Pasó el 8M y nos preguntamos ¿cuánto lugar hay para las mujeres en el fútbol? La historia de las Pioneras del fútbol femenino en Argentina, el paso a la profesionalización y la motosierra actual que arrasó con los avances, mientras las categorías infantiles siguen creciendo. Escribe Agustina Coto.

Una cancha de fútbol es el primer terreno que gana un hombre a los 4, 5 años. Es el lugar que a ellos les queda cómodo, de lo que más saben, los que mejor lo juegan y los que más movilizan. Los ídolos, los dirigentes, el presupuesto, los managers, la tecnología de punta, los sueldos, los palcos y las ovaciones siempre van para ellos. Y por más que jueguen exactamente el mismo deporte, a las mujeres no les pasa.

“¿Te acordás cuando Riquelme gambeteó a los brasileños en el Monumental?” No, no me acuerdo. A mi, como a la mayoría de las mujeres, no me invitaban a ver fútbol cuando era chica. Nadie me regaló nunca una pelota para un cumpleaños, no me llaman si falta una en el fútbol cinco ni me preguntan qué me pareció el clásico de la semana pasada. Pero como si todos los días fueran esa noche soñada en Núñez para Román, lo que no tenemos las mujeres, lo inventamos.

Pioneras

El fútbol femenino en Argentina se abrió paso gracias a las Pioneras, que inventaron su propio camino para jugar a la pelota. Una Selección Argentina que hizo historia en el Estadio Azteca solventando el viaje de sus propios bolsillos y ganándole a Inglaterra en 1971, pero sin una trascendencia mayor en el fútbol local. Recién en 1991 la Asociación del Fútbol Argentino gestó el primer torneo oficial de fútbol femenino en el país.

Con el correr de los años, las mujeres fueron buscando su lugar en el famosísimo deporte más popular del mundo que muy curiosamente dejaba a la mitad de la población afuera. En el año 2013 se creó DeporTV, el canal desprendido de la Televisión Pública que se encargaba de transmitir deportes amateurs y disciplinas en puja. Este canal le dio visibilidad a muchos deportes que en esa década eran muy recientes: una de ellas, el fútbol femenino. Y así, pasito a pasito, fue creciendo y metiéndose en la agenda de las más jóvenes que, una vez cada tanto haciendo zapping, se cruzaban con una mujer jugando a la pelota.

Un laburo

Algunas jugadoras sacrificaron su carrera deportiva por no agachar la cabeza y reclamar para que, en un futuro, otras tuvieran lo que ellas no pudieron. En un momento la falta de pago de viáticos, de garantías de viajes y comidas, de acompañamiento a las familias y licencias laborales que terminaban en despidos dejaron de ser moneda corriente en el ámbito del fútbol femenino, porque las protagonistas empezaron a problematizar su situación. 

Así fue el caso que, en la Copa América de Chile en 2018, las jugadoras de la Selección Argentina salieron a la cancha haciendo un Topo Gigio para mostrar la falta de escucha por parte de la AFA a los reclamos de las jugadoras para poder crecer y tener mejores resultados. “No juegan igual que los tipos”. Y no. Ellos tienen un colectivo ploteado con sus propias caras. Ellas se pedían vacaciones en sus otros trabajos para poder representar a un país que les daba la espalda.

Un año más tarde, quien hizo historia en nombre del fútbol femenino marcó un precedente con nombre y apellido: Maca Sánchez. La ex UAI Urquiza había demandado al equipo universitario porque, luego de que la desvincularan a mitad del torneo 2018-19, exigió judicialmente que se regularice su situación laboral. Cambió de club, cambió de aires e hizo historia: en 2019 Sánchez llegó a San Lorenzo de Almagro y se convirtió en la primera futbolista en firmar un contrato profesional en Argentina. Ese mismo año, la AFA creó la Liga Profesional de Fútbol Argentino.

Motosierra

Finalmente, al fútbol femenino también le llegó su motosierra. Lo que habían sido avances políticos dentro de los clubes, como la creación de áreas de género, la obligatoriedad de la profesionalización de los planteles femeninos en la máxima categoría; la apertura de estadios como el Monumental, el Gigante de Arroyito, el Gigante de Alberdi, el Juan Carmelo Zerillo, el Florencio Sola, el Ciudad de Lanús y la Bombonera para ver al femenino; la transmisión de todos los partidos de la fecha por la televisión pública hoy son un recuerdo borroso de un momento de conquistas que quedó atrás.

En 2021 el torneo femenino había llegado a la Televisión Pública como una conquista histórica, donde todos los partidos de la fecha se transmitían en la gran pantalla nacional. Desde 2024, con el retiro de los sponsors estatales que financiaban el torneo como YPF, la liga de fútbol femenino ya no cuenta con la misma difusión. Solo se transmiten dos partidos por fecha a cargo de canales privados, o bien de la predisposición de cada club de mostrar a sus equipos.

Nadie volvió a invertir en el fútbol femenino. Si bien las categorías infantiles crecen y se amplían tanto en AFA como en ligas amateurs, se terminaron los patrocinios, la difusión y la vocación de hacer crecer la disciplina. En 2025, Argentina fue sede de la Conmebol Libertadores y los equipos tuvieron que protestar para hacer la entrada en calor dentro del campo de juego porque, para “no estropear el césped”, las mandaban a hacerlo al vestuario. Con tantos antecedentes parece que dejamos de soñar con estadios abiertos, camisetas con apellidos, convocatorias multitudinarias y salas de prensa donde se hable del partido y no de todo lo que falta para tener condiciones dignas para jugar. 

Pasó otro 8 de marzo reclamando por la igualdad de género, por salarios dignos, por condiciones laborales adecuadas y por el reconocimiento a una disciplina que, con sangre, sudor y lágrimas, no para de crecer. Sus propias protagonistas la hacen crecer. Y a pesar de la neblina gris que vino con el recorte de políticas de género, los cierres de áreas estatales y la cortina que tapa el esfuerzo de las futbolistas, hoy hay nenas en los barrios de Argentina que visten camisetas de Florencia Bonsegundo, Yamila Rodríguez y Estefanía Banini, que “tomando mates con bizcochitos” se acercan a los predios de sus clubes a alentar a sus ídolas y que, de la mano de alguna tía que no disfrutó el fútbol tanto como hubiese querido, reciben una pelota como regalo de cumpleaños.

Agustina Coto
Instagram: @aguscoto_

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