Los ’90 tuvieron muchas cosas olvidables, pero también muchas que vale la pena recordar. Una noche de verano en Rosario, hubo magia y hubo fe, hubo un encuentro de leyenda entre dos de los más grandes genios deportivos de la historia. Magic Johnson y Diego Maradona. Escribe Sebastián Chittadini.

«El mundo perdió a uno de los mejores futbolistas que jamás haya vivido: Diego Maradona. Fue una de las emociones más grandes de mi vida cuando lo conocí. Descansa en paz, amigo. Mis plegarias están con su familia», escribió en Twitter la leyenda de la NBA Earvin “Magic” Johnson en aquel infame 25 de noviembre de 2020. Acompañaban la publicación dos fotos en las que se los ve abrazados, sonriendo felices.

A muchos les sorprendió que Magic haya despedido a Diego en las redes sociales como un amigo, pero cabe recordar que el 10 era especialmente fanático del básquetbol. Soñaba con conocer a Michael Jordan (entrenaba con una camiseta suya mientras se preparaba para USA ’94), choluleó cuando en una nota Shaquille O’ Neal lo nombró, admiraba profundamente a Manu Ginóbili, a Luis Scola, a LeBron James y a Stephen Curry. Alguna vez dijo que en la NBA era hincha de los San Antonio Spurs, pero de antes de que llegara Manu, “desde la época de las Torres Gemelas de David Robinson y Tim Duncan”. Kobe Bryant se refirió a él como su ídolo, porque vivió en Italia durante su infancia y vio de cerca su reinado. También en Italia, Diego iba seguido a ver los partidos del Caserta para maravillarse con el fabuloso tirador brasileño Óscar Schmidt.

La historia en común con Magic Johnson se remonta a enero de 1994, cuando el emblema de los Lakers -retirado desde los inolvidables Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992- llegaba a Argentina en el marco de una gira de exhibiciones que tendría escalas en Córdoba, Rosario, Buenos Aires y Bahía Blanca. Para aquella época, que una estrella de ese calibre apareciera por el Sur de América era como si un extraterrestre viniera desde su planeta a traer algo que nunca se había visto en el nuestro.

Con canchas repletas, la expectativa por ver a Johnson en acción era la máxima en cada una de las presentaciones. Fue en la segunda, en el estadio cubierto de Newell’s, cuando se produjo la cumbre de estrellas con la aparición sorpresa de Diego Armando Maradona -todavía jugador del equipo “leproso”- minutos antes de empezar el partido entre el equipo de Magic Johnson y un combinado de Olimpia de Venado Tuerto y Sport Club de Cañada de Gómez. Diego estaba a 8 días de jugar su último partido con la camiseta de Newell’s (un amistoso que terminó 0-0 contra Vasco da Gama por la Copa Diario La Capital, del que se retiró lesionado a los 72 minutos) y a 17 días de finalizar su vínculo con el equipo rosarino.

“Siempre es hoy”

Esa noche del 12 de enero de 1994, el 10 y el 32 inmortalizan ante una multitud de fotógrafos ESE abrazo que nunca es pasado. Como si no existiera nada ni nadie alrededor, los dos sonríen. Sudando la fina seda de una camisa estampada y con sus rulos negros con el corte de la época, Diego lleva los años ’90 sobre sus hombros. Todavía le queda un Mundial por delante, todavía no le cortaron las piernas, todavía es. Como un niño que conoce a su ídolo, el ídolo máximo de los argentinos y de muchas otras personas en el mundo tiene esa cara de felicidad que siempre nos hace felices.

Cuarenta centímetros más arriba, Magic sonríe relajada y magnéticamente. No en vano, un comentarista estadounidense dijo hace muchos años que ese hombre tenía una sonrisa que era capaz de iluminar una pantalla de televisión. Parece cumplirse aquella máxima que acuñó alguna vez el relator español Andrés Montes al preguntarse por qué todos los “jugones” (jugadores abonados a las genialidades) sonreían igual.

Los genios se abrazan. Diego le dice algo al oído, aunque no habla inglés, Magic tampoco habla castellano, pero nada de eso importa. La gente los rodea, mientras los flashes incesantes transforman el momento en icónico y Adrián Paenza les hace de traductor. Magic le dice algo a Diego con su mejor sonrisa de un millón de dólares, antes de darle un beso. El 10 le regala las camisetas de la selección argentina y de Newell’s mientras le apoya el índice en el medio del pecho como diciéndole «sos vos el crack».

El 32 agradece con la mirada y el partido puede esperar, tiene que esperar porque los dos artistas están en la suya y, como si fueran amigos de toda la vida, vuelven a sonreír y a sonreírse. Magic sabe que ese pequeño hombre que tiene enfrente irradia una energía que nunca antes sintió. Al mismo tiempo, ese ser humano al que algunos llaman Dios siente los mismos nervios frente a ese hombre que lo abraza y lo hace desaparecer entre la inmensidad de sus 2.06. Sabe Dios que está al lado y a punto de ver en acción a alguien capaz de hacer magia con una pelota naranja en sus manos.

 “Nos merecemos bellos milagros, y ocurrirán”

Se define a la magia como el conjunto de trucos y habilidades con los que se hacen juegos de manos y cosas sorprendentes, también como uno de los modelos explicativos más antiguos que ha buscado la humanidad para explicarse lo que pasa en su existencia. Está a punto de salir a la cancha en Rosario un hombre al que apodan “Mágico”, un esotérico del básquet que no traduce el designio de los dioses, pero sí juega como ellos. Lo van a ver diez mil personas que creen en su magia, algo a lo que está acostumbrado desde muy chico. Sin embargo, entre el público hay una persona a la que todos los presentes asignan carácter divino y alrededor de la que conformaron un conjunto de creencias de índole religioso.

Directamente, todo ese público hace rato que encumbró al hombre de la camisa estridente y la sonrisa amable al lugar de divinidad. Más allá de que sea el 10 de Newell’s y el partido se vaya a jugar en Rosario, hay creencias y ceremonias que vienen de antes. La gente se vuelve loca por Maradona, como siempre, incluso cuando se queda durante todo el partido sentado detrás del banco de los jugadores.

Tanto en la magia como en la religión, se atribuye a determinados seres cualidades sobrenaturales. Cualquier terrícola que haya visto a Diego Armando Maradona con una pelota en los pies o a Earvin Effay Johnson Jr. con una en las manos puede dar fe de que hay algo sobrenatural en ellos que hermana a la magia y a la religión como en la época de la Antigua Roma, cuando no se incurría en el dilema moderno de separarlas. Más adelante en la historia, se instaló la idea de que Dios no manda a consultar con encantadores o adivinos o que considera a la magia una práctica abominable cercana al demonio, o la de que los magos no creen en Dios porque se pueden valer por sí mismos. También hay quienes creen que tener ídolos es creer que el diablo metió la cola para explicar ciertos fenómenos que no podemos comprender, incluso en el deporte.

Sin embargo, ahí están ellos dos. El más humano de los dioses y el mago que ya no puede hacer sus actos en el escenario mayor son paganos e imperfectos, cayeron al barro y cometieron errores como todo el mundo. Ya pasaron por un doping y por un HIV positivo, ya conocieron las miradas de reojo y los cuchicheos, pero la magia y la religión son más fuertes que todo eso. Se abrazan y el mundo se detiene, porque hasta los creyentes saben que en la vida todos tenemos una cruz que cargar.

El público elige creer en Johnson y en Maradona, y estalla en gritos, aplausos y ovaciones como si se tratara de una enorme misa colectiva que nadie es capaz de explicar, ni desde la óptica fantástica ni desde la cristiana. Al final, es una cuestión de fe en dos hombres que se sonríen y no se entienden, pero se entienden; que no se conocen y no se van a ver nunca más en la vida, pero se hacen amigos.

Por esas cosas de la magia y la religión, diez mil personas estuvieron en una noche de verano bajo un mismo techo con Magic Johnson y Diego Armando Maradona, en una de esas experiencias cercanas a la fantasía. Cada quien elige en qué creer, y esa fue la noche en la que un mago vio de cerca el rostro de un Dios que siempre creyó en la magia.

“Al fin serán bienvenidos todos

al show de la linda fe sonriente”

“Amok Amok”. Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado

Sebastián Chittadini

Twitter: @SebaChittadini

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