La cancha del Deportivo Morón está vacía. Un hombre flaco y de bigotes deambula por el césped con el celular en la mano. Es feliz y, al mismo tiempo, está triste. Se trata del DT del equipo visitante. Hace un rato su equipo ganó en la última jugada y logró el ascenso a la Primera B Nacional. Cuando las cámaras buscaron su testimonio, él sólo pudo llorar. Viene de sufrir una tragedia personal. La mascota de Morón, una persona disfrazada de gallo, lo va a buscar y lo acompaña hasta el alambrado. Un puñado de los hinchas derrotados lo espera para demostrarle un cariño sincero. El gallo lo abraza. Así de atípico es Pablo Vicó; así de atípico es Brown de Adrogué (su club); y así de atípico es el documental de Juan Lucas Da Rocha.
Lejos de la épica del “aguante” que domina muchos relatos del ascenso, Todos quieren venir a Brown elige hablar de afectos. El disparador es la relación personal de Juan Lucas con el club. Brown fue su refugio cuando, tras la separación de sus padres, tuvo que mudarse y hacer nuevos amigos. No es casual entonces que la película evoque esa lógica del retorno afectivo. “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”, escribió Tejada Gomez y cantó Mercedes Sosa.

Entre las personas que se vinculan con el club desde un fuerte sentimiento afectivo, se destaca Pablo Vicó. Ex goleador y DT, es prácticamente un sinónimo de Brown de Adrogué. Le dicen Don Ramón por la flacura y los mostachos. Y según cuenta en cámara, incluso hay alguien en la institución encargado del merchandising que se generó alrededor de su imagen. Vicó dirigió al equipo durante 15 años ininterrumpidos, vivió todo ese tiempo en el estadio y encabezó una etapa deportiva con logros impensados: dos ascensos a la B Nacional, una histórica victoria sobre Independiente en Avellaneda y dos semifinales por el ascenso a Primera División.
Aunque una de las líneas del relato sigue la cronología de esos quince años, lo más interesante llega por otro lado. La película está llena de detalles; momentos cotidianos que, a la vez, son representativos de un universo único: el del trabajo en el ascenso. Como cuando Vicó limpia con un secador el agua de lluvia mientras conversa con el amable jefe de la barra. O cuando gestiona el mercado de pases desde el asiento de acompañante de un auto. O los tips de la voz del estadio. O la meticulosa rutina de Pucará, el histórico utilero, encargado incluso de recibir y organizar a los móviles cuando el partido era televisado. En esa misma lógica, cuatro referentes del plantel hablan de las condiciones laborales del ascenso. Todos quieren venir a Brown porque “no paga fortuna, pero paga todos los meses”, sentencia Lemos.

En mayo de 2018, Brown pierde la semifinal por el ascenso ante Sarmiento de Junín. Detrás de la puerta del vestuario, Vicó llora agradecido con sus jugadores. Cuando llega la pandemia, vuelve a quedar expuesta la fragilidad del fútbol de ascenso. Don Ramón, desde su casa en el estadio, sigue adelante y encara otro mercado de pases. En 2022 alcanza los 500 partidos consecutivos. El paso del tiempo, sin embargo, también deja sus marcas. En 2024, tras una mala racha, Vicó deja el club. La película se despide con un hincha con barbijo que, después de varios controles, entra feliz a ver a Brown. “Que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo”.
En el 2025, cuando la película se estrenó se agotaron las entradas. El cine Gaumont se transformó en una sede céntrica del estadio Lorenzo Arandilla. Las butacas se llenaron de hinchas y el final del film fue acompañado con cantos de tribuna y banderas tricolor ondeando en la sala. En su butaca, el hombre flaco de bigotes, envuelto en un abrazo colectivo, no pudo contener las lágrimas. “Demorate aquí” resuena la voz cálida de Mercedes Sosa.
Juan Boldini
Twitter: @juanboldini
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