Jugadores que fueron al arco y terminaron como héroes. Tapando un penal, agigantándose en una situación muy difícil. No son muchos, no pasa seguido y todos son increíbles. Escribe Federico Cavalli.

Si para un arquero es difícil atajar un penal, para un jugador de campo con el buzo puesto, debe serlo mucho más. Sabe que tiene las de perder, por más que sea el indicado por el técnico, por más que la rompa en las prácticas. Sabe que es sapo de otro pozo, que el rival también sabe lo que tiene que hacer y que se va a querer aprovechar de esa situación.

Por lo general, cuando un jugador de campo va al arco frente a un penal, es porque el arquero se va expulsado y no hay más cambios. El portero le pasa el buzo todo transpirado. Los guantes, calientes y húmedos, son como meter las manos en dos infiernos. El rival toma la pelota agrandado, sabiendo que tiene muchas chances de gritar. El arquero-jugador se para sobre la línea e intenta parecer lo que no es.

Los jugadores de campo, cuando aceptan el arco, saben que sus movimientos no van a ser idénticos a los del arquero. Parecerán más robóticos, tratarán más de distraer que de adivinar, intentarán aparentar algo que no son. Si la pelota va a la red, no pasa nada, nadie les dirá algo. En cambio, si la redonda toca sus manos, son heroes. Siempre habrá que reconocerles la valentía.

Hace una semana se cumplió un nuevo aniversario del penal atajado por Agustín Pelletieri en un Racing-San Martín de San Juan. De Olivera cometió un penal faltando poco. No había más cambios y Pelle tomó la responsabilidad. Racing ganaba 3 a 1. En la tribuna hubo mal clima, el fantasma del Racing que perdía en los finales (o se lo empataban después de dominar) volvió. Algunos dieron por descontado el gol rival y pensaban los minutos que quedaban.

Pero el cinco de Racing se tiró de forma fenomenal, olvidándose de su posición en la cancha y lanzándose a la pelota tras un tiro suave de zurda de Capriari. Algunos sitúan el punto de partida del Racing positivo ahí, donde lo inevitable quedo en las manos de un tipo disfrazado de arquero.

No es la única historia asociada a Racing con un arquero-jugador. En el año 1971, el Chango Cardenas, en su segunda etapa,  le tapó un penal a Gramajo, de Rosario Central.  El arquero de Racing era Gribaudo, quién atajo dos veces el penal, pero el arbitró consideró que se adelantó ambas veces y lo expulsó. El Chango tomó la posta, Central cambió el pateador pero todo siguió igual: penal atajado y 2 a 1 para Racing, que sería definitorio.

Otros casos tienen como actor principal a jugadores con pasado en Racing: el Polaco Bastía le tapó un penal a Riaño atajando para Rafaela contra Unión, en el torneo argentino del 2015. Una gran volada del número cinco que no tuvo tanta relevancia porque ahí nomás llegó el pitazo final que le dio el triunfo a Unión.

Rodrigo Schlegel fue otro jugador que pasó por Racing y atajo un penal como arquero. El juvenil se fue a préstamo al Orlando City a fines del 2019. Tras una buena ronda inicial, llegaron los playoff y su equipo se enfrentó al New York City. Tras el 1 a 1 en los 120, fueron a penales. Ahí, ocurrió lo inesperado.

El arquero peruano Pedro Gallese fue expulsado cuando atajó el penal definitivo por adelantarse. Mientras todos festejaban, el árbitro levantó la mano y lo anuló. No permitió el ingreso del arquero suplente y tuvo que ir Rodri Schlegel. Le metieron dos. Pero atajó el tercero (a Thorarinsson) para que su compañero Michel cerrara el partido y la clasificación.

A pesar de que en inferiores atajó un puñado de partido por falta de arqueros y con su familia suele ir al arco, Schlegel contó en conferencia de prensa que vio que sus compañeros nunca lo habían hecho y se tuvo confianza. Quizás, solo eso se necesita.

Aparte de los penales atajados por Pelletieri, Bastia y Cárdenas, el fútbol argentino tiene cuatro casos más. En 1949, Julio Nun, defensor de River, atajó uno tras la expulsión de Amadeo Carrizo (en épocas donde no había cambios). En 1969, Iselín Ovejero ocupó el arco de Vélez por 35 minutos contra Gimnasia, le atajó un penal a Onnis y mantuvo su arco en cero.

Los dos últimos: en 1984 Oscar López Turitich fue al arco de Platense por la expulsión de Gabriel Puentedura frente a Boca. Al tener los cambios agotados, el defensor agarró los guantes mientras el xeneize ganaba por dos a cero. El calamar empató y sobre el final Turitich le atajó un penal a Morena. Y en 1992, David Nazareno Biscontí ocupó el arco que dejó Tito Bonano por expulsión y le atajó un penal a Darío Scotto.

El pateador, triste, con la cabeza a gacha, camina desconsolado por la cancha. El arquero se agranda y ensancha el pecho. Quizás con la pelota en las manos, quizás abrazado por sus compañeros, incrédulo y gigante, trata de acomodarse de semejante acontecimiento. La gente canta enardecida, los que erraron no lo pueden creer.  Tal increíble como el fútbol. 

Federico Cavalli

Twitter: @willycavalli

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