El último jugador de River en tocar la pelota intentó ganar un córner, no lo consiguió y la incapacidad para lograr su objetivo no sorprendió a nadie. El primer central de River le dio un pase al segundo en el minuto 86 para salir rápido, sólo que éste último no se enteró y la dejó pasar tranquila al lateral, todo perdiendo uno a cero. Tres jugadores de River decidieron salir jugando, mal, a la salida de un córner, perdieron el balón y dejaron solo a uno de los mejores enganches del fútbol argentino, que encima salió de River. El cinco de River se lesionó, pidió el cambio para que entre otro cinco, que también se lesionó y dejó al equipo con diez. El cuatro de River, su mejor delantero, le erró al arco cuando lo tuvo de frente. El técnico de River, embroncado, aplaudió irónicamente a un árbitro al que ninguno de sus jugadores le protestó seriamente dentro de la cancha en todo el partido.
Me gustaría poder decir que somos un espejismo del River de Gallardo. Mentiría: somos el espejismo de un equipo de fútbol. Éramos el eterno resplandor de una mente con recuerdos cuando llegábamos empatados con Palmeiras al último de cuatro tiempos en un mano a mano, cuando le sacábamos por veinte minutos la pelota al Inter de Milán, cuando una tarde superclásica nos salía bien, cuando soñábamos con levantar la Libertadores en el Monumental. Una parte de mi se quiere resignar y otra quiso escribir. Aún no sé qué opción es la correcta.

No hay nada peor, la normalidad no te incluye: River no era favorito para ir a La Paternal. Los hinchas no pueden tener perspectiva, pero lo más grave es la certeza de que son los jugadores los que no creen, quizás porque no tienen con qué creer. Los fanáticos quisiéramos un relato. Merlos es un mal árbitro. Este año no es el anterior. Los tres primeros partidos la cosa cambió.
No hay eliminación más triste que el sinsabor permanente del no. Daría títulos enteros por equivocarme. Lo deseo mientras busco qué pensar y espero a las palabras. Por ahora prefiero robárselas a mi banda de rock preferida:
Tus promesas, son engaños. Un espejismo en un salitral. No lo digas. Está claro.
Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez
Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo:
