Análisis de algunas tapas del diario Clarín después del Golpe Militar utilizando el fútbol y el deporte para tapar el inicio del horror. River jugando la Libertadores, un amistoso de la Selección Argentina, el torneo local en marcha y Videla recibiendo a Vilas después de ganar Roland Garros en el 77. Escribe Miguel Freidenberg.
La primera tapa de Clarín durante el Golpe Militar tituló: “Total normalidad. Las Fuerzas Armadas ejercen el gobierno. Argentina le ganó a Polonia”. La tele y la radio cortaban la transmisión en la madrugada -excepto esa noche- y los diarios publicaban a la mañana las noticias de la jornada anterior. Un día antes del derrocamiento de Isabel, el 23 de marzo de 1976, La Razón había titulado: “Es inminente el final”. Ese día, River jugaba por Copa Libertadores en El Monumental y, unas dos horas después, pasada la medianoche del 24, las FFAA derrocaron a Isabel, capturándola en helicóptero desde Plaza de Mayo. A la vez, un grupo de mujeres manifestantes cantaban: “Seguí luchando, Isabel, seguí luchando; seguí luchando que te vamo a respaldar”.

Inmediatamente después de asumir el poder, durante los primeros comunicados, la Junta Militar instó a los medios a interrumpir su programación para reproducir durante el día entero las nuevas normativas impuestas: entre la suspensión del Congreso, la prohibición de la actividad política y la intervención de la CGT, y a pesar de haber suspendido toda la transmisión, confirmaban la televisación del partido que la selección de Menotti tenía que jugar ese mismo 24 de marzo frente al equipo polaco (tercero en el Mundial 74).
Así formó Argentina aquella tarde: el Loco Gatti en el arco; el Caballo Killer, Olguín, el Lobo Carrascosa, el Conejo Tarantini; El Tolo Gallego, Bochini, Trobbiani; el Gringo Scotta, el Matador Kempes y el Pulpo Luque (C).
Para los militares era más importante que los argentinos pudieran ver la formación del seleccionado, antes que la composición oficial del poder ejecutivo. Y mientras los unos se ilusionaban con el ingreso de Huesito Houseman, quien marcaría el 2 a 1 de aquella jornada en Chorzow, los otros realizaban ya sus primeros operativos en masa dentro del país. Así de rápido, también entraron en funcionamiento centros clandestinos como la ESMA, que tan cerquita de la cancha, dos días después recibiría los gritos de gol de un River 2 – 0 Temperley, y, quizás por primera vez, los primeros detenidos bajo el régimen podían más o menos entender a dónde los llevaron, a pesar de tener los ojos vendados, las manos atadas, los pies atados.
Videla y el Gabinete aún no habían asumido formalmente. Tal es así, que ese 29 de marzo Clarín tituló: “Videla jurará hoy a las 18” en la misma tapa que “Independiente ganó el clásico y Quilmes perdió el invicto” y “Galíndez noqueó en Noruega”. La misma fórmula. Ahora sí, Videla tomó juramento al Ejecutivo con figuras como Martínez de Hoz; Harguindeguy, Cesar Guzzetti, José María Klix, Ricardo Bruera, denominados sin más como Teniente, Almirante o Brigadier. Mientras que, más adelante, fueron tomando protagonismo jugadores clave dentro de los Centros de Detención, cuyos apodos eran notablemente internos, hasta cercanos, como el Pajarito Suárez Mason (se autodenominaba “el 4”), el Tigre Acosta, el Ángel Astíz, el Cachorro Menendez. Si fuera solo por los apodos, compuestos de animales y diminutivos, sería imposible distinguir cuál es el equipo de fútbol y cuál el de genocidas. El único conocido como “Matador” era Kempes. Por ahora.
Con “Total normalidad”, la Selección cerraba su gira en Europa y corría la fecha 9 del torneo local en Argentina. Los medios continuaron con el mecanismo propagandístico, en el 77 muchos de estos acontecimientos empezaban a ocupar gran parte de las tapas, sino entera: Boca era campeón de América, Reutemann la rompía en automovilismo y Galíndez se afianzaba como un prócer del boxeo nacional. Vilas se sacaba una foto con Videla luego de ganar Roland Garros. Todos estos fueron tapa de Clarín, junto a estremecedoras noticias como “Abatieron a 21 extremistas en varios tiroteos” ó “Hubo 84 bajas subversivas en diez días”.
Los artistas no tuvieron la misma suerte que estos deportistas rockstars. Los militares censuraban voces populares como Charly García y Mercedes Sosa, y estaba prohibido que la gente cante sus canciones por la calle, pero puertas adentro de los centros de tortura, irónicamente, te obligaban a cantar. No te hacían delatar, ni botonear. Te decían «cantá», y si no cantabas, ahí se venía el picanazo. Pero si por alguna razón se te ocurría cantar la marcha peronista, seguramente acabarías en un calabozo, donde sucedían atrocidades todavía peores, entonces uno podía darse cuenta que lo peor no era ni las picanas, ni sus bastones, ni los olores hediondos a los que fueron sometidos con el pasar de los días.
Lo peor eran los hombres. Hombres que, vestidos de verde militar, podían hacerte creer que las primeras salas de tortura eran solo una advertencia, que siempre había un nivel más de crueldad para propiciar, y aquellos ejecutores de la crueldad no eran ni cachorros, ni pajaritos: eran hombres. Hombres que se creían más hombres por prohibir la poesía, la ternura y el corazón a partir del fútbol y a partir de la violencia. Hombres, menos hombres que Juan Carlos Higa, desaparecido de la colectividad japonesa, quien desde el centro clandestino “Club Atlético” escribió un poema que habla del fútbol, de la ternura, del corazón:
Si yo me llamara Juan Ternura
qué distinto sería todo…
dejaría de ser yo para ser todos
un gol de media cancha entre
los pibes
una ternura abierta entre palomas,
un corazón al sol
y un algo indefinible
cubriendo la mañana.
Sin embargo, soy Juan Carlos apenas
y no me alcanza para quedarme
en todos.
Miguel Freidenberg
Twitter: @miguefrei
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