En 1991 la revista Solo Fútbol hizo unas fotos para el Día del Niño con las promesas de los equipos de Primera jugando con chicles en la boca. Ahí estaba, a sus 18 años, Pablo Daniel Cameroni de Platense, con un pelo prominente enrulado, cintita roja en el brazo y medias levantadas listas para la acción.
Del paso por el Calamar le quedaron algunos partidos y poder ver de cerca los últimos cartuchos del Bichi Borghi futbolista. Le llamaba la atención que a las cosas fáciles le agregaba un grado de dificultad para mejorar la jugada.
Con esos aprendizajes aterrizó en San Miguel, en la B Metro. Como con todo enganche, al principio apareció alguna puteada que se terminó evaporando a fuerza de goles con golpes secos, como si el césped fuera una mesa de billar. Rápidamente lo apodaron el Mago.
Cuando se empezó a ir el pelo, le dejaron otro apodo: el Bocha. El Bochini del ascenso, corría el rumor de boca en boca. Tenía 24 años y poca pinta de jugador, el elástico del short le sostenía la panza. Si no conocías lo que jugaba, lo veías en la cancha y no pensabas que te iba a pintar la cara.
Jugó en Los Andes y en Banfield, llevado por Cachín Blanco que lo tuvo en el Trueno Verde. Logró ascensos con San Miguel y Colegiales. Equipos clásicos. El jugador de ascenso juega donde lo llaman y se queda donde lo quieren.
En 2003, en Cole fue la figura de la final de la C que le ganaron con 10 al Villa Dálmine reforzado por ex jugadores de primera. Le hicieron la bandera: “Bielsa, Cameroni es argentino”.
En San Miguel es tatuaje y bandera. En la vuelta de la final con Dock Sud el micro de los jugadores venía acompañado por la caravana de hinchas. Gritos afuera. Silencio adentro. Cuando el micro frenó, él arrancó a ganar el partido: “¿qué pasa qué están tan callados? ¿Cual es el problema, ustedes tienen miedo? Yo también. Pero cuando pase eso, denmela que a mí se me pasa todo”.
Eso son los cracks del ascenso que recordamos cada viernes. Personas de carne y miedo que aprendieron a poner el temor abajo la suela para achicarlo hasta que explote. Como el globo de un chicle cuando eran niños.
Lucas Jiménez
Twitter: @lucasjimenez88
Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite acá: