Ocurrió en 1987, en Buenos Aires. Debutó un 9 de julio en el certamen y el 12 del mismo mes levantó el trofeo. Escribe Santiago Núñez.

Piensen durante unos segundos todo lo que hay detrás de un torneo como la Copa América. La lista, las especulaciones sobre la lista, el análisis de la lista. Los amistosos. Buenos o malos. El predio. El lugar en el que duermen los jugadores. Su llegada al aeropuerto. El debut, la previa del debut, las incógnitas del debut. El post-partido, el análisis y todo eso. Todo lo que emerge sobre un equipo que va a jugar ese tipo de certamen implica muchos días, que a veces superan el mes calendario.

Ahora imagínense lo contrario. Una selección viaja, debuta y a los tres días gana una final y da la vuelta olímpica. Suena raro, ¿no? Bueno, pasó. La Copa América 1987 jugada en Argentina la ganó Uruguay en 72 horas.

Campeón a la semi

El certamen se disputó entre el 27 de junio y el 12 de julio y fue la 33ra edición del torneo continental. El equipo “Charrúa”, campeón vigente de la Copa América 1983, clasificó a las semifinales de manera directa por ostentar ese título. El resto del formato se completó de la siguiente manera: 9 equipos en 3 grupos de igual cantidad de países. Los primeros de cada uno pasaban a semifinales, cuyo cuadro se completaba con Uruguay, que jugaría contra el peor de los punteros. La Copa se disputó en tres estadios: Monumental de Nuñez (Grupo A, semifinal, tercer puesto y final), Olímpico o Chateau Carreras de Córdoba (Grupo B y semifinal) y el Gigante de Arroyito de Rosario (Grupo C).

Del Grupo A participaron Argentina, Perú y Ecuador. Los primeros dos empataron en el debut 1-1, con goles de Maradona y Reyna, mientras que la selección de Bilardo venció a la “Tricolor” 3 a 0, con dos tantos de Diego y otro de Caniggia. La selección “Blanquirroja” no pudo con Ecuador en el partido final por lo que Argentina ganó el grupo con tres puntos.

Brasil, Chile y Venezuela se disputaron el Grupo B. Los dos primeros vencieron a la “Vinotinto” (la “Verdeamerela» por 5 a 0 y la “Roja” 3 a 1). La sorpresa se dio en el encuentro decisivo. Allí se dio posiblemente una de las victorias más grandes de Chile, que le ganó 4 a 0 al Brasil de Careca, Ricardo Rocha, Vai, un joven Romario y Muller, entre otros, con 2 goles de Ivo Basay y otros 2 de Juan Carlos Letelier. Los de la Cordillera llegarían a la instancia decisiva. Según el resumen que realizó la revista El Gráfico sobre el certamen: “Lo inesperado: La eliminación de Brasil. Estruendosa. Por goleada. Lo auspicioso: Chile finalista. Otro equipo sudamericano capaz de competir en primera línea”.

Por su parte, Colombia lideró el grupo C, luego de vencer a Bolivia (2 a 0) y Paraguay (3 a 0), con 4 unidades. Como Argentina fue el puntero con menor cantidad de puntos, le tocó enfrentarse con el campeón Uruguay, mientras que Chile y Colombia disputaron la otra semifinal. La “Celeste” venció al local 1 a 0 con gol de Alzamendi, mientras que la “Roja” superó 2 a 1 a Colombia en tiempo extra. La final, en el Monumental, fue también para los “Charrúas”, 1 a 0 con gol de Pablo Bengoechea.  La Copa, más allá del resultado final y del propio torneo de Uruguay, tuvo algunos puntos contundentes.

  1. El buen desempeño de Colombia y de Carlos Valderrama, que fue elegido el mejor jugador del torneo. La selección “Cafetera” terminó en el tercer puesto luego de vencer a Argentina. La imagen, en aquel partido, es del blondo enrulado con un pase magnífico a Juan Galeano, que definió de manera contundente para el 2 a 1 final.
  2. La decepción de Argentina y de Diego. En el mismo partido ante Colombia, Maradona la frena en el área y queda solo con Higuita. Busca gambetearlo pero el arquero se zambulle ágilmente a los pies del 10, y atrapa el cuero. Aquella secuencia posiblemente haya sido una metáfora perfecta de un Maradona buscando sin encontrar el éxito en el torneo continental. Diego culminó el certamen con tres tantos (en 4 partidos) y fue la figura de Argentina, pero eso no alcanzó.
  3. El magro torneo de Brasil. La derrota contundente contra Chile fue una de las más grandes de su historia en el torneo continental.
  4. La sorpresa de “la Roja”. De la mano de sus dos delanteros estrella, Juan Carlos Letelier e Ivo Basay (3 y 2 tantos en 4 partidos respectivamente), consiguió su cuarto subcampeonato (ganó por primera vez la Copa en 2015).
  5. Otro de los puntos fundamentales fue expresado por la ya citada edición de El Gráfico: “Lo irrepetible: El sistema de disputa de la competencia, con equipos como Uruguay que jugaron solamente dos partidos”.

Cielo

Los de celeste van a corto paso. Tienen el trofeo en sus manos. Un periodista, que admite que no sabe “qué vuelta habrá hecho”, los acompaña en la vuelta olímpica. “Esa cobertura fue posible porque era de cuatro días”, dice a Lástima a Nadie Rómulo Martínez Chenlo, periodista uruguayo que cubrió aquella Copa América 87 para los diarios La Hora y El Heraldo. Uruguay, al disputar directamente la semifinal, debutó el 9 de julio y ganó la final el 12. Con 180 minutos, en 3 días, ganó el certamen.

El impacto que generó aquel torneo para el fútbol uruguayo, más allá de los pocos encuentros, es brutal. “De ese torneo me acuerdo todo. Me lo recuerda la gente también”, dice a este medio, en una charla telefónica y matinal, Antonio Alzamendi, una de las figuras de aquel equipo e ícono de River en la Argentina.

Las razones que llevaron a la “Celeste” a levantar la Copa en Argentina fueron varias. Dice Alzamendi: “Primero, el orden, con un entrenador con mucha personalidad como (Roberto) Fleitas que nos hizo creer que podíamos. Después, el grupo. Eran muchos jóvenes que nos hicieron caso a las personas de experiencia. Y la tercera clave era la mentalidad de que se podía lograr un triunfo histórico”. Una de las bases de aquel equipo era la combinación entre jugadores del medio local y del exterior: “Teníamos una selección de gurises muy fuertes -reafirma Alzamendi-, con una base importante de Peñarol y Nacional. En ese momento, además, vino Ruben Sosa que estaba en España (Real Zaragoza), el Enzo (Francescoli), y estuvimos el Tano (Nelson) Gutierrez y yo que jugábamos en River”.  Martínez Chenlo apunta algo similar a lo del ex delantero: “Fleitas, que era un técnico muy casero, logró traer una determinada cantidad de futbolistas de muchísima capacidad y juntarlos con jugadores del campeonato uruguayo y la Copa Libertadores (Peñarol iba a ser campeón ese año). Esa mezcla le salió muy bien”.

Uruguay tenía en cancha a una de las mejores selecciones de su historia. Gutiérrez y Trasante en la saga central. Matosas, Perdomo y Bengoechea en el medio. Y arriba, con una delantera talentosa, Francescoli, Ruben Sosa y Alzamendi. “En la final, a Chile le pesó la presencia de Uruguay -indica el ex River-. Teníamos un equipo con mucha personalidad. Dijeron: ‘estos no nos van a pegar’. Lo que más recuerdo de la final son los cuatro tapones de (Fernando) Astengo (ex Colo Colo y Gremio), que se me tiró al piso y casi me mata. Pegaron como nunca. Nos tenían como los malos de la película pero esos no éramos nosotros. Teníamos un equipo con buen juego”. Martínez Chenlo, con rabia cuando recuerda que en aquella final expulsaron a Francescoli de forma absurda, también comenta que la percepción era que ganaban. Alzamendi, por su parte, sostiene, entre risas,  que Bengoechea “garroneó” el gol: “Estaba yo atrás enseguida. No cayó por mi lado pero no importa, salimos campeones igual”.

Mientras caminan, disfrutan. La cancha no está llena, pero los corazones que en los últimos minutos entonaron al unísono un “en la cancha de River vamos a ganar y la vuelta vamos a dar” traen atmósfera montevideana, como si el tránsito fuera del otro lado del río. O como si el cielo celeste hubiera bajado, un ratito, al verde césped del Monumental.

1987 – 1950

Francescoli olfatea el rebote. La pelota, como siempre, lo busca a él. Cuando la abre para Ruben Sosa, se da cuenta que picando en diagonal podía encontrar eso que algunos cientistas sociales llaman Historia. Está en lo correcto, porque se le abre el espacio perfecto. Se tira al piso para puntear el cuero. Una saeta blanca define con el borde interno con Luis Islas como mejor testigo. La red apenas se le mueve al arco del campeón del mundo. Frente a 75. 000 almas. En la cara de Diego. Alzamendi, con la 7 en la espalda, corre porque la alegría no le entra en el cuerpo.

“Ese triunfo resultó épico. Mi percepción de aquel día, hoy 34 años después, la tengo vigente, muy presente. Siento la tensión y la emoción de ese partido porque había una selección maravillosa, con un futbolista maravilloso como era Maradona y enfrente un conjunto de valerosos deportistas”, recuerda Martínez Chenlo. Sin quitarle mérito a la final, el partido más importante para Uruguay no fue el que le permitió dar la vuelta olímpica sino el encuentro en el que venció a Argentina, a Bilardo y a Maradona.

Martínez Chenlo durante la cobertura de la Copa América

El periodista hace memoria y resalta la combinación entre su trabajo y la pasión de estar observando a su selección, no tanto como reportero sino en calidad de hincha: “Tuve que hacer un puñito detrás de mi sobretodo nuevo, con el gol de Alzamendi. Yo entendía que era un periodista cubriendo un partido y que no podía tener una manifestación de emoción extraordinaria por un gol de Uruguay. Recuerdo esa sensación de estar solo y en algún momento pensar si no podía acomodarme en la tribuna popular en la que estaba Uruguay”. También, destaca la actuación del arquero Eduardo Pereira, en ese momento guardameta y capitán de Peñarol: “Tuvo una con Funes, otra con Maradona. Estaba imbatible”.


“Fue un partido muy duro», sostiene Alzamendi, y agrega: “Nosotros tratamos de esperar a Argentina pero también presionarlo. Ambos nos dimos muy fuerte en el partido. Las infracciones mostraban que los dos querían ganar”. Aquel equipo de Bilardo “no era sólo Diego”, sino que “había campeones del mundo como el “Negro” Enrique, Ruggeri, Batista y cracks como Caniggia y Funes. Era una selección temible.”

El ex delantero de River rememora aquel encuentro y traza una conexión indudable con el partido del año anterior, en el que Argentina eliminó a Uruguay en Octavos de Final del Mundial 86: “En México el técnico (Omar Borrás Granda) no me puso y fue una de las cosas que más sufrí porque yo andaba bárbaro. Haber jugado contra Argentina en 1987 y hacer el gol, entonces, no lo tomaba como una revancha, pero sí como una satisfacción personal. Esa de haber logrado lo que con el técnico anterior no pude porque no confió en mí”.

Cuando indaga sobre la importancia de aquella victoria (y del título) es donde Alzamendi presenta una comparación más que interesante:

-No tengo dudas de que después del Maracanazo de 1950, ganarle al campeón del mundo en Argentina, con un estadio repleto, fue lo más importante que sucedió.
-Un “Monumentalazo” sería, entonces
-Sí, yo pienso que sí.

Santiago Núñez

Twitter: @santinunez

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