“El Cazador”, un melancólico ex delantero del Ferrocarril San Martín, recibe la noticia del asesinato de un joven fanático del club. Shockeado, lo primero que se le viene a la mente es que a ese hincha le debía su apodo. Novela por entregas, cada martes un capítulo nuevo. Escribe Lucas Bauzá.

“Bueno, muchachos… Ya está, cortamos acá. Ya sabemos quiénes son ellos pero lo más importante es que sabemos quiénes somos nosotros. Ahora descansen un rato, hablen de otra cosa y relájense con las pelotas paradas que mañana volvemos a repasar las marcas, no se preocupen.”

Fito Vargas, charla de videoanálisis previa a Juventud Unida 0 – Ferrocarril 1 (2007)

 El sábado al mediodía caminé las cuatro cuadras que separaban mi azotado cuerpo del bar del Santo y llegué a la cita con puntualidad. Apenas unas horas atrás había hecho el camino inverso, en zigzag, lamentándome por los seiscientos pesos perdidos en el truco y con la cabeza turbada de alcohol y de humo. Ezequiel Cóceres ya estaba ahí, leyendo el Clarín mientras tomaba un cortado. Primero saludé a Marito, que boludeaba con el celular detrás de la barra, le pedí una Sprite y un cenicero, y también si me podía conseguir unas rodajas de limón y dos aspirinas.

-Ya te las llevo, cazado.

  Lo miré, mientras me rascaba la nuca y trataba de sacar a la distancia el título del libro que estaba leyendo el flaco sentado en la vereda.

-Ayer… Manuel. ¿Te olvidaste?

-Ah, sí. Es un tarado. Qué chiste malo…

-Mil seiscientos pesos perdiste, Cazador cazado.

  Lo miré. Me refregué los ojos con dos dedos para ver si me despejaba un poco y trataba de entender lo que me estaba diciendo Marito. Hasta que me acordé.

-Ah, la concha de su madre.

  Después de haber perdido los seiscientos pesos al truco, borracho y caliente como estaba, le había apostado quinientos pesos más al reverendo hijo de mil puta del Santo para ver quién sacaba la carta mayor. Él sacó un seis de copas y me subió la apuesta a otros quinientos pesos más.

-No le pienso pagar la gaseosa. Que se vaya a la concha de su madre, Santopietro.

-Le digo.

-Esto tampoco. ¿Me pasás el limón cuando puedas, porfa?

  Manoteé tres empanadas de jamón y queso y me acerqué a la mesa calculando cuánta plata me quedaba hasta los primeros días de febrero. Saludé a Ezequiel y me desplomé sobre la silla, contra la pared y con las piernas estiradas sobre otra silla.

-Hoy suben peajes, bondis y trenes –comentó, para romper el hielo, arrojando el diario a un costado de la mesa. Un fulano se había autoproclamado presidente de Venezuela; un tal Balerdi pasaba de Boca al Borussia Dortmund y un Mac Allister muy parecido al Colorado Mac Allister se iba a la Premier League; abajo, en letras pequeñas, estaban los aumentos de las tarifas.

-Siempre nos pueden apretar un poquito más estos forros.

  Tiré el diario a la mesa que estaba a mis espaldas. Marito me alcanzó los limones y dos aspirinas. Luego de haberlas tomado, ya con un riquísimo Chesterfield en la boca y la sensación de que me volvía el alma al cuerpo, le conté a Ezequiel que había hablado con un conocido en común de la UNLO para ver si podía confiar en él, y que ante la respuesta positiva me había decidido a pedirle el encuentro.

-Necesito que lo que hablemos acá, muera acá.

-Perfecto.

-Ni a tu novia, loco.

-No tengo.

-¿No? –moría de ganas de preguntarle si todavía seguía viéndose con Jazmín, pero no lo hice– Bueno, mirá… Yo estoy seguro, segurísimo, de que a Dardo lo mataron por algo relacionado con el San Martín. No tengo dudas de eso. Tamb

-¿Y pruebas?

  La relajación corporal me duró poco. Con esfuerzo, me acomodé en la silla para mirarlo de frente.

-Tampoco. No tengo un choto, pero lo firmo acá.

  Cabeceó, dubitativo, y finalmente levantó los hombros.

-Vos conocés al club mucho más que yo.

-Sí. Muchos años de Furgón tengo. A mí Lozano me mostró un fierro. No el gordo zalamero que por ahí conocés vos, el Lozano posta, el que aparece cuando tiene que aparecer.  

-Yo también conozco a ese Lozano –dijo, sonriendo con suficiencia. 

-Mejor, mejor así me ahorro de quedar como un paranoico. Entonces antes de que arranque a preguntarte algunas cosas quería que lo tengas claro, no sé, por ahí para que todo lo que me digas vaya en esa dirección.

-¿Cómo?

-Yo parto de ahí… ¿Se entiende? No le creo a nadie y sé que fue alguien que está metido en la política, no necesariamente el Chelo. 

-¿Pero vos qué necesitás saber?

-Todo. Mucho. Saber quién

-¿Y qué vas a hacer con

-No voy a hacerme el justiciero, quedate tranquilo. Fui al Instituto de la Asunción y no me va a hacer falta matar a nadie.

  Se removió en la silla, resoplando con nervios.

-¿Vos fuiste al Asunción?

-Sí.

-¿Y cómo entraste ahí?

-No importa, entré de pedo. Pero la cosa es que hice el Polimodal ahí y tengo varios amigos en Lamarque que trabajan en el poder judicial.

-Y sí, obvio.

-Por eso. No lo digo para chapear, pero posta que cuando digo varios, digo varios y en casi todos los niveles. Amigos, hermanos de amigos, madres de amigos, padres que están en cámaras federales y que te aseguro que no tendrían drama en darme una mano si les llevo algo consistente.

-Hagamos algo, Valentín… Yo te contesto lo que quieras pero vos me decís cómo estudiaste ahí, porque Fabri terminó en una nocturna ¿no?

-Fabricio es un boludo. O es menos careta que yo, depende como lo quieras mirar… Mis viejos dijeron los dos o ninguno, y fuimos los dos. Pero al toque lo rajaron por quilombero.

-Jodeme.

-No, posta.

  Entré al Instituto de la Asunción gracias a los gustos futbolísticos del padre Ricardo y a De La Rosa, un profesor que tuve en la 8, la escuela del barrio, que también trabajaba en varios colegios de Lamarque, entre ellos el Asunción. En diciembre del 99, luego de haberse desafiado durante todo un año porque había dos cursos que daban que hablar en sus respectivos establecimientos educativos, organizaron un partido amistoso en el campo de deportes del Asunción, que a los reos de ese 9°A de la escuelita Marechal nos hizo sentir como si estuviéramos en el del Manchester United. Ellos tenían un equipazo y estaban aceitadísimos, pero nosotros teníamos a Angelito y unas ganas feroces de hacer capote entre el chetaje. Y les ganamos 4 a 2.

-¿Angelito Martínez? Puf.

-Sí… Metimos dos goles cada uno. Y ahí el Padre me hizo la onda, porque en el Polimodal se jugaban unos intercolegiales que estaban re zarpados y nada, así fue. 

-¿A Angelito no lo becó, no?

-No, qué lo van a becar, pobre Angelito.

  Entré al Asunción, al universo Lamarque, en marzo del 2000, con el país acelerando a fondo rumbo al abismo. A pesar del trauma de haber cambiado de ambiente, de haber estado expuesto con todas mis inseguridades de adolescente a la profunda desigualdad que veía y vivía, porque en enero me tocaba quedarme a trabajar en el almacén de mis viejos mientras mis amigos estaban de vacaciones en lugares increíbles, fueron tres años maravillosos gracias a esos mismos pibes, que jamás me dejaron afuera de algo, y menos cuando nos tocó cerrar el almacén familiar y quedar absolutamente en pelotas. Pude tener viaje de egresados, algo que a esa edad era de vida o muerte, gracias a ellos y a la gente del Instituto, y en agosto del 2002 viajé en avión y conocí el mar, dos lujos que me parecían absolutamente inalcanzables, mientras mis abuelos comían gracias a los trueques, mi vieja limpiaba casas y mi viejo hacía los primeros fletes como ayudante de mi tío Ismael, el papá de Juan.   

-O sea que a la gente de Mateo Casares la conocés de primera mano.

-Más o menos. A varios sí, pero no a todos. Pero… Sí, ponele que a los sobrinos de Casares sí, a varios, pero sin trato… Después una hija de la mina esta Carranza iba a un curso más bajo que el mío… Qué sé yo, soy amigo del Pepi López, de Nico Alcorta, de Magui Gamboa.  

-¿López, López? El Subsecretario de Industria.

-Sí, bocho mal, el Pepi, nos sentamos juntos en Tercer año. Del hermano también, soy bastante amigo de Juan José.

-Buen pibe el Pepi. Cheto como él solo, pero… ¿Y a Lucas, che?

-¿Qué Lucas?

-Lucas Galeano, el hijo del jefe de gabinete.

-Ah, Galeano, sí. Sí, pero de vista… Alto violento ese deforme. Pero lo tengo de vista, iba dos años más grande que nosotros. Y violento a niveles… No sé, en su fiesta de egresados le habrá roto la cara a quince pibitos, ponele. Porque sí, porque es un hijo de puta.

-Porque es rugbier.

-Sí… Sí, sí, viste que es un oso, el chabón.  Él y toda esa banda era tremenda, todos jugadores del Lamarque re chetos, agrandados… No, unos nazis de novela… A mí por suerte me tocó un grupo re copado, bajo perfil, todos re futboleros… Pero si caía en el curso de Galeano, de los Cepeda, la iba a pasar mal.   

  Sonrió, entre impresionado y envidioso, por la calidad de contactos que había forjado involuntariamente por haber ido al Asunción.

-¿Y entonces qué querés saber? Yo soy un pichi, Valentín.

-No me digas.

-Al lado de esos que nombraste te aseguro que sí.

-Igual, quiero saber qué onda ustedes. Y si voy y le pregunto al Pepi me va a decir que los peronistas de Almafuerte son todos negros, feos y malos.

-¿Y qué querés saber de nosotros?

-Qué onda, nada más. Qué onda tu jefe, qué onda Lozano, Osvaldito Rendo…

-Ah. Ahí andan. Negros, sucios y haciendo maldades.

-Dale, chabón, si sabés que yo no pienso como el Pepi. Dame un panorama del PJ, de las elecciones… No sé, alguna cosa turbia de Lozano, algo de la cocina del palacio.

  Sonrió con altanería y miró la hora en su teléfono.

-Medio flashera esta conversación ¿no? El otro día te le reíste al Santo porque andaba volando con las conspiraciones ¿y ahora me hablás del palacio? Tomate el bondi y andá: en el palacio que decís debe haber cinco gordas tomando mate y comiendo facturas de arriba. Más que eso… Estarán hablando de los nietos, de las cajas navideñas que se habrán encanutado.

-Y sí, es sábado y son las dos de la tarde. ¿Pero el lunes a la mañana?

-¿Qué?

-¿Viste Caro, la hermana de Juan? Bueno, ella milita en La Cámpora. Y algunas cositas me cuenta, así que no me chamuyés, dale… Si yo ya sé que el Beto es el que más transa con el PRO.

-¿Y entonces para qué me preguntás si ya sabés todo?

-No te estoy juzgando y te aseguro que no sé un choto. Y si laburás para él, allá vos. No me interesa eso, te lo juro por mi vieja… Me interesa saber dónde está parado el Chelo, en qué anda, en qué anda Docabo, y qué onda con ese Cabeza que hace las pintadas, qué onda con el Tejita y por qué habrá andado boqueando, no sé… Eso quiero saber.  

  Volvió a sonreír, pero esta vez negando con la cabeza como si le estuviera hablando de algo absurdo, mientras mascaba un chicle que no tenía.

-Convidame uno –sacó un cigarro del atado y se acercó el cenicero–. El Cabezón Estrada labura para todos, por lo menos hasta que llegue abril o mayo y se pudra todo. Él es el único que puede entrar sin drama a los barrios más peludos para nosotros, el único que se le anima a Almafuerte Sur. El Cabeza y algunos pibitos de La Cámpora que viven ahí y bancan merenderos, nadie más entra allá abajo. Así que como verás, no sos el único que tiene la entrada prohibida en esa zona.

  Lancé un suave quejido. Por una pendejada que había hecho quince años atrás, si los muchachos del Atlético Almafuerte me llegaban a ver caminando por sus calles, yo corría el riesgo de terminar freído como una anguila en la sartén del Pocho Gamarra, líder de Los Loquillos y puntero estrella del PRO.      

-Que la chupen, los comeanguila. ¿Entonces el Cabezón es peligroso o no?

-Un pan de Dios. Como lo banca el Armenio Mouratian y es de la vieja guardia, amigote del Pocho, no tiene historia ahí. Además conoce a todo el distrito.

-¿Cómo “lo banca el Armenio”? ¿Sigue tallando el viejo?

-¿El Armenio? Más vale. Mirá, Valentín: hoy en la oposición son cuatro –y enumeró con los dedos–: el Beto, Chelo, Osvaldito Rendo hasta ahí nomás y Emiliano Trujillo, de La Cámpora, que es el único que realmente vale la pena. Y que haya tres impresentables es por culpa del Armenio.

  Deduje que los tres impresentables eran el Chelo, Osvaldito Rendo y su jefe.

-¿Por?

-Pooorqueee… ¿Leíste algo de Max Weber? ¿Política y Ciencia ponele?

-No.

-Bueno, igual. Ahí Weber habla algo del aparato político, pero no importa. El tema es que el Armenio es el único de acá que se sienta con Cristina. El único. Cuando perdió el municipio, juntó a los suyos y se volvió al sindicato para rearmarse. Fue tan bueno lo que hizo, fue tan bicho, que a los dos años metió cinco bancas en la legislatura provincial, cinco –me mostró la palma de la mano abierta–, y le terminó copando la Secretaría de Hábitat a Scioli.

-¿Año?

-Y… Perdió con los Driscoll en el 2007. Pero en el 2009 ya estaba otra vez arriba, y hasta mejor posicionado que con la intendencia. Pensá que ahí ya tenía Hábitat, tenía cinco bancas en La Plata y había metido una banda en AySa, pero una banda. Más el sindicato.

-¿Y ahí qué onda?  

  Dio una última pitada al cigarrillo y lo apagó con teatralidad.

-Y ahí llega el 2011. ¿A quién le preguntó la Cris qué convenía hacer en Almafuerte? A él. ¿Y qué le habrá respondido el Armenio? Y… Que Ignacio Driscoll hizo un buen laburo, que Almafuerte es más facha que la Alemania de Hitler y que el único con caja para hacer un poquito de barullo era Osvaldito Rendo… De dónde saca la plata, no sé si lo habrá hablado, pero acá lo sabemos todos. Y gana el PRO, obvio.

-¿De dónde saca la plata Osvaldito?

-¿En serio me preguntás? De la falopa. Entra toda a Lourdes, por los Tello, y acá la administra Osvaldito, con ayuda de todos, por supuesto, pero más que nada con la 4°.   

-No sabía. ¿En la 4° no está Quique Vera, o no?

-No, Quique está en la 2°. La 4° ahora la maneja Goyo no sé qué… Goyo.

  Siguió narrando: en el 2012, su jefe el Beto Pérez se fue con el Frente Renovador; Lozano siguió corriendo de atrás, como toda la vida; y Osvaldito Rendo se mantuvo como la cara visible de la oposición en el distrito. Luego llegaron las fatídicas elecciones del 2015: Ignacio Driscoll se fue a trabajar a Turismo y Deporte de la Nación, porque el PRO necesitaba cuadros en todos los frentes que se le habían abierto, y Mateo Casares le ganó las elecciones municipales a Osvaldito por más de treinta puntos.

-Ahí las manos negras se lo llevaron y lo tiraron en un carguito de La Plata, una boludez de Sustentabilidad y Medio Ambiente para coordinar con otras provincias. Chau Osvaldito.

-¿Los mismos del PRO lo ponen a trabajar para ellos?

-Los mismos. En ese momento es que yo entro a trabajar para Beto, en enero del 2016, con el PRO manejando Nación, Ciudad, Provincia y Almafuerte, es decir…  Todos cerrando el orto y diciendo que sí con la cabeza. No solo el Beto… Todos estaban obligados a bajar el perfil, porque estos muchachos salieron a destruir opositores como yo nunca vi.

-Por eso habrá dicho mi prima lo del Beto.

-Vuelven a arrasar en el 17 –continuó–, se cogen a todos de parado, ya tenían armada la línea Macri-Macri-Vidal-Vidal-Peter Robledo 2050, y de pronto… Acá estamos.

-¿Dónde estamos?

  Escondió los labios, levantó los hombros y las cejas, parpadeó como si le hubieran entrado dos basuritas en los ojos. 

-Me encantaría saberlo. Mateo Casares bien, él creo que va a zafar, porque acá la inseguridad no es un problema, tiene mucho carisma y encima metió cemento hasta en los areneros de las plazas… Llegará boqueando hasta la orilla, pero estoy seguro que le va a alcanzar.    

-¿Y quién le puede dar pelea?

-No, no sé si pelea. Me parece que otra vez va a haber que poner la cara de boludo para la derrota.

-Entonces que lo llamen a Lozano.

  Ni se mosqueó con el chiste. Parecía haber entrado en trance con su propio análisis.   

-De los tres, porque a Osvaldito ya no lo cuento, creo que sí, que va a ser el Chelo… Porque mirá: Lozano no es una luz ni mucho menos, Valentín, pero el hijo de puta no se movió de al lado de la jefa. Y eso que es pejotista duro y puro, pero hasta en los peores momentos de la vieja, cuando todos la daban por muerta, la militó, la militó, movió tres mil, cuatro mil vagos a Comodoro Py. Estuvo ahí. Y ahora ¿viste? Nadie sabe qué carajo puede llegar a pasar en las PASO. Mirá si esta vieja hija de puta nos la pone a todos.

-Ojalá. Igual no sé.

-Es que esto no se aguanta más… Yo después de las legislativas no quiero abrir la boca, la verdad que ya no entiendo más nada, pero Macri se va a pique… El único que sabe lo que va a pasar es Sergio.

-¿Massa? Pero si está muerto.

  Refunfuñó con desgano.  

-¿Leíste el 18 Brumario de Marx?

-No, chabón. No lo leí –mentí, para que se quedara tranquilo con sus aires de superioridad, que seguían intactos como si todavía tuviera veinte años.  

-¿No? ¿Cursaste Sociología en la UNLO y no lo viste?

-No me acuerdo.

-Valentín, esto es así: si Vidal va en colectora con la boleta de Massa presidente, y obvio con la de Macri, cagó el kirchnerismo. Cagó fuego. ¿Pero si Sergio agarra sus seis, siete puntitos a nivel nacional, y se vuelve con Cristina? No mirés los nombres propios. Mirá las clases sociales que representan –dijo, acomodando los elementos que había sobre la mesa–: si se juntan los rascas de las organizaciones sociales de ella –mis cigarrillos–, más una gran parte de la clase media y media baja que tienen entre los dos, los progres de ella –su taza de café– y los trabajadores que no querían pagar Ganancias de él –un salero casi vacío–, el peronismo es imbatible –agrupó todo lo anterior y le sumó escarbadientes y un pimentero–. Y es muy probable que se unan las clases para sacar al enemigo en común –me mostró las tres empanadas, demasiado poco frente al batallón de desahuciados que había alineado enfrente–. Eso está en el Brumario.

  Me quedé pensando quiénes podían representar a los escarbadientes y al pimentero.

-No los veo juntos, chabón.

-La manija la tiene Sergio –volvió a mencionarlo como si fuera su amigo–. Viniendo acá, acá a Almafuerte digo, si es Vidal-Massa y Vidal-Macri como se anda instalando, el Beto gana la interna en agosto. Pero si Cristina da el batacazo, ahí sí, ojo con el gordo Lozano porque tragó mucha pero mucha mierda… Ella ni lo juna, olvidate, le debe tener hasta asco al falopero este, pero acá el que termina dando el visto bueno es Mouratian. Y al pendejo Trujillo le falta tomar la sopa. Es el mejor, eh, por militancia, por formación, pero le faltan un par de añitos más todavía. Así que en ese caso las acciones de Marcelo suben y en octubre quién te dice.

-Lozano de intendente…

-Si Macri hoy es un ancla, te lleva al fondo del mar seas quien seas. Vas a ver, a la hora de votar va a ser mala palabra.

-Si Lozano llega a ser intendente, me corto los huevos y se los doy de comer al perro.

-Igualmente, lo que te dije… Tranquilo, hay pocas chances. Hay pocas chances, está muy difícil sacar a los Driscoll, a Casares, mal que mal hicieron cosas y dentro de todo se movieron bien.

-Boludos no son, no.

-Ignacio es muy inteligente, muy hábil…

-Tiene cintura…

-Tiene cintura y nunca dejó de rosquear para que la canilla estuviera siempre abierta, para que no dejaran de bajar los mangos de arriba.

  Saqué un Grabois del atado y lo prendí.

-Qué quilombo, loco… –comenté, medio mareado por un análisis que no tenía idea para qué carajo me iba a servir.

-Apasionante. Esta elección parte aguas. El que gane el país se queda veinte, veinticinco años.

-Puede pasar cualquier cosa entonces.

-Valentín: acá el único que tiene la vaca atada es el Bebi Solís en el Furgón. Ese sí que duerme sin frazadas.

-No tenemos chances ¿no? –pregunté cabizbajo, acomodando contra el extremo de la mesa tanto el salero como el pimentero.

-Hablaste en plural.

-Fue una manera de decir.

-En la sede no, eso lo sabés mejor que yo. Y en el fútbol, te digo, lo mismo, exactamente lo mismo, la verdad es que con el equipo así como está, y con Miguelo vendiendo humo en el banco, está muy pero muy difícil.

-Veo lo mismo… Salvo por lo de Miguelo, eh, porque mirá que él es así, un loco lindo.   

-Acá el que nos recagó la vida es el pendejo hijo de puta de Sánchez Morando.

-Bancame que meo –lo frené, contento de haber llegado a donde quería llegar.

-Dale.

Lucas Bauzá

El próximo martes estará disponible la segunda parte de este capítulo

Diseño de imagen por Lucas Vega, pueden encontrar más sobre él en Estudio Bosnia.

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