La llegada de Messi a París confirmó que el futbolista mueve masas por sí solo adonde va. Aglutina personas alrededor de un hotel para saludarlo. Es una estrella de rock con cara de baterista. Frontman y tranquilidad. Explosión por fuera, vida normal puertas adentro. El rosarino es un generador de ilusiones que nacen de sus propias ganas competitivas de ir por más. Escribe Lucas Jiménez.

Messi es igual a diez Rolling Stones juntos. Un futbolista que es un festival entero que une distintos géneros musicales. Te puede gustar por cómo juega o por cómo es. Te puede gustar porque no se rinde o porque cada año lidera más fases del juego. Te puede gustar cuando ríe o cuando llora porque ambas expresiones son naturales. “Habla con la cara”, suele repetir la gente que lo conoce. Es quizás el máximo ídolo global del fútbol y él no se imagina lo que es hasta que sale de su territorio.

Cuando en Argentina todavía era mirado de reojo una persona se tiró de una tribuna en la Copa América Venezuela 2007 para caer cerca de él y pedirle un autógrafo. Perdió una final de mundial con gol de Gotze que le pidió una foto después del partido. Ayer debutó en el PSG y apenas el árbitro hizo sonar el silbatazo final se le acercaron tres rivales a saludarlo y manguearle la camiseta, recién después aparecieron compañeros para saludarlo.

Es un capitán a su estilo. “Más allá de ser el número uno, Messi genera en el entorno una bajada de línea de humildad y constancia. Estábamos acostumbrados a otro tipo de liderazgo. Pero la discreción debe ser valorada en una persona”, afirmó Sebastián Beccacece, el ex ayudante de campo de Sampaoli en la selección, en el libro “Messi, el genio incompleto” de Ariel Senosiain.

Un líder que lidera desde el ejemplo más que desde la palabra. Se baja del avión y entrena. Junto a Mascherano y toda esa hermosa camada generaron algo que no pasaba desde la época de Maradona en la década del 80. La selección como prioridad sea amistoso o partido oficial. Un legado que se certifica cuando los clubes europeos se niegan a ceder los jugadores a las Eliminatorias y los tipos vienen igual exponiéndose a sanciones. En una fecha FIFA contra un rival ignoto donde Messi viajó aún estando lesionado, Martín Demichelis declaró que si el 10 viene, tienen que venir todos, en referencia a jugadores que se bajan y a la fecha siguiente ya están jugando en su club.

La nueva camada de la selección criados en sus equipos sin Ruggeris, Maradonas y Simeones conciben de otra manera al capitán. Así lo valoraron desde un principio. En agosto del 2020 Lisandro Martínez solo había compartido un amistoso contra Venezuela con Messi. Lo conoció pocos días pero en una entrevista con el diario La Nación le preguntaron por el capitán. “Un crack con todas las letras. Tiene una humildad increíble y muchas cosas buenas. Es sencillo. Es cercano, tranquilo, líder. La verdad es que es un fenómeno”, respondió.

Mi messista favorito es Rodrigo De Paul. En una entrevista en Arroban en 2016 dijo que cuando fueron compañeros en Valencia Nicolás Otamendi le había contado cosas de Messi capitán que lo hicieron quererlo aún más. Pero no podía hacerlas públicas si no las contaba el propio protagonista. Cuando lo enfrentó en el Barcelona en un córner escuchó un ‘¿Qué haces, crack? ¿Todo bien?’. ‘Todo bien, Leo, ¿vos?’. Hoy que lo tiene de compañero en selección y lo conoce en la intimidad ya dice «cuando se convierte en tu capitán, irías a la guerra por él si te lo pidiera». Por eso se guardó energía para un último pique cuando el árbitro uruguayo Esteban Ostojich marcó el final en el Maracanazo. Fue corriendo a abrazar a su ídolo y capitán, que también es su amigo y referente.

Los gestos de Messi son puertas adentro. Desde pagarle los sueldos adeudados a los empleados del predio de la AFA en la época de la Comisión Normalizadora hasta mandar un camión con motos, heladeras, televisores para sortear entre la gente que trabaja allí como mozos y jardineros. “Pasó un par de veces, sí. Pero no le gusta que se diga. Permanentemente pregunta en qué se pueda ayudar” afirma el masajista de la selección Marcelo «Daddy» D’Andrea en el libro de Senosiain. Es un tipo normal con piernas de superhéroe. “Poco expresivo, en consecuencia poco carismático para el ajeno, seduce al cercano por su simpleza. Messi es un genio y a la vez un hombre común. Superman está muy cómodo en la versión Clark Kent”, escribe el periodista de TyC Sports.

Es un pibe de Rosario que organiza una fiesta con poca gente después de la presentación del Cirque Du Soleil-Messi 10 en Barcelona. Invita artistas latinoamericanxs como si fuera una peña de su continente en Europa. Antes de entrar les hace dejar sus celulares porque no le interesa que haya fotos ni videos de lo que vaya pasar en ese festejo. Que no es nada alocado, es familiar, íntimo y divertido.

Se abre el micrófono y van pasando los artistas. Ricardo Montaner, Jorge Drexler, Dread Mar I, Residente, al que le piden la canción “Se vale to-to” del segundo disco de Calle 13 pero reconoce que no se acuerda la letra. Entonces pregunta si alguien en la sala la sabe y salta el argentino Jaime James, más conocido como Louta, que la recuerda de memoria de la época de los MP3 que solo podían guardar algunos pocos discos. Entonces arranca a agitar “Se vale to en este sándwich de salchicha. Se vale to aunque pasen con ficha”.

Louta agarra confianza como Messi cuando pone un pase a la espalda del lateral rival y les dice a los músicos que le den base de cumbia y tira “una cinta en tus cabellos, una flor en tu ventana”. Cuando el tema “Una calle me separa” llega a la parte pogueable ya las mesas donde están Messi y Antonella se pararon levantando las manos como si estuvieran en un boliche en Rosario. Al final ya todo es fiesta y descontrol. Luis Suárez se acerca a Louta y solo le dice dos palabras: “Pibe Cantina”. El músico busca complicidad en el organizador de la fiesta. “Leo, leo hay que cantar pibe cantina”. “Más vale”, recibe como respuesta y empieza “por los pasillos de la villa se comenta”.

Messi es más argentino que el primer disco de Yerba Brava. Se fue a los 13 años a vivir a Barcelona y sigue hablando en rosarino. Hoy en su nuevo equipo lo dirige un santafecino como Mauricio Pochettino que ya había jugado en PSG en 2001 y le adelanta lo que es la hinchada. Ayer tras el partido contra el Brest como visitante fue a saludar con sus compañeros al grupo que llenó su sector plagado de banderas de palo. Un ritual que casi no existe en España, en Francia es común, como era en Argentina antes de la prohibición.

Messi es el más humilde de los mejores. Los que ya jugaron con él sueñan con volver a tenerlo de compañero. Di María está cumpliendo un sueño en PSG, en un mercado de pases el ex Real Madrid estuvo muy cerca de pasar al Barcelona solo para volver a tenerlo todos los días. Por eso sonríe como un chico mientras juegan un Coca-Cola en los primeros entrenamientos en París. “Tenga la misma ilusión de cuando era un nene”, declara Messi a sus 34 años en la conferencia de prensa de presentación. Lionel vive en su ilusión, esa que arrastra al resto.

Neymar también soñaba con estar otra vez juntos en un mismo equipo. En el primer partido como local aprovecha el entretiempo para ir a saludarlo al palco y se sienta en el piso de la escalera mientras comenta cosas del partido. Ayer salió uno y entró otro. Ya habrá tiempo para volver a disfrutar de una de las duplas más queribles de la historia del fútbol.

Messi puede poner condiciones de estrella de rock al firmar un contrato pero solo pide que la selección argentina tenga prioridad. Se va de vacaciones y sigue con la ropa de AFA puesta. Sale al balcón en París con el shorcito de Argentina como si siguiera en el Maracaná festejando la Copa América.

Se fue llorando del Barcelona sin recibir grandes demostraciones de cariño. Maradona, el tipo que vio todo antes, ya había adelantado que Messi se iba a ir mal del Barsa como tantos otros ídolos. Cuando lo presentaron en Napoli declaró que los dirigentes del Barcelona «son como la peste, hay que vacunarse contra ellos”. Como Nápoles con Diego, París abrazó a Lionel y le devolvió la sonrisa. Esa que le valora Pipo Gorosito cuando se va sonriendo con la pelota en las manos después de hacer tres goles en un partido porque le recuerda a él yéndose contento del campito después de romperla toda.

Usa la camiseta 30 porque vale por 3 números 10. Es un agitador silencioso. Es el querible Charlie Watts que nos dejó la semana pasada dándole ritmo desde el fondo del escenario a la banda que detona estadios. Está cómodo y feliz con su vida rutinaria pero  cuando empieza a rodar la pelota se transforma en Mick Jagger. Gira y baila. Sos el mejor rocanrol cuando pierdo hasta mis sueños. A Bigger Bang. Los acordes lo encienden y llena de fuego el pasto.

A la edad de la bajada sigue en camino de subida. Juega media hora en PSG solo para comprobar que es un fútbol más violento que el español. Le alcanza para tocar algunas pelotas y buscar al goleador de la tarde Kylian Mbappé en modo “no te vayas, dale vení”. Es nuestro. Hecho en Argentina, como La Nueva Luna. Es Cumbia de salón y rock de grandes estadios. Gana, pierde, sueña, choca, sigue, llora, ríe.

Hace sonar en nuestros oídos la música más maravillosa. Los Rolling Stones desde el sur de Francia comenzaron a grabar quizás su mejor disco Exile on main Street en 1971. Cinco décadas después en Brest, en el norte francés Lionel Messi empezó su camino en PSG. Como los Stones encontró su exilio en la calle principal en Francia. En 2022 el resurgir de la banda británica cumple 50 años. Quizás el mejor Messi es el que está por venir y está empezando a componer los temas del disco que presentará en vivo en el mundial de Qatar.

Lucas Jiménez

Twitter: @lucasjimenez88

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