A principios de abril se cumplieron dos aniversarios que unen a Daniel Passarella con Bolivia. El Boca-Oriente Petrolero de la Libertadores de 1991 y el Bolivia-Argentina en La Paz por las eliminatorias sudamericanas clasificatorias al mundial de Francia 1998. Escribe Federico Abbiati.

Capitán y campeón del Torneo Esperanzas de Toulon en 1975, con la selección sub-23, capitán y campeón del mundo, con la mayor, en 1978, indiscutible y goleador en Fiorentina e Inter. Daniel Alberto Passarella como jugador era un perro de pocos ladridos, de esos que no alborotan pero huelen sangre y astillan cuanto hueso se les pone delante.

Más discreta sería su performance como DT, si bien arrancaría auspiciosamente llevando a River a consagrarse en la temporada 1989/1990. Repetiría en los torneos Apertura de 1991 y 1993. Sin embargo, nunca le encontraría la vuelta a un rival tan invisible como el viento pero exasperantemente más silencioso: la Copa Libertadores.

En su primera participación como DT de la banda, año 1990, llegaría con solidez hasta la llave semifinal, donde caería en tanda de tiros penales 3-4 con Barcelona de Ecuador, en el Isidro Romero Carbo de Guayaquil. Rendimiento satisfactorio para un plantel comandado por alguien que había dejado su lugar dentro del campo apenas un año, un mes y días atrás.

El año 1991 asomaba, entonces por el coqueto barrio de Núñez, con aires de conquista. La nueva edición de la Libertadores encontraba en el Grupo 1 al River del Kaiser Passarella con el Boca del Maestro Tabárez. Los otros dos comensales: el Bolívar de La Paz y el Oriente Petrolero de Santa Cruz de la Sierra. Algo en la suerte de Passarella venía mal barajado; tal vez ya desde su periplo por Ecuador, en septiembre de 1990.

De su excursión por el altiplano, entre el 05 y el 08 de Marzo, River aterrizaría en Buenos Aires con un solo punto, producto del 1-1 con Oriente Petrolero. Tres días antes, había desbarrancado 1-4 en La Paz, ante los celestes de Bolívar. 

Si bien de local le ganaría a sendos representativos bolivianos, el 27 de Febrero, en el debut contra Boca, luego de ir ganando 3-1, había caído 3-4 en La Bombonera, bautizada por ese entonces bajo el nombre de Camilo Cichero. El 20 de Marzo, la vuelta, en el estadio Antonio Vespucio Liberti, sería un 0-2 final en favor del cuadro del xeneize.

Así llegaron las cosas al viernes 5 de abril de 1991. Boca y Oriente Petrolero renunciaban a cualquier atisbo de hilvanar alguna jugada con intención de gol. Empate en cero y clasificación para ambos. Bolívar, Boca Juniors y Oriente Petrolero, en este orden, en carrera. River, último y en el camino.

La Supercopa Sudamericana de Campeones, ese mismo año, lo vería finalista y con la posibilidad de compensar la apesadumbrada participación en la Libertadores. La derrota 0-3 ante Cruzeiro, en Belo Horizonte.

El domingo 2 de junio de 1996, ya como DT de la selección argentina, Passarella enfrentaba a Ecuador en el Atahualpa de Quito por la segunda fecha de eliminatorias rumbo a Francia 1998. De cara a ese choque, el entrenador había teorizado sobre que “en la altura la pelota no doblaba”. Doblandolá o no, Ecuador se alzó con un 2-0 final producto de los goles de Eduardo “Tanque” Hurtado y Alberto Montaño, el “Atleta de Cristo”.

Exactamente 10 meses más tarde, el 2 de Abril de 1997, nuestro combinado nacional se presentaba en el Hernando Siles de La Paz ante su par boliviano. La Argentina caía 1-2, Marco Sandy y el argentino nacionalizado boliviano Fernando Ochoaizpur, ex Estudiantes de La Plata, habían marcado para el local; mientras que Gorosito, sobre el final del PT, igualó transitoriamente desde el punto penal.

En un encuentro signado por la pierna desleal, las expulsiones y las agresiones, Daniel Pasarella encontraría en el chofer de la delegación boliviana al perfecto cómplice para su pueril artimaña: Con un clima por demás caldeado, a los 43’ del ST Julio Ricardo “Jardinero” Cruz salió disparado hacia el banco de suplentes local, en busca de pelota para ejecutar un saque lateral. Se encontró, a cambio, con un puñetazo propinado por José Trujillo.

Batahola generalizada y, en medio de tanto despiole, “el plan perfecto”. Tan “precisamente” calculado, que el propio DT abandonó el campo de juego para “ayudar” al traslado del maltrecho Cruz. Ya en el cambiador visitante, era sólo cuestión de un fino trabajito de bisturí para el autoinfligido de la que sería presentada como la herida provocada por Trujillo. De ahí, al reclamo de los 3 puntos. Claro que la patraña requería cortar en el mismo pómulo sobre el que Cruz había sido impactado.

Desde su debut en la Libertadores de 1991, el Kaiser venía soportando “estoicamente” la atmósfera adversa de La Paz y Guayaquil. Antes de este último duelo, los convocados para afrontar el juego se habían aclimatado durante 20 días sobre los 3.500 metros de La Quiaca y éste era el resultado: derrota con escándalo y un quinto puesto que nos dejaba fuera de los puestos de clasificación directa al mundial de Francia. Un año antes, nadie parecía haber hecho mayor hincapié en su teorema acerca de que en la altura la pelota no doblaba; por el contrario, bien que lo habían tomado para el churrete. Y encima, todavía, había que visitar Bolivia en junio de ese mismo año para disputar la Copa América.

Se nos va Abril, mes aniversario del Boca-Oriente Petrolero y del Argentina-Bolivia en La Paz. Dos manchas en la historia de nuestro fútbol, aunque de distintas dimensiones El suceso en la Bombonera, hoy día, luego de 30 años, resulta hasta parte del folclore futbolero, aunque arreglar un partido para que termine empatado sin goles no deja de ser vergonzoso. El del Hernando Siles sigue siendo recordado como un vil bochorno.

Federico Abbiati

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