Hoy en Las Calles no Olvidan: José Luis Sánchez. El dios del potrero y un texto sobre su ascenso con Banfield. Una temporada de película con una final jugando para los libros de historia del fútbol de ascenso. Escribe Lucas Jiménez.
-Dame la camiseta, pendejo
-¿Garrafa, cuándo voy a volver a jugar con la 10?
Para José Luis Sánchez la 10 era como la pelota, no la quería soltar por miedo a qué no se la devolvieran. Juntos formaban su armadura que hoy está en las pieles, sedas de seda. Puedo hacerte mil banderas, puedo hablar de fantasías.
A fines del 2000, Banfield ya era el Banfield de Garrafa Sánchez. En su inventiva de potrero vivía la ilusión de ascender a primera, pero de sus piernas dependía poder para pagar los sueldos adeudados. La última fecha antes del receso no jugó. La 10 la usó el Cebolla Giménez, lateral izquierdo de las inferiores.
Estaba casi hecho su pase a un equipo de Corea, que quería potenciar su liga un año antes del mundial. Pero no pasó la revisión médica. A la vuelta le dijo al Cebolla que lo acompañara al auto. Le regaló una remera que él usaba y Giménez siempre le decía que le gustaba. Le agradeció que no le diera aquella 10 porque era para regalársela a alguien que después lo cagó.
El Dios del Potrero se crió en Villa La Jabonera de La Tablada, un barrio formado en un baldío atrás de una fábrica de jabones, a los 13 años se mudó a Villa Adriana en Laferrere. Garrafa es Lafe, embajador deportivo y cultural de la ciudad. Salgo a buscarte por la Luro y por Cordero. Desde el Río Matanza hasta el fondo, el Km 26.
Garrafa fue el amor en tiempos del cólera, el héroe barrial del Conurbano Bonaerense cuando el país se caía a pedazos. Llegó al Taladro después de 8 meses sin jugar. Se había ido de Bella Vista de Uruguay, donde iba a jugar la Libertadores, para estar con su papá que estaba enfermo y fallecería al poco tiempo. Lo recordaba en cada gol.

La 2000/01 jugó para el campeonato mundial. Fue el abanderado de los humildes, un grupo de futbolistas obreros que se quedó a pelear por el ascenso por más que los dirigentes les dijeron que no había plata. Banfield empezó y terminó la temporada jugando con Quilmes. Sin Garrafa perdió 3-0 la primera fecha, con él ganó 6-3 el global de la final: participó en 5 goles y jugó para los libros de historia. En la ida dejó desparramado en el suelo al arquero Elizaga, en la vuelta el Máquina Giampietri se rompió los ligamentos tratando de sacarle la pelota.
Antes de Francia 98 le dio un baile a la Selección Argentina de Passarella en un amistoso con El Porvenir. En 2001 faltaba un año para Corea-Japón. Después de ganar la final en Quilmes, el Dios del Potrero volvió a Banfield a festejar con su gente. Que lo levantó en andas para la vuelta olímpica mientras le cantaba “para Garrafa la Selección”.
Lucas Jiménez
Twitter: @lucasjimenez88
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