Hoy cumple 62 años Alberto José Márcico. Un futbolista que no hizo inferiores y se formó jugando picados y campeonatos por guita en Barracas. La rompió en Ferro, Boca, Tolouse de Francia y Gimnasia de La Plata. Magia de potrero en Primera División. Escribe Federico Abbiati.

A Alberto José Márcico, correntino nacido un 13 de mayo, es más que adecuado definirlo como un ex futbolista profesional con una todavía vigente vocación de amateur. Pero ojo, a no interpretar este fuego amateurista con falta de apego a las que fueron sus lógicas obligaciones como jugador de la más alta competencia.

Sin inferiores previas, allá por fines de 1980 su camino arrancó a poco menos de cumplir los 20 años, cuando pasó la prueba que Juan Carlos “Cacho” Giménez tuvo a su cargo en Ferro Carril Oeste. El mismo “Cacho”, ídolo racinguista de la década del ´50, ya le había dado el visto bueno, dos años antes, para que jugara en la mismísima Academia. Pero el “Gordo Beto se fue, aburrido de no poder jugar por haber llegado luego del cierre del libro de pases.

En sus albores en Caballito, y según sus propias palabras, los inconvenientes eran puramente físicos. Futbolísticamente, el “Gordo Beto”, ya estaba más que curtido por los campeonatos por guita que se jugaba los fines de semana en una villa de la calle Luna, en las inmediaciones de la cancha de Huracán. Esa platita multiplicaba por dos su sueldo de cadete.

Con un hermano mellizo, en Ferro se encontraría con lo que sentimentalmente pudo haber sido otro espejo suyo: Carlos Timoteo Griguol. Junto a la sabiduría del “Viejo” en el banco y los Márcico, los Cúper, los Garré, los Saccardi, los Rocchia y los Gómez, entre otros, el “Verdolaga” se hizo del Metropolitano ´82 y del Nacional ´84. En la final de ida de este último, derrotando 3:0 al River de Alonso y Francescoli nada menos que en el Monumental.

En 1985 el “Gordo” se va al Toulouse francés, a pesar de las advertencias de Bilardo sobre que si se cruzaba el charco dejaba de ser prioridad en la selección. Y si bien con los violetas nunca pasó más arriba de terminar un campeonato francés en tercer lugar, había encontrado su segundo hogar. El primero desde siempre ha sido el barrio de Barracas, claro está.

La aventura gala se extendió nada menos que durante siete años. Estaba muy a gusto no solamente él, sino también sus hijos. Con la familia contenta en primer lugar, Márcico se las arregló para meterse a los ultras en el bolsillo, batallando en un fútbol que él define como “rapidísimo, muy parecido al inglés”.

Tan entrañable resultó el “Beto”, que en 1992 cuando no tuvieron más alternativa que dejarlo venir a Boca, al presidente del club le pusieron una molotov en la puerta de su casa. La plata la puso el “Zar de la TV”, Alejandro Romay, a cambio de la televisación de cuatro partidos del Boca de Márcico.

Ni bien de regreso en Buenos Aires, le hizo saber al por entonces técnico de la Selección Argentina Alfio “Coco” Basile que su prioridad era absoluta: jugar y disfrutar el día a día del mundo de la calle Brandsen. A buen entendedor pocas palabras: Coco no lo volvió a citar a la Selección.

Márcico disfrutaba de lo que era la reconstrucción bostera. Y es al día de hoy que sigue rescatando las figuras de Antonio Alegre y Carlos Heller: “Sin ellos Boca terminaba fundido o gerenciado. Fueron para el club lo que Bianchi fue para Macri: la salvación.”

Dice que los hermanos del alma que el fútbol le ha dado son Giunta y “Bicicleta” Saturno. Nunca se cansa de postular a Blas Armando cada vez que el “Xeneize” precisa DT, pues dice que “siente y transmite potrero puro”.

Sí, faltaba que lo dijera explícitamente. Y lo hizo allá por 2018 o 2019 cuando Diego “Gambetita” Latorre y Gustavo Noriega lo incluyeron entre sus “Conversaciones con Jugadores Exquisitos”: “A mí me gustaba como era antes, todo bien amateur”.

Así y todo, con Passarella comandando el proceso rumbo a Francia ´98, el “Gordo” volvió a ser convocado  a la Selección por su gran nivel en el Gimnasia de La Plata de Timoteo Griguol. Pero no ingresó en ningún partido. El barrio de Barracas ya era, al igual que hoy, su “ciudad luz”.

Hoy cumple 62 años el “Beto” Márcico. Y sin dudas que debe de seguir metiendo, en los picados de su Barracas, como cuando tenía 26. El, que siempre supo acallar los comentarios sobre su físico “rechoncho” encarando con velocidad, muy probablemente en una pincelada de brava similitud a un tal “Pelusa de Fiorito”.

Federico Abbiati
Twitter: @FedericoAbbiat1

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