Jim Morrison decía que el fin era su único amigo. Jorge Luis Borges indicó que una persona que cumple su único propósito en la vida pasa a ser nadie, o quizás pasa a ser otro, en su cuento “El fin”. Gustavo Nápoles, Chizzo para los amigos, lanzó más de una vez al éter que el final es en dondé él partió y le preguntó la misma cantidad de veces al destino dónde había consuelo para su locura.

Jodido el tema del fin. No lo saluden a Adorni porque ya se fue.

El Mundial es el nosotros más grande del mundo. Nos envuelve demasiado, nos enamora. A veces nos asfixia. Nos establece los límites en los que termina el mundo  durante un mes o cuarenta días. Respirás mundial, comés mundial, charlas mundial, jugás mundial. El fin del mundo.

“Resetear”. Una beca doctoral para el cientista social que estudie cuántas veces Scaloni nos marcó el camino. Dijo esa palabra: “resetear”, no terminar. Nunca terminar. Barajar y dar de nuevo. El fin, entonces, se amiga con el principio: vamos todos unidos, vamos no nos quedemos.

En un momento la culminación se transforma en memoria. Entonces ahí queda el mundial de Messi, los vuelos del Mbappé al que ya no odiamos tanto, los pases del Rodri al que hoy detestamos, los sueños de Vozinha, las injusticias hacia Irán, las pausas de hidratación con sus publicidades falopa (esas creo que quedan, lamentablemente), las raras pero eficaces atajadas de Bono, las ilusiones de un México que prometió pero no cruzó la frontera, la calle victoria que los de Pochettino no van a conocer. Fin.

Se fue el mundial y con ese fin nosotros reseteamos. Sólo un mensaje: Gracias. Por leernos, comentarnos. Pero sobre todo, por jugar en el mismo equipo que nosotros: el mundial es compartir. Nos vemos en unos días con el mismo anhelo de siempre: usar al juego como excusa para otras cosas.

Alguna vez un tal Luka Modric, que se retiró de los mundiales en estos días, le robó un dicho a García Márquez, o eso creemos. Tiramos paredes con el croata. Aunque a veces parezca difícil, más esta semana, “no llores porque terminó, sonríe porque sucedió.”

Escribe: Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez

Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo:

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