Dice AFA que vuelven los visitantes, una promesa que ya escuchamos en varias ocasiones. Sebastián Gabriel Rosa lo pone en duda. Una buena excusa para repasar cómo se prohibieron los visitantes y todo lo que no se ha hecho para modificarlo.
1. Un anuncio repetido
En las últimas semanas, el fútbol argentino volvió a escuchar una noticia repetida: el regreso del público visitante a los estadios. El anuncio, presentado con optimismo en conferencia de prensa por Chiqui Tapia y replicado en los medios deportivos, promete un retorno histórico. Sin embargo, para quienes seguimos la historia reciente de la seguridad en el fútbol, esta proclamación tiene un inconfundible aire de déjà vu.
No es la primera vez que se anuncia el fin de la prohibición de los visitantes. En realidad, es un recurso que reaparece periódicamente desde que se estableció que la regla sería jugar sin público visitante y que, en el mejor de los casos, existirían excepciones cuidadosamente seleccionadas.
La experiencia muestra que estos anuncios rara vez modifican el núcleo de la medida. Lo que se presenta como transformación suele ser, en la práctica, una continuidad maquillada. Este tipo de promesas funcionan más como gestos políticos que como políticas de seguridad sostenidas en el tiempo.

2. La prohibición como regla
La historia comienza el 3 de julio de 2007. Ese día, tras el asesinato del hincha de Tigre Marcelo Cejas a manos de la barra de Nueva Chicago, el Comité Provincial de Seguridad Deportiva (CoProSeDe) decidió prohibir la presencia de público visitante en la Provincia de Buenos Aires. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) propuso extender la medida a todo el país para las categorías de ascenso, manteniendo una cuota limitada de visitantes en Primera División.
Con idas y vueltas, la restricción se mantuvo hasta junio de 2013. El 13 de ese mes, en el Estadio Ciudad de La Plata, Javier Gerez, hincha de Lanús, fue asesinado por un policía durante el ingreso. Esto derivó en que AFA prohiba los visitantes definitivamente en todas las categorías. Inicialmente se anunció como una medida transitoria por dos fechas. No existió comunicado oficial sobre la prórroga, pero esa decisión se extendió por más de diez años. Desde entonces, la organización del fútbol argentino se estructura sobre esta ausencia: partidos planificados, operativos diseñados y calendarios armados sin contemplar la movilidad masiva de hinchadas rivales.
En la última década, lo que se presentó en 2007 como una medida “provisoria” pasó a convertirse en un pilar del dispositivo de seguridad. Los intentos de flexibilización se redujeron a casos puntuales: la Copa Argentina, algunos encuentros internacionales y, en Primera División, períodos que avalaron contadas excepciones por fecha aprobadas por los organismos de seguridad y el club local.

3. El retorno como mercancía política
Desde la década de 1990, la violencia en el fútbol se consolidó como problema público. Esa condición la convirtió también en una mercancía política, un bien simbólico que dirigentes, gobiernos y organismos pueden ofrecer para mostrar capacidad de gestión.
En ese marco, el regreso del público visitante se transforma en un anuncio atractivo. Es, al mismo tiempo, una demostración de autoridad (“ahora sí podemos garantizar la seguridad”) y una promesa de espectáculo (“el fútbol volverá a tener color y fiesta en las dos tribunas”). Una de las demostraciones más grandes se dio durante la campaña electoral de 2015, cuando en el prime time televisivo de Showmatch los tres principales candidatos presidenciales —Macri, Scioli y Massa— coincidieron en prometer el retorno de visitantes. Lo vimos también en 2018, con la AFA anunciando un “Programa de retorno del público visitante y seguridad en los estadios” que terminó, otra vez, en excepciones esporádicas.
Durante el gobierno de Cambiemos, Mauricio Macri mantuvo la misma lógica de autorizaciones limitadas, siempre bajo el control de los organismos de seguridad y del club local, y un relato oficial que señalaba a las barras bravas como el único obstáculo para abrir las tribunas. Esa mirada reduccionista omitía el resto de las violencias y reforzaba el enfoque policialista que domina las políticas de seguridad en el deporte.
En este sentido, cada anuncio de regreso de visitantes se inscribe en un juego de comunicación política. Más que transformar la realidad, busca instalar un mensaje: “ahora las cosas son distintas”. Pero la estructura que sostiene la prohibición, y las condiciones que la justificaron, permanece intacta.

4. Más allá de la prohibición: el problema estructural
Reducir el debate sobre la violencia en el fútbol a la presencia o ausencia de visitantes es un falso dilema. La evidencia muestra que las violencias en el fútbol son múltiples y tienen muchos protagonistas: hinchas comunes, dirigentes, policías, periodistas, funcionarios, barras bravas. Ocurren dentro y fuera de los estadios, en torneos profesionales y amateurs, y no se resuelven solamente con un cambio en la composición de las tribunas.
En las últimas décadas, las políticas públicas se han centrado en multiplicar dispositivos de control, desde cacheos masivos en los accesos hasta sistemas biométricos como Tribuna Segura, sin abordar las condiciones estructurales que generan conflictos: la organización deficiente de los operativos, la discrecionalidad policial, la connivencia de sectores dirigenciales con actores violentos, la desigualdad en el acceso y uso de los estadios. Y, especialmente, la cultura del aguante que organiza los modos de ser hincha en la argentina, que establece una gran cantidad de prácticas violentas como legítimas y deseables en el contexto del fútbol.
Por eso, el debate que necesitamos no es “visitantes sí o no”, sino qué modelo de seguridad queremos construir. Un modelo que deje de ver a todo hincha como sospechoso por defecto y que, en cambio, aborde la seguridad como parte de una política integral para el deporte: con planificación, transparencia, participación de clubes y asociaciones, y control democrático de las fuerzas de seguridad.
Hasta que eso ocurra, cada anuncio de “regreso de los visitantes” seguirá siendo, en el mejor de los casos, una excepción cuidadosamente administrada. Y en el peor, una puesta en escena que oculta que la prohibición sigue siendo la regla. Mientras el “retorno” siga siendo apenas un anuncio para la tribuna, la seguridad en el fútbol seguirá siendo una foto para la conferencia de prensa y no una política pública real. Y como ya vimos demasiadas veces, las fotos se borran rápido; las estructuras que sostienen la prohibición, se mantienen.
Sebastián Rosa*
Twitter: @sebastianrosa
* Sociólogo y director de @cortayalpie11.
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