Si lo que pasó ayer a la tarde en la cancha de Barracas, hubiera ocurrido con cualquier otro equipo que no fuera Riestra, sería un escándalo nacional. La última jugada termina en penal para el visitante que gana uno a cero. Hace unos minutos le anularon el segundo por una faltita previa. Entonces el VAR saca la lupa y se pone en modo Sherlock Holmes buscando pistas. Y si en el fútbol argentino mirás cada jugada al detalle vas a ver penales y goles anulados por todos lados. Por el auricular le habrán dicho a Bruno Amiconi, el árbitro, que espere. Después que vaya a verla. Y el árbitro esperó y después a fue a verla. Anuló el penal para Riestra y le dio uno a Barracas por una mano haciendo equilibrio en la línea del área. Gol y empate uno a uno.

La situación es emocionante, eso no se puede negar. Si queremos enganchar a los yanquis con el fútbol es por acá. Nos faltaría música de orquesta a lo Hollywood para acompañar los segundos que pasan mientras desde Ezeiza digitan el futuro de un equipo entero. Es la versión futbolera de los últimos instantes en la NBA, esos que cuando faltan cinco segundos duran diez minutos. Para que esto funcione los directores de cámara tienen que estar rápidos con los planos cerrados al técnico afectado por la decisión. También los comentaristas, ellos deben inventar diálogos entre los futbolistas perjudicados y el árbitro. Tirarle ramitas al fuego de la tensión que crece. El producto versión suspenso.

Si los penales para Barracas en el último minuto fueran una saga, la de ayer sería la segunda entrega. El protagonista, el actor franquicia, es el mismo: El Galleguito Insúa, el hijo canchero del Gallego. Insúa junior había protagonizado la primera parte el año pasado en cancha de Racing. Gol en la última jugada, revisión, gol anulado, penal para Barracas, gol de Insúa y festejo con las manos abiertas y trompita bebotera. Ayer la secuencia fue igual, incluido el festejo. Insúa, como Darth Vader, es protagonista y villano de la historia. Aunque, como el árbitro Amiconi, un villano menor, un instrumento. Como siempre, a los posta no los vemos, están en Ezeiza y le hablan al referí al oído.  

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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