A principios de los 90 Diego empezó a meterse más en asuntos políticos. Uno de sus primeros posicionamientos públicos fue a favor de los jubilados, un colectivo por entonces castigado por el gobierno y ninguneado por los medios de comunicación. Escribe Juan Stanisci.

Las primeras muestra de resistencia a las políticas neoliberales de Menem y Cavallo se vieron en la zona de Tribunales. Cada miércoles jubilados y jubiladas se reunían para organizarse. Hacían ollas o choriceadas. Se agarraban a trompadas con la policía. Cercaban la salida en el Ministerio de Justicia. Llegaron a poner una carpa en la plaza frente al Palacio de Tribunales durante más de cien días. Los reprimieron. Uno de esos miércoles Diego andaba por la zona.

El miércoles 14 de octubre de 1992 falleció el relator y vocero de la dictadura militar José María Muñoz. El velatorio se hizo en el Círculo de Periodistas Deportivos, en Tucumán y Rodríguez Peña. A cuatro cuadras, los jubilados comandados por Norma Pla mantenían su reclamo por la suba de las pensiones y la mejora del PAMI.

A Diego lo convencieron de dejar el auto a dos cuadras del Círculo. Había llegado al país para jugar dos amistosos con el Sevilla contra Boca. Esa noche fue el segundo. Diego jugó un tiempo con la camiseta del equipo español y otro con la del xeneize. Hacía años que no caminaba por el centro porteño.

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Primero le robaron la gorra. Diego giró con más expresión de resignación que de hartazgo. “No te enojés, che”, le gritaban. Algunos jubilados fueron acercándose a Diego, intentado que dijera algo sobre ellos. Recuperó la gorra y siguió caminando rumbo al auto. “No te enojés con nosotros”, le decían algunos. Tener el apoyo de Maradona significaba salir en todos los medios. Muchos de los cuales hablaban mal los jubilados.

“Te cagás, hermano”. Diego clavó los frenos. Se dio vuelta buscando al tipo que le había gritado. “¿Qué te pasa?”, le dijo el tipo. Lo fue a buscar de una. “¿Qué te pasa qué?”, dijo Diego. La siguiente respuesta no tuvo palabras. Cuando lo tuvo cerca le estampó un cabezazo en la frente.

“¿Te pensás que a mí no me duele lo de los jubilados, la concha de tu madre?”. A fuerza de hacerlo calentar, habían prendido la máquina. “Me duele más que a vos”. Diego seguía caminando con una cámara al lado. Acostumbrado a que lo filmen o le saquen fotos, seguía el monólogo. “Mirá si yo no voy a bancar a los jubilados, mirá este tarado”. La espina se le había clavado en lo más hondo.  

Al frente de la fila apareció un viejo de boina y pocos dientes. “Te tenés que poner la camiseta nuestra”, le gritó. Al mismo tiempo un periodista se le puso adelante. Lograron cercarlo e improvisar una nota. Diego encendió el garguero. “Yo defiendo a los jubilados ¿cómo no los voy a defender?”. No todos pensaban lo mismo. Esa misma semana había salido un informe sobre el número creciente de suicidios de jubilados. Cuando al presidente Carlos Menem le preguntaron qué opinaba sobre el tema dijo que él no era psicólogo para analizar eso. «Lo que pasa es que en nuestro país hay una gran sensibilidad y entonces cualquier anciano que se suicida ya inmediatamente se hace referencia al tema de los salarios de los jubilados», explicó el entonces presidente.

“Nosotros tenemos que ser muy cagones para no defender a los jubilados. A muerte estoy con los jubilados. Porque lo que les hacen es una vergüenza”. La gente alrededor lo aplaudió y llegó el infaltable: “diegooo, diegooo”. “¡Arriba Diego!”, le gritó uno de atrás. Ahí pudo alejarse tranquilo.

El apoyo de Diego no cambió las políticas del gobierno ni la realidad en que vivían los jubilados. Dos meses después Norma Pla amenazó con suicidarse en Plaza de Mayo si no les daban un aumento. “Si el aumento no llega a venir para el 25 de diciembre… Yo personalmente mi vida no es nada… me voy a ahorcar acá en Plaza de Mayo.”

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

Fragmento de «Yo quiero seguir jugando a lo perdido», un texto publicado en el libro Crónicas Maradonianas. Conseguilo acá.

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