Desde sufrir alucinaciones en plena competencia  a tener que escapar de ladrones y zorros en unos médanos en Brasil. El siguiente es el perfil de María Eugenia Challiol, la mejor ultra atleta argentina. Escribe Esteban Bedriñan.

Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle
un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan…
sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían
y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.

(Fragmento de “Esos locos que corren”, Marciano Durán, escritor uruguayo)

Así como miles de personas practican deportes para ganarle al sedentarismo, María Eugenia Challiol comenzó a correr sin saber que esos pasos iniciáticos allá por 2011 serían los primeros de miles que la tendrían como protagonistas de muchísimas competencias de ultra maratón en diversas partes de la Argentina y el mundo. Oriunda de la entrerriana ciudad de Concordia, esta diseñadora gráfica y orgullosa madre de tres hijos ya tiene en su haber múltiples participaciones en carreras nacionales e internacionales que la colocan como una de las referentes de la disciplina en el país.

Ya desde chica, Challiol practicó diversos deportes como natación, canotaje o remo pero fue en el beach vóley donde llegó a jugar federada. Luego del nacimiento de sus hijos, comenzó a caminar para mantenerse en forma y el gen competitivo se le activó queriendo participar en una carrera local de 10 kilómetros. Como sucede con la gran mayoría de las personas que se introducen en el mundo del running, una competencia  fue llamando a la otra y ella siempre estuvo presente en la línea de largada. Claro que al tiempo su espíritu innovador le pidió más y comenzó a entrenar para saltar a una nueva distancia: los 21 km. Tras cuatro meses de entrenamiento asistido con su actual entrenador, Challiol fue parte de la Maratón Binacional que une a su ciudad con la vecina Salto, en el Uruguay, completando la prueba sin sufrir ningún inconveniente.

Challiol fue invitada a correr luego 15 km al sur argentino y al famoso Cruce Columbia  (que cruza los Andes, de Argentina a Chile, en tres etapas con un total de 100 km) donde arribó a la meta después de cuatro meses de entrenamiento previo llegando en óptimas condiciones físicas. Como si se tratara de un cálculo matemático, Challiol comenta que “después de esa carrera realicé el siguiente cálculo: si entrené 4 meses para correr 100 km en tres días, puedo entrenar 7 meses y hacer 100 km en un día. Se lo comenté a mi profe y de febrero a septiembre entrené y luego corrí la de Yabotí (Misiones, de 100 km) donde salí cuarta. Al terminar esa prueba, lo mismo: si entrené 7 meses y corrí 100 km en un día, si entreno un año puedo correr 200 km. Y así fue como empecé a correr en esta disciplina.”

El tipo de actividad que desarrolla se denomina ultra maratón o ultra distancia y engloba a todas las carreras que superen los 42, 195 km de la maratón convencional. Las hay desde 50 hasta de 500 y no suelen tener comparación unas con otras ya que varían no solo las distancias sino las altimetrías o las modalidades. Si bien el kit casi siempre es el mismo como la mochila con las mangueras de agua, botiquín, frazadas, luces y demás, hay algunas que son acompañadas con autos donde viajan los avituallamientos y de quienes reciben toda la ayuda que puedan necesitar durante la prueba. Básicamente, dependiendo de cómo sea el tipo de carrera dependerá de la preparación previa que hagan los atletas para prepararla.

“Las carreras que yo hago empiezan realmente luego haber corrido 150 km. Ahí arrancan verdaderamente. Ahí empieza a tallar la estrategia planificada, la tolerancia al dolor, cómo te alimentaste previamente a llegar a ese kilometraje, si no te salieron ampollas, si hace calor, si hace frio, si tenés pilas para la linterna… Empieza a jugar todo eso y la experiencia de una. Porque ya sabés lo que va a pasar: que en la segunda noche te vas a empezar a dormir, que tenés que tomar la glucosa cada tantas horas… Después de esos 150 km empieza la verdadera carrera para mí”, explica María Eugenia para Lástima a Nadie, Maestro.

La máxima distancia que debió completar  fueron 300 km en Brasil, en 2018, bajo la modalidad non stop: “Son carreras en donde salís y tenés que llegar. Dormís donde podés y cuando querés. Generalmente yo la primera noche no la duermo, la paso de largo. Ya en la segunda me pega el sueño, mal. Busco un lugar por ahí y me tiro a dormir unos quince o veinte minutos, más de eso no podés, el cuerpo se despierta solo. Eso sí, siempre con otro corredor al lado. Te turnas para no dormir de más o por si viene algún animal o lo que sea. Sola no es conveniente. Y normalmente te acostás en algún banco de plaza si pasas por un pueblo o en donde sea que puedas dormir.”

El tema de la alimentación durante la carrera es vital. Generalmente los organizadores disponen de puestos de descansos donde puede haber pastas, hamburguesas, tacos o arroz y algunas otras ofrecen snacks. Aunque según detalla Challiol, muchas veces “venís tan pasada de vueltas que no te entra la comida. Entonces recurrís a lo líquido, como una chocolatada o un caldo.”

La parte psicológica juega un papel fundamental en la disciplina. Hay que tener la cabeza muy despejada para poder correr más de 100 km sin que el cerebro pase facturas. Para Challiol es fundamental la experiencia que fue adquiriendo en las distintas carreras. “El ultra maratonista en una carrera pasa por todos los estados emocionales que tiene una persona. Te sentís eufórica, lloras, te reís, te querés ir, querés abandonar, pensás en ganarle al que va primero, te da tristeza, extrañás, todo. Lo psicológico es fundamental.  Si te dan ganas de abandonar frenás un rato, elongás un poco, tomás agua, glucosa, te juntás con algún otro corredor o lo esperás al que viene atrás para charlar y hablar de otro tema. Y ahí ya cambiás el chip porque son diez o veinte minutos y se pasa”, cuenta la atleta concordiense.

Las carreras de ultra maratón no solo exponen a los y las atletas a situaciones extremas tanto físicas como mentales. También tienen su costado de disfrute. Correr más de 100 km por lugares inhóspitos lleva a que los corredores se encuentren con postales geográficas que ni los más avezados turistas puedan llegar a ver jamás. Si bien se considera una persona enfocada en sus objetivos, en más de una oportunidad Challiol se ha visto embelesada por los diversos paisajes por los que debió atravesar. “La primera vez que me pasó fue en un momento en que paré y me puse a mirar el lugar por donde iba. Sentía que me iban a tragar las montañas que tenía a ambos lados, todo verde y el camino de tierra colorada, me envolvía todo. Sentía que se me venían encima las montañas. En Brasil hubo una parte que parecía una cancha de fútbol 5, en una montaña que parecía alfombrada, brillante. Faltaba la vaca violeta y era una publicidad de Milka”, describe la ultra maratonista.

Claro que tampoco todo es tan agradable y en más de una oportunidad padeció de malos tragos en una carrera. Mientras estaba por acostarse a dormir en una playa en Brasil por la noche, acompañada de otro corredor, fueron perseguidos por tres pescadores de la zona que intentaron asaltarlos. La secuencia incluyó correr entre médanos y esconderse de los asaltantes quienes los siguieron varios metros con motos y linternas. Con la adrenalina a tope, siguieron corriendo a muy bien ritmo otros 10 km a pesar de ya traer acumulados en el cuerpo más de 200. Por si no fuera poco, luego de esa persecución fueron vueltos a correr pero en este caso por unos zorros que habitan en la zona.

Como corolario de las anécdotas poco agradables, en otra ocasión tuvieron que atravesar un bar de pueblo ataviados con la bandera argentina, lo cual no les deparó más que insultos por parte de todos los parroquianos. Las adversidades que depara el ultra maratón son muchísimas. Challiol recuerda dos como las más difíciles o extrañas que tuvo que superar.

“En una carrera, mi compañero se me perdió de noche y había que cruzar un arroyo. Yo escuchaba el ruido del caudal del agua y al llegar veo que es del ancho de una calle. Me até todas las cosas en la mochila, bajé los cierres, até cordones y me despedí de mis familiares con un rezo. Lo crucé gateando, para no caerme y que me arrastre la correntada. Imaginate que si me pasaba, no había nadie que me pudiera ayudar, no me encontraban más. Por suerte era playo. Después me enteré por otros corredores que al pasar pisaron víboras… Menos mal que yo no toqué ninguna con las manos. Cuando termino de pasar ese arroyo me toca atravesar un campo traviesa, un senderito y en un momento aparecen un montón de lucecitas chiquitas. Me asusté mucho. Y cuando miro eran como 200 vacas de frente y sus ojos brillaban con la luz de mi linterna. Me tapaban el camino y no tenía forma de pasar. Así que tuve que agarrar una rama grande, le puse en una punta unas bolsas con queso cortado que tenía, las fui arreando y se fueron abriendo a mi paso. Esas cosas suelen pasar en este tipo de carreras y te vas arreglando como te sale en el momento. Tenés que aprender a superarlas.”

Pero si de adversidades se habla en la disciplina, hay algo que tuvo que aprender a sortear con la experiencia luego de enfrentarse a ese desafío impensado: las alucinaciones. Producto del cansancio propio de las carreras, son miles los atletas que han experimentado estos fenómenos. Challiol los desconocía por completo y en una ocasión en Brasil los vivenció por primera vez.

“Iba por la playa a la segunda noche de carrera y veía toda ondulada la arena y los autos de la organización iban unos km atrás pero la luz generaba en el suelo un efecto de rayones negros, de sombra y de luz. Yo ahí veía sillas, mesas, y saltaba esas sombras imaginando que eran eso. En otra ocasión  iba viendo todo un alambrado de cancha de fútbol al costado de donde corríamos lleno de colectivos tipo motor home estacionados del otro lado. Se lo comenté a mi compañero y él me contestó que estaba loca, pero hay que hablarlas a las alucinaciones para que dejen de aparecer”, cuenta su experiencia con lo frágil de la locura María Eugenia.

“También me pasó cuando iba por la ladera de una montaña y del lado de la roca veía un perro dibujado cuadro por cuadro corriendo a mi lado pero marcha atrás… Y son segundos nomás que sucede, por el propio cansancio, la falta de sueño. Es como ir soñando despierto mientras corres. Me pasó de alucinar cuando iba corriendo por el medio de la nada y atravesaba un bazar o que habían miles de carteles indicadores de baños. Después descubrí que ingiriendo mucha glucosa de noche las alucinaciones disminuyen bastante.  Pero es muy normal en este tipo de actividad”, completa la atleta.

Lo sueños y objetivos de María Eugenia Challiol son cada vez más grandes. Ganadora en Portugal, y en varias pruebas en Brasil y Argentina, posa sus ojos en la meca de todo ultra maratonista: el Spartathlon de Grecia, carrera de 246 km que imita el recorrido de Filípides desde Atenas hasta Esparta. Al mismo se accede mediante un sorteo y debe completarse la distancia en menos de 36 horas. También anhela poder ser parte de la Badwater Ultramarathon en California, Estados Unidos (217 km), considerada la carrera más dura del mundo. Gran parte de la misma se desarrolla por el Valle de la muerte donde hay temperaturas cercanas a los 50º.  La prueba arranca a 85 metros bajo el nivel del mar y va subiendo hasta llegar a los 4000 sobre el nivel del mar.

El correr, tal vez la mayor definición de libertad que experimente un ser humano, Challiol lo define como un hobbie: “Lo disfruto muchísimo ya que tengo el tiempo. Trabajo en casa como diseñadora gráfica, así que por ese lado no tengo problemas. Tengo la edad que me lo permite (45 años), el físico me acompaña, mis hijos son grandes y no me demandan tanto tiempo como antes y por suerte tengo también los medios económicos para costearme los viajes además de contar con el apoyo de algunos sponsors.”

Consultada sobre cuánto tiempo más piensa seguir en actividad, responde con pasión: “Hasta que me den las piernas. Cuando sienta que entrenar es una obligación lo dejaré de hacer. Porque no hay nada más lindo que la parte previa a la carrera que es el entrenamiento. Cuando ya no lo disfrute, creo que ahí lo dejaré.”

Esteban Bedriñan

Twitter: @ebedrinan

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