Festejamos el cumpleaños del Chino Recoba recordando una bandera de un hincha de Nacional que recibió la camiseta de su ídolo después del partido. Futbolista legendario del Uruguay de los 90/2000. Pegada prodigiosa que suele ser recordada en los especiales de fin de año. Escribe Santiago Nuñez.

Un 17 de marzo nació un uruguayo que, para mí, era más grande que todos los Beatles juntos. ¿Qué estoy exagerando, dice? No, no hablo ni de Ruben Rada, ni de Zitarrosa ni de Tabaré. Esto es otra cosa.

Mire, le voy a explicar. La primera vez que lo tuve frente a mis ojos por la televisión era 8 de octubre del 2000 y me llamó la atención no solamente la extraña remera roja (en general, celeste) sino que lo recontra re puteó a Passarella por poner al Loco Abreu y sacarlo a él en un partido con la Argentina.

Eso me transmitió personalidad aguerrida, ganas de ganar.

La segunda vez que lo vi, para que usted sepa, fue en un programa especial de esos en los que pasan las mejores jugadas de algún año. Ese joven “Chino” de Danubio gambeteaba al viento.

Eso me transmitió talento y audacia.

La tercera vez que lo contemplé, sabe usted, fue cuando vi a un gurí con un “joistick” en la mano jugando a los jueguitos esos con el Inter de Milán y fui testigo de cómo el botija se cansaba de hacer goles de tiro libre con la zurda divina del «Chino».

Eso me transmitió belleza y lujos, pero sin vulgaridad.

La anteúltima vez que lo miré me faltó en una tanda de penales en Sidney y lo vi en el banco de suplentes, triste, porque los Mundiales a veces se juegan cada 8 años.

Eso me transmitió tristeza y empatía.

Después no lo vi por mucho tiempo, sabe, pero alguna que otra vez lo soñé. En mi mente de almohada el «Chino» le pegaba a la Jabulani que volaba, o sacaba un gol con la mano en la línea, o picaba el último penal contra Ghana y salía corriendo desaforado, o hasta levantaba la Copa América.

Eso me transmitió alegría, pero también esa rara sensación de extrañar.

La última vez que supe de él había un músico inglés que venía a Montevideo por primera vez y todos estaban enloquecidos. Pero había algunos que, por suerte, no reaccionaron de tal manera ante el imperialismo cultural. Entre ellos un hincha que colgó en el alambrado un trapo que decía: «No voy a ver a Paul McCartney, vengo a ver al Chino».

Eso me transmitió amor. Y me hizo dar cuenta que Álvaro Recoba es más grande que los Beatles.

Santiago Nuñez

Twitter: @SantiNunez

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