“El Cazador”, un melancólico ex delantero del Ferrocarril San Martín, recibe la noticia del asesinato de un joven fanático del club. Shockeado, lo primero que se le viene a la mente es que a ese hincha le debía su apodo. Novela por entregas, cada semana un capítulo nuevo. Escribe Lucas Bauzá. 

“Che, parece que se presentó un gordo para competirle al Bebi por el fútbol. Se llama Lozano, ¿alguno lo juna? Yo ni idea quién es, me contó mi hermano.”

Valentín Rodríguez, entrenamiento (2006)

  El último día de octubre, veinte horas antes del cierre de las listas, llegamos con la banda al vip de “Doha”, donde nos había citado Lozano para festejar su triunfo y seguir rosqueando los cargos del Ferrocarril. Nos hicieron pasar a un box parecido a los de Scarface, donde nos encontramos con cuatro baldes de escabio y hielo: porrones de birra, latas de Red Bull, un vodka frutado Absolut y un Jägermeister grande. Nos miramos con la picardía de un par de chicos adentro de una juguetería sin dueño a la vista, mientras empezaba a sonar “I gotta feeling” de los Black Eyed Peas. Macarena Elishev, representante del vóley del club, con un pantalón de cuero negro gatubelesco, lanzó un gritito con el puño en alto y empezó a bailar como si estuviera con las amigas en su despedida de soltera y no rodeada de buitres. El Santo hizo un fulminante paneo para cotejar si atrapaba alguna mirada en orsai, por debajo de la cintura, pero no la encontró.      

-Che, dice el Chelo que arranquemos a escabiar, que se atrasó un poco –levantó la barrera el Equi, y la futura honorable dirigencia del Ferrocarril San Martín no preguntó dos veces: a los diez minutos, los Black Eyed Peas éramos nosotros.

-¡¡Shut up, just shut up, shut up!! –seguía cantando Maca, a mi derecha, y cada tanto le encajaba un picotazo al ortudo del Santo, su amigo con derechos.

-¿Qué mirás, Rain Man?

-Nada, boludo –le mentí al Santo–. Hermosa joda.

-Hermosa. Nos merecíamos una noche así después de tanto quilombo.

-Qué te parece…   

-Quién te ha visto y quién te ve, Cazador –nos interrumpió con artificialidad el Equi, único compañero de gaseosa–. ¿Vos tampoco tomás?

-No puedo todavía, Equi. Me queda un mes, más o menos.

-Ah, perfecto. ¿Sigue bien eso?

-Se. ¿Y vos?

-Yo no tomo. Me gusta el estado natural, vivir y transitar lo que vaya produciendo mi cuerpo y mi mente. Ya demasiado que me fumo algún puchito que otro.

-Ah, está bien –le contesté por cortesía, en soledad, porque el Santo se había fugado. Paseé los ojos por la mesa, luego por el resto del pub, explotado de mujeres a pesar de que era jueves y ni siquiera habíamos llegado a las once de la noche, y volví a mirar la mesa. La tanda Black Eyed Peas seguía: con el arranque explosivo de “Pump It” como testigo y coautor de mi decisión, me armé un vaso hasta la tanga de Absolut con energizante, aprovechando que el Santo estaba en otra, y le pregunté cualquier cosa al Gordo Leandro para escaparme del Equi. Al segundo trago, mientras hablaba con el Mosca de lo que podríamos hacer en el fútbol infantil, lo regué con unas gotitas de Jäger. El tercero, parado en soledad en la entrada del vip, fue solo Jäger. El cuarto fue de cerveza, que me convidó una rubiecita llamada Ludmila, mientras bailábamos una de Wisin y Yandel en la oscuridad de la pista central.

-¡¿Todo bien, Cazador?!

-¡¡Sí, la concha de tu madre!! ¡¿Qué pasa?!        

-¡Nada, boludo! ¡¡Me mandó a preguntar el Santo si estaba todo bien!!

-¡Sí, decile que joya a ese pelotudo!

-¡Dale, dale! ¡Dijo el Chelo que llega más tarde, que hay canilla libre de birra pero que dejemos una buena moneda para la moza!

-¡¿Qué?! ¡¿Ya vino?!

-¡¡No, boludo!! ¡Yo te aviso!

-¡Dale, dale!

  El quinto trago fue un shot de lava que se llevó mis últimos pesos. El sexto, medio litro de la saliva mentolada de Ludmila.

-Ahí vino el Chelo, che.

-¡Voy! ¡¿Qué hora es?!

-¡La una!

-¡Joya, ahí voy!

  Los otros no estaban mejor que yo. Saludé a Lozano y al Viejo Bustos, manoteé una botella de agua sin dueño y prendí un cigarro.

-¡¿El Mosca?!

-¡Se fue con la otra minita, boludo! –le respondí a Fabricio.

-¡¿Vamos afuera, Chelo?! ¡Acá no se escucha nada!

-No, ¿a dónde quieren ir? Cerremos esto que estoy apurado.

  Escuché la mitad de las cosas.

-Entonces si están de acuerdo –dijo Lozano a los minutos–, va Ezequiel como cabeza de lista. Ezequiel, Aníbal de vice, mi yerno de Secretario, Juan, vos estás de Prosecretario, querida, vos y un muchacho que maneja los números conmigo irían a tesorería. Repasemos lo de ustedes. Anotá en una servilleta, Oscar… Poné “Subco Fútbol”.

-Sí –batateó Fabricio–. Yo presi, Mosca vice, el Gordo Leandro secretario, Brizuela Nicolás, Ruiz y el Cazador de vocales titulares. Los tres vocales suplentes son de la familia del Gordo.

-¿Anotaste, Oscar?

  El Viejo levantó una mano para indicarle que esperara.   

-¡Lo único que nos hace ruido es lo de Docabo como vice, no veníamos hablando de esto, Chelo! –se animó a objetar Juan.

-Juan. Aníbal nunca dejó de ser gente mía y demasiado que cedió acá con el quía –respondió Lozano, supuse que por el Equi–. Vamos a la verdad, muchachos, tienen el fútbol para ustedes, estás vos mismo en el cuarto lugar y encima tienen al uno. Mírenlo como un reconocimiento, más no puedo, si en la sede… –siguió hablando, pero dejé de prestarle atención porque detecté a una vieja conocida en la barra–.

-Che, tengo un hueso –le confesé al Santo, que tenía la cabeza inclinada hacia Lozano para intentar escuchar lo que este seguía diciendo. 

  Volví a enfocar a Lozano.

-Y yo a Aníbal no lo puedo correr del club, está hace quince años –exageró, pero no estaba en condiciones de darme cuenta de que lo había hecho, porque el Jäger me había alterado las coordenadas del tiempo y del espacio.

-¿Pero haciendo qué, Chelo? –preguntó el Equi, mientras yo seguía con la mirada a Milagros, la hincha de Racing que vivía en Lamarque.  

-Y bueno, la manija la pasás a tener vos, Cóceres. Muchachos, a ver… Yo sé que son buenos pibes, que está todo bien, que conocen el club como nadie, pero Aníbal se me va a poner en caca si no va de vice. Demasiado que no lo dejo ir de número uno. Demasiado. Y miren que hay que tener espalda para bancárselo, eh, y aguantarle los caprichos, y ahí Juan, vos no corrés. Porque este te pone el caño arriba de la mesa, tiene todas las mañas de los malandras. Pero con Cóceres arriba, lo rodeamos con mi gente de abajo, en el fútbol no se va a meter y si nos sale con un martes trece me va a tener a mí sentado en el tercer piso de la municipalidad. Ojo al parche que ya no va a joder conmigo.

-Te estás yendo por las ramas, gordo fiolo –le tiré, y lo único que provoqué en él fue una sonrisa porque ni siquiera creo que alcanzó a escucharme. En ese mismo momento también estaba hablando Juan, y todos lo miraban a él. Lozano lo calmó con las palmas abiertas.  

-Ya ni en Vélez puede hacer quilombo con la visibilidad que tiene ahora. Quédense tranquilos.

  Sentí que me tocaban el hombro. Milagros.

-¡Ey, Lento!

-¡Ah, Mili! ¡¿Cómo andás?! Bancame un segundo –le pedí, y volví a prestarle atención a Lozano, ya de pie. 

-Chequeen bien los dni, los nombres completos de todos, los tuyos y los míos, los carnés… Todo, eh. No duerman ahí porque el Bebi tiene una toronja de medio metro para esos puteríos y te la pone sin dudar.

-¡¿A dónde vas, la concha de tu madre?! –escuché al Santo. 

-¡No me rompás las bolas, guacho, yo no tengo nada que ver!

  Me levanté en una cama desconocida. Ya era de día y estaba solo. Con resaca y sin saber dónde estaba, ni dónde estaría en las próximas horas, en los próximos días, en los próximos años, no podía no decirlo.

-Qué vida de mierda.

  Leí la nota de Milagros, que se había ido a trabajar, junté los pedazos de chota que habían quedado desperdigados por el lugar, me lavé los dientes con un dedo, dejé la llave donde me había indicado y arranqué a patear. Eran veinticinco cuadras hasta casa, sin tabaco, sin aductores y sin cerebro, pero con un lindo solcito veraniego de compañía.

  Al llegar a casa, Totó me avisó que los pibes me esperaban en el bar del Santo. Me pegué una ducha, le manoteé cincuenta pesos al viejo para comprar un Chesterfield de 10 y salí. Era la una del mediodía; faltaban cinco horas para el cierre de las listas.  

-Apareció el cogido.  

  Saludé y me ubiqué con el perfil bajo de un perro que cagó en el medio del living. Estaban Juan, Fabricio y el Santo.

-Vení, boludo, que estamos con poco tiempo –me avisó Juan.

-¿Qué onda, che? –listo para defenderme, aunque sus caras no demostraran hostilidad.

-Somos unos giles. Pero a las cuatro nos espera el Chelo en el café que está enfrente de la municipalidad.

-El Plaza –precisé, al pedo.

-Yo tengo un laburo y no voy a poder ir –siguió mi primo–. Vas a tener que ir vos con Fabricio y Lea, si llega de un viaje. El Mosca también, sale a las tres.

-Y Brizuelita también está, va directo –agregó Fabricio.

-¿Y qué tenemos que hacer?

-Fabricio ya sabe. Ayer el Chelo nos recontra cagó, nos agarró a todos en pedo y tiró que Docabo va de vice en la lista. ¿Te acordás de eso?

-Sí, boludo.

-Nos re cagó, pero también nosotros somos unos verdes…

-Pero nos dijo que era para festejar su elección y seguir hablando, no para cerrar ahí mismo los nombres. ¿Qué íbamos a saber? –defendió el Santo al grupo, pero igualmente no dejábamos de ser unos pelotudos importantes.

-Eso ahora ya está. Lo que importa es que le escribí, y nos citó recién a las cuatro para aclarar todo, porque antes no puede. Pero con Docabo en la lista, no vamos. Si él se mantiene en esa, nos bajamos, nos bajamos y que se vayan todos a cagar.

-Y está lo del garca del Equi, también –dijo el Santo con enojo.

-Eso es otro tema. Primero resolvamos esto.

-¿Y lo del Equi qué sería? –me animé a preguntar.

-Y, que lo pusieron de presidente. Era Juan lo que se venía hablando, no él.

-Ah…

-Ese es más garca, es más rápido…

-Pará, Fabri, calmate un cacho.

-¿Por eso no vino?

-Por eso –confirmó Juan–. Está todo bien con el chabón, pero el gordo Lozano vino, tiró la lista, lo puso arriba de todo y él no dijo nada.

-Sí, dijo que habíamos hablado otra cosa, lo de Juan.

-Lo dijo pero por compromiso –opinó Fabricio–. Al chabón le re cabe ir de presidente, ¿no le viste la cara?

-¿Pero a vos te molesta, Juan? –le pregunté.

-No. Me molesta lo de Docabo, eso sí no lo podemos pasar. A mí me hubiera gustado ir primero, pero bueno, qué sé yo… El Equi no estuvo mal, y no estaría mal tampoco. ¿Este estaba cuando dijo lo del Chiqui Tapia? –le preguntó a los demás. 

-¿Qué?

-Lo de la mesa de la divisional –agregó.

-No me acuerdo –respondí.

-El Chelo dijo que es bravo, y sabemos que es bravo. Está peluda la categoría, cambió, hoy te cagan vivo si no tenés un mínimo peso, una banca. Y yo no lo tengo, Valentín, no me conoce nadie. Si lo pensamos bien tiene que ser el Equi, que está más acostumbrado a moverse entre los aviones.

-No, eso sí –aceptó Fabricio–. Pero a lo que voy es que tendría que

-Si me preguntan a mí, digo lo mismo que Fabricio –se sumó el Santo–. Mucho poder de golpe le estamos dando.

-Ya nos pasó con Cuco, no nos puede pasar otra vez.

-Sí –cerró la idea el Santo–, ya nos recibimos de boludos, pero esto sería un doctorado en giles.  

-Pero el fútbol lo tenemos nosotros –dije, para no tirar todo al carajo–. Eso no se toca ni se cambia.

-No, eso no.

-Y bueno, Lozano pone la estructura grande. Tampoco nos va a regalar la presidencia para que elijamos nosotros, no es boludo.

-Pero se la regala a este.

-Pone un mixto. Un poquito está con nosotros y otro poquito con él, ¿no? 

-Y…

  Los demás se quedaron callados. Creía que después de casi un año había terminado de conocer al Equi, y algo parecido me pasaba con Lozano.  

-Hay que aceptar este pibe está jugando con los dos, qué sé yo, tampoco el Chelo nos va a cagar porque sí otra vez, si es del club como nosotros. Lo demostró, nos guste o no, lo queramos ver o no, y miren que a mí me cuesta verlo… Pero puso el pecho, nos da el fútbol, y bueno, pone primero a uno que es relativamente nuestro, y se quiere pasar de pillo con Docabo. Eso lo hace porque estoy yo. Me corto las bolas.

-¿Cómo?

-Y, a mí el gordo no me fuma. Sabe que estoy ahí. Por ahí puso al mierda de Docabo porque ustedes me pusieron a mí. Es ir ahora y decirle que baje a Docabo y yo me corro.

-¿Vos decís? –me preguntó el Santo.

-Puede ser… Si sabe que Docabo es un sapo intragable –pensó Fabricio en voz alta.  

-Bueno, lo van a tener que ver ahí. Yo me tengo que ir ya, ya estoy llegando tarde –avisó Juan, poniéndose de pie.  

-Pará: ¿entonces qué hacemos?

-Van y lo resuelven, muchachos. El fútbol no lo cedemos ni a palos, lo del Equi que quede así y vean lo de Docabo… Con él no vamos, y no es no, ahí, firmes. Si el problema es Valentín, véanlo en el momento, no nos va a cagar porque no es que van a estar a los gritos en un boliche como ayer, sean pillos.

-Y juguemos con la carta de la renuncia, de que bajamos todo y que se arreglen. Tienen dos horas, ellos están tan apurados como nosotros –alentó el Santo.

-Eso mismo… Hasta pueden amagar con que el Bebi habló con nosotros y que estamos decidiendo.

-Les decimos que va Fantasmín de presidente o vice –tiró Fabricio.

-No, eso no.

-¿Estás loco vos?

-Llega a estar ese que fue ayer y nos corta el cuello ahí nomás, ¿no viste lo que era? –refrescó el Santo.

  Me acordé del tercer hombre y un escalofrío me recorrió la espalda. Lozano y el Viejo Bustos no habían llegado solos a “Doha”: también los acompañaba un gorila de dos metros, piel curtida y mirada asesina, que llevaba puesta una camisa negra de mangas cortas, botas texanas y jeans tajeado. Me quedé impactado, y en silencio, por el barullo mental que me había provocado el Jäger.

-El Gordo Leandro al lado parecía el Enano Buonanotte, qué pedazo de bestia que pegó este Lozano.

-Claro… ¿Cómo le íbamos a decir que no con semejante matón mirándote fijo? Si me pedía el culo se lo daba ahí nomás.

-Sí, señor Chelo, lo que usted mande.

  Juan se puso de pie, mientras el Santo y Fabricio seguían hablando de la nueva adquisición de Lozano.

-Chau, muchachos. Seis menos cuarto ando por la sede, no sean boludos y cuiden los dni.

-Dale, Juan. Vos andá tranquilo.

  Se quedó inmóvil, viendo el teléfono.

-Uh, esperen.

-¿Qué, boludo?

-Me mandó un mensaje el Equi.

-¿Y qué dice?

-¿Lo mando al grupo? –pregunté.

-No, a mí solo. Me dice que quiere reunirse. Que de ninguna manera va a aceptar ir de presidente, que tengo que ir yo, y que lo de Docabo no puede ser, que nos reunamos con el Chelo y le digamos que con Docabo no vamos ni a la esquina.  

-¿Entonces qué onda?

-Vieron, boludo –les demostré, mostrándoles con una mano el teléfono de Juan–. Va el chabón, es medio bobi pero está al mango con nosotros.

-Medio viscoso, diría yo –puntualizó el Santo.

-No, yo lo banco al Equi –saltó Fabricio, que minutos atrás lo había puteado–, solo lo de ayer me pareció un poco raro. Pero ahora ya fue, está a pleno.   

-¿Y qué vas a hacer, Juan?

-Y… Vamos a la reunión. Voy, ahora le digo a esta gente que me surgió un imprevisto y voy con ustedes.

-Joya, boludo.

-¿Al Equi qué le digo?

-Decile que venga para acá y vamos juntos –aconsejé. 

-Entonces vamos todos, menos el Santo.

-Y hay que ver si llega el Gordo Leandro.  

-¿Y Valentín? Che, si querés quedate que ya voy yo –me ofreció Juan, preocupado.

-No, no. Los acompaño. 

  A las cuatro menos diez, Juan, Fabricio, el Equi y yo nos subimos al Fox de mi primo. Cuando me di cuenta de que íbamos a viajar los mismos que habíamos ido a buscar al Dengue, exactamente tres meses atrás, pedí ir adelante y le rogué a Juan que me dejara fumar un cigarro y pusiera algún programa de AM. Accedió, por suerte, sin quejas ni preguntas.

  En una mesa exterior del Café Plaza nos esperaban el Viejo Bustos, Brizuelita, que acababa de salir de la escuela, y el Mosca, vestido con la ropa de YPF.

-Salú, la barra –nos recibió el Viejo.

-Hola, Oscar.

-Che, me estaba contando acá el Avispón… –rompió el hielo el Viejo, mientras nos acomodábamos–. Dice que saca un sueldo completo por izquierda, miralo vos.

-¿Eh?

-Claro, le caen los que tienen la oblea vencida del gnc y este les saca un cuarenta, un cincuenta a cada uno. Y más en esa zona de mierda que está… Pero bueno, vamos a lo nuestro.

-Pará, falta el Chelo.

-El Chelo está de reunión, imposible que llegue.

-¿Pero entonces cómo arreglamos? –preguntó Juan.

-Sin franela, dale. Me cuentan a mí y yo le cuento a él. ¿Qué es lo que pasa, muchachos? Si ayer estaba todo acordado.

-No, no estaba acordado. Dijimos que teníamos que hablar entre nosotros y ver. Mirá…

-¿Hablaron entre ustedes, querido?

-Sí.

-Bueno, métanle pata que nos quedan dos horas y resta hacer una pila de cosas, mover a la gente, dale, nene.

-A nosotros jamás se nos dijo que la lista iba a hacer esa, con Docabo de vice, con un yerno de Chelo y qué sé yo quién más, esos de la tesorería.

-Lo mismo mi candidatura –sumó el Equi.

-Paren, vamos por partes, dijo Jack el Destripador. Ayer ustedes no le plantearon esto. Y ahora me salen con semejantes cuestionamientos… Era ayer esta charla, no hoy.

-Sí que lo planteamos, en parte sí. Yo dije que Docabo me hacía ruido.

-¿Y qué ruido te hace Aníbal, nene?

-El mismo ruido que a todos –simplificó el Equi, sentado de frente al Viejo–. Si está ese tipo nosotros nos bajamos. Y el Bebi está al pie del cañón, esperando a ver cómo se da esta reunión.

-¿De dónde se bajan, la concha de tu hermana? No sean boludos que quedan menos de dos horas.

-Sin puteadas, Oscar. A mí, no.

-¿Pero cómo quieren que los trate, Cóceres? Se me vienen a hacer los pija fina ahora, ¿y justo con el vice? No, de ninguna manera, no… No, no… Ni le escribo al Chelo si quieren eso.

-La presidencia lo mismo, queremos que sea Juan, no yo.

-Ah, listo… Ustedes siguen en pedo… ¡¿Uno y dos quieren cambiar cuando faltan menos de dos horas para que venza el plazo?! No sean mamarracho, gente, nos juntamos con ustedes porque son de lo más serio que hay en el Andén. ¿O no saben cómo es la política, y que el San Martín no es un club de baby, muchachos? Déjense de hinchar las pelotas.

-Nosotros mantenemos nuestra posición. Decí lo que quieras, pero si no cambian lo que pedimos, chau –se plantó Juan.

  Me prendí un cigarro, viendo una pantalla del interior del café. Estaban pasando un recital de Elvis, cuya voz llegaba a nuestra mesa como un susurro. 

-¿Pero cambio de qué, nene? Hay un cupo que cuidar en la divisional, esto es AFA. ¿Si mañana viene Moyano o te vienen los de la UOM a sacarte la plaza qué, quién se planta, vos? ¿Vos te le vas a plantar a Pablito Moyano, o al otro, al Patón ese? Con la deuda es lo mismo, exactamente lo mismo, hay que tener palanca porque son ocho, diez, doce palos para pagar, no quinientos pesos. Palos y palos, estamos hablando. ¿O no?

-Pero en eso el Chelo nos va a acompañar, este Docabo de vice o no.

-No, no. Vamos a hablar en serio, ya que estamos acá. ¿Le tienen miedo a Aníbal? Estás vos, Cóceres, que bastante turrito sos para moverte. Y encima van a tener el fútbol completo… ¿Qué más quieren, boludo, que el Chelo se ponga en cuatro para que se lo culeen? Está así de generoso porque le salió la jugada de su vida, muchachos, hoy el club es el cero coma uno por ciento de los quilombos que tiene para resolver, y encima le vienen a romper las pelotas… Aprovechen eso porque más no hay. No hay. Y yo no le voy a mandar un mensaje con locuras, porque ahí se la va a agarrar conmigo y no tengo ganas de caer en desgracia con el gordo justo ahora. Ofrezcan algo serio, muchachos, o levántense y vayan a ver si el Bebi les da la presidencia y el fútbol. Vayan…

-Docabo de vocal –ofreció Juan–. Tercer vocal titular.

-No, no. Ni en pedo agarra. Mínimo cuarto, de prosecretario para arriba.

-No, Viejo. Vocal –se sumó el Equi.

-Aníbal de vocal… –masticó–. ¿Y ustedes qué resignan?

-Si querés me bajo yo –hablé por primera vez, intuyendo que venían a buscar eso, pero el Viejo sonrió y se inclinó para hablarle a Juan.

-Tu primo es un boludo bárbaro… Es de lo mejorcito que tenemos para ganarle al Bebi y se quiere borrar, madre santa.  

-¿Entonces? Quedemos así –metió un bocadillo Brizuelita, pero el Viejo ni lo atendió.

-Pero boludos, ¿cómo se creen que funciona esto? Tenés la presidencia, ¿y me querés volar al vice y no dar nada a cambio? Vos sos un vivo bárbaro al final, nene –le habló a mi primo.  

-¿La presidencia la elegimos nosotros? –preguntó el Mosca, irónico. 

-No. Cóceres, hasta donde tengo entendido, no se mueve de ahí… Pero bueno, vamos a hablarlo con el Chelo a ver qué les dice… Le mando eso, que quieren sacar a Aníbal pero la Avispa no quiere largar nada.

-Soy el Mosca yo.

-Chelo –le habló el Viejo al teléfono–. Sí, acá estoy con los pibes, che. Dicen que si no sale Aníbal de segundo no acompañan. Lo quieren bajar a vocal titular. Y al Avispón Verde se le pasó el pedo, che, dice que nunca chupó algo tan rico y que cuándo lo invitás de nuevo –finalizó el audio, guiñándole un ojo al Mosca–. Ahí contesta, seguro. Che, Cóceres… Con todo respeto, muchachos, eh, pero contales vos cómo funciona esto… Nosotros ahora estamos arreglando la transición para el diez de diciembre, ¿y saben lo que es eso? ¿Se dan una idea de lo que es juntarse con los garcas de acá? Que quiero esto, que dame aquello, que yo te ayudé la otra vez, que vos no sé cuánto… Avispón: sentate a negociar una lista y deciles que no das nada a cambio… Lindo para llevarlo al boludo este al Concejo del PJ a este, ¿no, Cóceres? ¿Vos qué decís? Ah, pará que ahí me contestó el Chelo. Lo escuchamos todos, acerquensé, hagan el favor.

  “Oscar: decime quién está con vos. Supongo que Juan y Cóceres, hablá con ellos, si está el Cazador lo mismo, pero tomalo con pinzas a ese, mirá que tiene cara de boludo pero es ligerito, eh, no te guiés por el aspecto… Y no me lo verdugeés al Mosca que es buena gente, no seas malo”.

-Dale, Chelito –habló el Viejo nuevamente–. Mirá, están los Rodríguez, Cóceres, el Avispón y uno que no sé cómo se llama. ¿Quién sos, pibe?

-Brizuela.

-Dice que es Brizuela, pero tiene cara de que lo adoptaron, che. Y vos metele, Chelo, que entre pitos y flautas ya son cuatro y veinte. Dale con pasar lista, ¿qué, ahora sos preceptor?

  Pensé que nunca había conocido a alguien tan siniestro como el Viejo Bustos.

-¿Dónde lo conociste al Chelo, Viejo? –le pregunté.

-De tira. Yo era tira.

-¿Tira de qué? –preguntó Brizuela, llamando la atención del Viejo.

-Tira de asado, pibe. ¿De dónde lo sacaron a este boludo, Cazador?

-Juega en las inferiores del club.

-Ah, con razón… Las gallinas te sacan unos pendejos de la puta madre, está el Exequiel Palacios que tiene menos de veinte años y dicen que anda con la Sol Pérez esa, y nosotros… Mirá… –ejemplificó, mostrándome al bueno de Brizuelita con desprecio– Por algo nos vamos a morir en la D.

-¿A quién le ganaste, viejo choto? –se le retobó Brizuelita.  

-A vos, seguro. Putito.

-¿Ah, sí? –le respondió Brizuelita, que recibió una palmada en la rodilla de Juan y se dio cuenta de que le había tocado perder con el mejor.

-Callameló, Cazador, porque lo veo muy atrevido para la edad que tiene y le voy a terminar tapando un ojo. Ahí está mandando audio el gordo… –agregó, como si no acabara de helarnos la sangre a todos con su frialdad de serpiente–. Che, Cóceres, ¿te enteraste la del Mateo Casares? Sesenta y dos familiares tenía metidos, con sueldos de más de ochenta lucas… Sesenta y dos… Que el Centro Ontológico, que Monitoreo de no sé qué chaucha, Licencias de Conducir, Capacitación para tirarse un pedo correctamente, Coso de Promoción de la Lectura, Stand de la Poronga Erecta… Qué hijos de puta… ¡Qué pedazos de hijos de puta! ¿Ahora sabés qué, no? Van a tener que hacer una cerrada de ojete más o menos, porque les salta todo… Ahí está el Chelo. Acercate, Avispa, que no tengo mal aliento. Vení así escuchás. 

  “Ah, están los que me imaginé, más o menos… Bueno, muchachos, poné para que me escuchen todos, Oscar… Pragmatismo puro, muchachos. Yo le hablo a Aníbal, justo estamos acá en una comisión… Aníbal va de vocal pero me dan tres votos de la subcomisión del fútbol: secretario y dos vocales titulares. Ni más ni menos. Son para el Zurdo, que también se portó bien, y tiene un par de muchachos jóvenes que más o menos entienden y van a ir a sumar, nada de fantasmas ni de paqueros de la esquina… Cóceres, Juan: sin repetir errores del pasado, muchachos, que acá ya estamos todos de vuelta y vimos lo que pasa cuando nos separamos, y estamos todos para el bien del club. Confirmen eso y rajen para la sede, que yo le escribo al Zurdo para que lleve a los suyos”.

-¿Y?¿Les cierra esto o van a seguir con el firulete?

-No, no… ¿Qué le pasa a Marcelo, Oscar? Con el secretario y dos vocales titulares quedamos empatados en la votación.

-Nos está tomando de pelotudos –habló Fabricio, que hasta ahí se había mantenido callado.  

-Pará, eh, leche hervida. Pará un poquito con hacerte el Tiro Loco que yo no soy el nieto del Bebi, eh. Pará.  

-Pero este nos quiere hacer la gran Cuco otra vez, ¿qué onda?

-Calmensé, pará. Pará que por ahí sacó mal una cuenta, ¿o se piensa que está al pedo todo el día el pobre gordo estúpido este?

-Y bueno, entonces

-Sht –me calló el Viejo, con el dedo en el teléfono–. Chelo, aquí base otra vez… Los pusiste de cola a los amigos, boludo… Están diciendo que les querés hacer la gran Cuco otra vez, no sabés, me quieren cagar a trompadas a mí que soy un pobre viejo de cuarta… ¿Qué quieren entonces, muchachos? Hablen ya o callen para siempre. Hablenlé al teléfono, vení.

-Calculá vos, Juan –le pedí.

-¿Eh? Bueno: secretario y un vocal. Ahí la mayoría es nuestra, seguro, porque quedaríamos cuatro a dos.  

-A seguro se lo llevaron preso. Vení hablá acá, nene, vení… Pará que están deliberando, Chelo, tienen más vueltas que silla de peluquero estos amigos tuyos… Vení, pibe, hablale acá…

-Hola, Marcelo. Soy Juan. La mayoría tiene que ser nuestra sí o sí, sí o sí. ¿O no? Cuatro votos nuestros, por las dudas, y dos de ustedes. Con el otro sistema que proponés quedamos a merced de cometer los mismos errores que vos mismo dijiste, y otra vez la historia de siempre… Es eso y no rompemos más las pelotas.

-Hasta ahí nomás, Chelo, me dan su palabra de que la cortan acá –finalizó el audio el Viejo Bustos, con tono socarrón–. ¿Saben qué habrá pasado? Este boludo contó mal, si él lo que menos quiere es más quilombo con ustedes. Uh, pará qué me está llamando… Le va a agarrar un bobazo antes de asumir y vamos a quedar todos con el culo al norte –dijo antes de atender–. Sí, amigo querido… Sí… No, no, lo que se habló. Voy yo de vice en la general, ¿qué tanto quilombo? No… Están lo más bien ellos, te llueven los elogios por acá… ¿Cómo? ¿Cómo es que decís? No, vos dijiste dos y uno. Sí, Chelo. Sí. Bué… Está el audio. Escuchalo y vas a ver. Bueno… Bueno, bueno, sí. Decile al Zurdo que los vaya mandando para la sede a esos dos, mirá que ahí duermen la siesta hasta las siete de la tarde. ¿Ah, yo? ¿Y qué le digo? Bueno, bueno, dale. Dale, dale, sí, ellos también te aprecian, te mandan muchos cariños. Chau. Chau, sí –cortó–. Pero, che… ¡La puta que te parió, vos también! Tiene un agrande el gordo tira pedos este, quién lo aguanta ahora que es intendente, por favor… Dice que me equivoqué yo y que conté mal… Está en pedo el boludo.

-¿Qué dijo?

-Dijo que sí. Los mandó a la puta que los parió, eh, dijo que con la gran Cuco se puede ir a cagar… Contaste mal, gordo, ¿qué querés que hagamos nosotros si sos garca hasta sin querer? ¿O no, muchachos? Seguí con lo tuyo, gordo, que yo con los pibes me entiendo al pelo. ¿O no, Avispa? Vamos para la sede, dale, que encima tengo que ubicar al Oso Perezoso y decirle que activen las cachas –dijo, poniéndose de pie–. No… Si allá en el imperio del Zurdo son todos bacanes y se clavan unas siestas de cuatro cinco horas, los hijos de puta… ¿Por qué mierda no habré nacido negro y villero, la concha de la madre? ¿Quién me hizo tan sabio, culto y hermoso, Avispón? ¿Eh? Decime quién fue, que voy y lo cago a trompadas por hijo de puta. 

  A las 17:28 dejamos asentada la Lista 3, “San Martín Unido”, que competiría contra la Lista 1, “Del Ferrocarril”, encabezada por el Bebi Solís. 

Comisión directiva:

Presidente: Cóceres, Ezequiel.

Vicepresidente: Bustos, Oscar.

Secretario: Ferri, Martín.  

Prosecretario: Rodríguez, Juan.

Tesorero: Elishev, Macarena.

Protesorero: Castro, Lucas.

Vocal Titular 1: Santopietro, Manuel.

Vocal Titular 2: Docabo, Aníbal.  

Vocal Titular 3: Traverso, María Cecilia.

Subcomisión de Fútbol:

Presidente: Rodríguez, Fabricio. 

Vicepresidente: Rosl, Diego. 

Secretario: Domínguez, Lorenzo. 

Vocal Titular 1: Geraz, Leandro.

Vocal Titular 2: Díaz, Germán. 

Vocal Titular 3: Domínguez, Atilio.  

Vocal Suplente 1: Brizuela, Nicolás. 

Vocal Suplente 2: Geraz, Emanuel.

Vocal Suplente 3: Rodríguez, Valentín.

Lucas Bauzá

Twitter: @rayuelascometas

Diseño de imagen por Lucas Vega, pueden encontrar más sobre él en Estudio Bosnia.

Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite por $200.

También te podés anotar en Pase al Pie, nuestro newsletter semanal completando este formulario:

¡Suscripción recibida!

Por favor, revisa tu correo electrónico para confirmar la suscripción a tu boletín.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s