Demolido durante la dictadura y enterrado bajo la autopista el Club Atlético es un túnel oscuro del bajo autopista. Un sobreviviente vuelve al sur de la ciudad para reconstruir, a partir de los sonidos que recuerda del barrio —colectivos, bocinas, goles de Boca- el lugar de su cautiverio. Escribe Bautista Prusso.

Por nacer, en este suelo.
Hice un pacto yo con Dios
o tal vez fue con el diablo,
no lo sé.

Ricardo Iorio

¿Cómo encontrar un centro clandestino de detención?

El olor a pis es iracundo. Al pasar por la esquina del mercado se sacuden los vagos más quebrados. No tienen nada más que ofrecer. El olfato se acomoda al barrio donde un ex detenido pasa casi todas las tardes desde hace poco más de un mes. Es junio y River gana su segunda Libertadores. En el barrio del candombe las suelas se aplanan de tanto paso, raspan el cemento. Casi todas las veredas son de paso individual. Para pasar a uno, hay que bajar a la calle, soportar las bocinas, sortear el cordón.  La avenida San Juan es un pasillo ancho, tétrico y permanente. Con el correr de las horas las rodillas son dos bolas de plomo que cuesta arrastrar. 

Dobla en Defensa. Cataratas de sudor caen desde las sienes. Los muslos retumban. En el morral tiene: un alfajor Jorgito, un encendedor, el atado, un cuaderno y dos lapiceras. No conversa casi con nadie.

Avenida Caseros. Sexta vez en dos semanas.  Saca la cámara de nuevo de la mochila. Estado de vigilia. La compañía del viento le resulta grata. Trae ecos de La Boca, un gol, un foul que no fue. Mientras, en San Telmo se da cuenta que las ratas no descansan, el agua baja por calle bolívar, y se completa el cuadrante que va hasta el Lezama. Un kilómetro a la redonda de resolana, hedor y hollín. Se debate si sentarse en el bar hipopótamo o británico. No se puede siempre repetir el mismo recorrido,  los mismos mozos, el mismo gesto, piensa: volver al mapa, rezar dos padre nuestro al aire,  devolver un saludo.

Todos los días son como domingos. Se sube al 152 hasta el riachuelo y vuelve por Brown. Cada paso es una carrera hasta fumar su Marlboro Gold. El tiempo muerto es lacónico, pero observa: el bajo está inundado. Pasan rápido el 33, el 64, el 130 no tanto. El 62 es el que deslumbra cuando se desvía. Con la mirada hace una autopsia por esas cuadras de Paseo Colón. Es una mirada desangelada y a la vez optimista.  Son ojos que no tienen refugio (como los de los drogadictos). En el caos empieza a conectar ideas. Una búsqueda de sentido que necesita palpito y capacidad sonora, sensorial, intuitiva.

¿Qué es un centro clandestino de detención?

Opción: a)un lugar escondido con el objetivo de montar un aparato de detención ilegal.  

Opción: b) una instalación donde fuerzas armadas detienen en forma ilegitima a prisioneros políticos (terroristas en su lenguaje) y hace un uso sistemático de la tortura.

Opción: c)  templo del terror.

El edificio de los ferroviarios sigue intacto: allí, donde descansaban los altos mandos en épocas de colonialismo británico, se instaló una elite artística, política y periodística.  El academicismo francés resultó una decisión acertada para darle vida a  ese paisaje. San Telmo y Barracas se presentan como un estado alterado de los sentidos. Bohemia y esquizofrenia. Caminantes que pierden la huella y la sintonía fina. La atmósfera es densa. La calma no es moneda corriente. Señoras con tatuajes y morral, malvivientes y estafadores. Conviven todos, todos, todos.  En el club lo reciben atento. Está pintado azul y celeste casi todo el barrio. Recuerdan con emoción ese tres uno a Boca y el ascenso del 76. No podían saber que ese año se iniciaría un proceso del que el país no saldría ileso.

¿Por qué revolver el pasado? ¿No alcanza con reconciliarse?

Suelta el humo del cigarro y repasa las referencias que junta estos días con el insomnio a su pesar: el colectivo, las pastillas de freno gastadas, el chillido, un grito del inframundo. Funciona todo dentro de un paseo dantesco, el terror se corporiza y se repiten los mareos.

En Operación Masacre irrumpe una noticia casual, un dato mínimo casi imperceptible, una pista que al principio parece no decir nada; un partido de ajedrez, una radio de fondo.

Suena un bandoneón y después lo silba un tipo por calle Balcarce y ameniza el pasar. El ex Padelai es una maravilla que pocos conocen. Mientras lo rodea recuerda a los niños huérfanos y la calidad del cuidado estatal. Una estampita de ese bienestarismo en blanco y negro. El viento sopla, corre un eco desde el riachuelo, se escucha el dale bo, dale boca, que no ha pasado nada.

A la tarde juega el club de la Ribera y pasean colectivos escolares que vienen de Hurlingham y Bella Vista. Gritan y desconcentran a todos: se dan vuelta un borracho, dos hombres de traje y el comisario.

Se imagina aquellos años setenta en un estado de vigilia aletargada, una letanía sin fin. También su presente está obligado a una tierra donde, por huecos casi imperceptibles, puede descender a ese submundo que es el sur de la ciudad, donde se abren espacios por los cuales desembocan los sueños.

En el área entre San Juan, Av. Garay, Paseo Colón y Constitución, la ciudad de principios del siglo XX era muy distinta a la actual.  Un conglomerado de talleres, depósitos, galpones ferroviarios, pensiones, hoteles familiares y una circulación muy intensa de camiones y colectivos eran el océano que navegar. La represión  estaba a la vuelta de la esquina, nos burlábamos y rara vez existían las elecciones. La música se escuchaba en los sótanos y nadie estaba tranquilo.

Nuestro caminante se frena cada tanto y repasa: subimos unos metros. Cien. Doscientos. Un hospital, la camilla, el suero, la picana.

-Tiene que ser en el hospital —Ahora, habla con gente—. Había algo, algo característico, que es un partido de ping pong. La pelotita de ping pong hacía tic tac tic…Era solo el ruido de la mesa y la pelotita, la pelotita y la mesa. Un sonido que ya se volvió característico de ese lugar… pero llegaba un momento que te rompe las bolas. Tu cuerpo ah, el placer de ellos… de la recreación…

El objetivo ahora es trazar un triángulo; Parque Lezama, mercado de San Telmo, paseo colon. Este es el radio por donde un colectivo frena, los gritos xeneizes corean/acoplan. Acá estamos. Marca con un lápiz. De acá no sale. Remarca de nuevo. 

¿Qué es la memoria sonora? ¿una enumeración de sonidos recordados? 

Entre cafés, pastillas y madrugadas de revisar planos y fechas aparece otro dato que es imposible pasar por alto. La construcción de un bloque de concreto que parte la ciudad en dos, reinvirtiendo los usos y costumbres de barrios que modificaron sus cuadras según su corte en el mapa. La autopista, cemento que miró el futuro  y lo aceleró; el viejo mundo cae en obsoleto y desechable; la integración llegó en forma globalizada. Con su promesa de velocidad y confort la “modernización” era el camino para la ciudad. El automóvil viaja rápido y la guita también. La plata es dulce y la industria pasó de moda. 

Durante la última dictadura militar, la Ciudad de Buenos Aires fue gobernada por el brigadier Osvaldo Cacciatore, intendente designado entre 1976 y 1982. Su gestión quedó marcada por dos políticas muy visibles. Por un lado, la erradicación de villas y el desplazamiento de población hacia el conurbano. Por otro, un plan ambicioso de autopistas urbanas.

Se trató de un proyecto que se llevó a cabo en tiempo récord, sin medir costos urbanos, sociales y ambientales, y que implicó miles de expropiaciones a través del desalojo forzado de muchas familias. Cerca de 500 manzanas fueron demolidas y aproximadamente 150.000 personas desplazadas de sus viviendas. 

La forma de una ciudad cambia más rápidamente que el corazón de un mortal, dice Benjamin.

Se escuchan bocinas huecas en la zona del bajo. La bajada es familiar, el ruido de los frenos también. Son azules y amarillas las voces que llegan. 

El fútbol como prueba sonora para dar fe que el deporte no se juega sólo cuando se tiene la pelota. El grito de una hinchada es contra el tiempo. El testimonio para recordar que hubo domingos que cambiaron más vidas de las que imaginamos.

– No sé si fue un domingo la hinchada de Boca… festejando un triunfo…y un fervor y una cosa… y en mi cabeza no entraba esa lógica.

¿Cómo la vida continúa? ¿Cómo que hay gente que está pensando todavía en el fútbol?

-Eso es algo muy fuerte, (…) eso significaba la diferencia entre el afuera y el adentro, significaba la sensación de que estábamos tan cerca de la civilización entre comillas y era como si te hubiera tragado la tierra literalmente, porque además estábamos en un subsuelo y nadie sabía dónde estabas.

La escalera como un templo sagrado, místico. El paso del tiempo se escurre. ¿Qué función tiene un recuerdo? ¿Es egoísta?

-La escalera que nos introducía violentamente hacia el infierno de esas paredes que retumbaban con nuestros gritos. No quisiera alterarla. Me gustaría dejarla ahí, inmóvil, hablándonos a cada uno; es más, quisiera no tocarla, no violar su estructura en nada, para que fueran solamente nuestros pasos el recuerdo de lo que allí sucedió. 

-Uno se imagina que está todo destruido afuera (…) Un pariente mío era arquero en un equipo de fútbol y un día pude escuchar que atajaba. Eso me marcó: la vida seguía.

Walsh insistía en que la verdad aparece en los márgenes. Un zumbido que nadie escucha. 

El gobierno militar estableció las condiciones de posibilidad para que en la ciudad emergieran con rapidez espacialidades hasta entonces excepcionales como la autopista, el rascacielos, el shopping center y el country o barrio cerrado

La construcción dejó huellas urbanas muy visibles que todavía hoy se perciben. Calles cortadas, pasajes que quedaron en sombra permanente, terrenos residuales debajo de los viaductos, espacios difíciles de usar o de habitar, ¿pérdida de valor adquisitivo?. Degradación y abandono.

-Todo el día pensando, y pensando, y pensando y… lo que más se hacía era pensar.

Con la cámara de fotos resuelve misterios que no alcanzan. El presente no alcanza.  De condensar el movimiento de la avenida, sus fachadas, sus pasajes y sus plazas que ya no son de Dios sino de mortales y pecadores.

Además de las fuentes directas, los sonidos del afuera también llegaban de una fuente accidental que era casi constante: la radio. La frecuencia modulada proporcionaba información importante del exterior  y brindaba ubicación temporal.

El trauma resulta una presencia que lo deja al limite. Podemos resumirlas como reacciones de defensa. Su expresión principal son las evitaciones.La lengua, en estos casos, nos indica que la memoria no es un instrumento para conocer el pasado, sino sólo su medio.

-Percibo su olor a humedad a miedo, a dolor, percibo frío… En ese  lugar había una identidad, un olor, sus códigos, tenía tiempos propios… Había fabricado su propia estética del horror.

¿En una guerra hay códigos?

Rodolfo Galimberti: Un polemista. Dirigente y guerrillero argentino de la organización Montoneros en los años 70, que pasó de la lucha armada a convertirse en un empresario vinculado al poder, los servicios de inteligencia y la farándula,  luego de su exilio. Fue delegado de la Juventud Peronista, una figura clave en el secuestro de los hermanos Born con los que finalmente se asoció. 

“Galimba” opina que lo de la tortura no esta mal, en definitiva es un método de guerra. Lo grave es que no se animaban a avisar, y que lo hacían con prisioneros. Decía textual: la tortura no es lo importante. Lo criminal que hicieron los marinos fue asesinar a prisioneros indefensos, no tienen perdón de Dios.

¿Cuáles son los caprichos de la memoria? 

-Y en función de eso, teníamos, bueno, la idea.. distracción. Yo, por ejemplo, (…) el partido de fútbol lo escuchaba íntegro, nosotros teníamos todavía la capacidad de imaginarnos cosas.

Ya la piel está erizada; entre húmeda y pegajosa. Toma una bocanada de aire para dar un paso hacia adelante mientras cruza un auto.

Otra vez la cabeza se llena y el cemento se viene encima

Desde arriba viene el gol de boca.

Club Atlético.

Centro Clandestino de Detención Club Atlético. Funcionó entre 1977 y 1978 en un edificio de la Policía Federal ubicado en Paseo Colón, entre San Juan y Cochabamba, a pocas cuadras del puerto y de Constitución. Formó parte del circuito represivo del Primer Cuerpo del Ejército y por allí pasaron entre mil doscientas y mil quinientas personas detenidas-desaparecidas.En la década del noventa, a partir de excavaciones arqueológicas y de los testimonios de sobrevivientes que reconstruyeron el lugar,  volvió a identificarse el sitio donde había funcionado el centro clandestino.

Bautista Prusso
Twitter: @prussismo 

Si llegaste hasta acá sos un lastimero de ley. Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite acá:


Deja un comentario