moores que “debía su apellido Dos Santos a los patrones blancos de sus bisabuelos esclavos”. En 1969 Elza y Mané debieron exiliarse en Italia. La dictadura brasileña había mandado a tirotear el frente de su casa. En Italia los esperaba Chico Buarque de Hollande. El autor de “Construcción” se había exiliado cinco años antes “cansado de la censura” escribe Fernández Moores. Chico no solo fue una compañía para Mané y Elza, fue también el chofer de Garrincha.

En 1970 las piernas de Garrincha no respondían de la misma manera. Pocas cosas deben ser más tristes en la vida de una persona, que sentir el paso del tiempo en el propio cuerpo. Luego de Inglaterra 66, donde Mané sufrió ante Hungría su única derrota con la selección de Brasil en 61 partidos, Garrincha deambuló por clubes de Brasil y jugó en Colombia con Junior de Barranquilla. Como en Italia no consiguió equipo, se dedicó a jugar partidos de barrio a cambio de plata. Chico Buarque lo llevaba en su Fiat. “Era aclamado por la gente y todavía era muy popular” le dijo el cantante a Fernández Moores. Años más tarde Chico le dedicaría la canción “O futebol”.

Chico Buarque estuvo poco tiempo como chofer de Garrincha, en 1970 volvió a Brasil. Seis años después Garrincha y Soares tuvieron su primer y único hijo: Garrinchinha, quien moriría a los 10 años en un accidente de tránsito. Se asentaron en Brasil, pero la pareja estaba a punto de romperse. En 1977 se separaron. Él pasaría sus últimos años entre bares e internaciones hasta su muerte. Soares comenzaba a llevar la samba a niveles de exploración y combinación con otros ritmos que normalmente no eran aceptados ni por la crítica, ni por el público. Nada que no haya vivido antes. La carrera de Chico Buarque explotó en 1971 con la publicación de “construçao, una canción que juega con las palabras como Garrincha con los marcadores de punta.

En 1980 Chico recibió en su cancha a Bob Marley. El cantante jamaiquino, que moriría un año después, estaba de gira por Brasil y no quiso dejar pasar la oportunidad de jugar a la pelota en la tierra del, por aquellos años, tricampeón mundial. Organizaron un partido entre músicos. Chico Buarque, Bob Marley y Toquinho jugaron para el mismo equipo.

Mientras Buarque estaba exiliado, en Botafogo el club de Garrincha, surgía un flaco mediocampista distinto a todos. Desde el nombre hasta su forma de plantarse dentro y fuera de la cancha. Sócrates Brasileiro Sampaio de Sousa Vieira de Oliveira. Sócrates. El futbolista que, junto a Wladimir y Casagrande, creó la Democracia Corinthiana y se opuso a la dictadura militar brasileña. Quién también grabó varios discos como cantante, el primero de ellos en 1979. Cuatro años estuvo en Botafogo. Pasó al Corinthians. Ahí se hizo amigo de Chico Buarque.

Los lunes la Democracia Corinthiana descansaba. Sócrates volaba a Río de Janeiro donde vivía Chico. Dormía en su departamento. Pero el dóctor no iba a descansar. Los lunes se jugaba un torneo entre músicos y actores en la cancha de Chico en Recreio dos Bandeirantes. Buarque tenía cada lunes al mejor refuerzo, el ocho del Corinthians que revolucionaba el país cada fin de semana con los mensajes que portaban en sus camisetas. En el mismo equipo jugaba Toquinho. Con Sócrates el Politeama, equipo de Chico Buarque, fue varias veces campeón. La amistad continuó a tal punto que, cuando Sócrates volvió a Brasil luego de jugar en Italia, Chico Buarque lo recibió con un partido de fútbol, cerveza y samba hasta que salió el sol.

Hace tres años Chico Buarque y Lula Da Silva, ex presidente de Brasil y amigo de Sócrates también, se juntaron a jugar al fútbol inaugurando la cancha Dr. Sócrates en el estado de San Pablo. Quizás fue una excusa para recordar a su amigo. Quizás fue una excusa para jugar a la pelota. Como lo hicieron en 2002 Elza Soares y Chico, cuando grabaron la canción Façamos. Quizás una excusa para recordar sus años italianos y a Mané. En la canción repiten al final de cada estrofa: vamos a amar. Eso que hicieron Elza y Chico en los escenarios y Mané en todas las canchas que pisó.

Juan Stanisci

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