Ya pasó año nuevo. Los Reyes Magos llegaron, los camellos comieron pasto y tomaron agua, dejaron algún que otro bártulo para el niño afortunado y siguieron rumbo a la estrella de Belén. Pero el año, como si le faltara una bujía Hescher, no arranca. Falta algo. Desde hace años que falta algo.

Los torneos de verano sostuvieron la abstinencia futbolera de generaciones. Maradona no había debutado en primera y ya existían los partidos a pocas cuadras de la playa. Arena, rabas, refuerzos que ilusionan y juveniles fugaces. Después se fueron sumando Córdoba, Mendoza, Salta. Pentagonal, Copa Desafío, Copa Revancha.

Hay grandes imágenes del fútbol argentino que no existirían sin los Torneos de Verano. Fútbol despreocupado que se cargó más de un técnico. La chilena de Francescoli y Ariel Carreño abrazado al lineman. Las trompadas de Andújar y las patadas a Ricky Centurión cuando todavía jugaba en Racing. Camisetas que se usaban una única vez, goleadas imposibles, debutantes mal rapados, pretemporadas en Punta Mogotes. Quizás sea cierto y todo tiempo pasado fue mejor. Quizás solo estamos viejos y nostalgiosos.

Hoy que el Minella tiene una platea suspendida porque el viento marítimo le comió los tobillos, que el Balneario 12 no recibe a Pagani insultando a un joven periodista, que los mercados de pases son bombas de humo de redes sociales y que en el horizonte asoma, con rayos y truenos, la tormenta privatizadora, sentimos que nos han arrebatado algo. Pensamos que eso que nos robaron es el fútbol, pero en verdad se parece más a la inocencia. Todo siempre puede resumirse con una canción de Pappo: “yo soy un hombre bueno, lo que pasa es que me estoy poniendo viejo”.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite acá:

Deja un comentario