Los signos peligrosos de imperfección fueron, para esta selección, un espacio conflictivo de comodidad. El equipo consigue más en crisis que en el jolgorio. Gana la Copa América con un gol en donde el lateral izquierdo rival le pifia y en el que Messi erra lo que hubiera sido el broche de oro en el Maracaná. Gana un Mundial con una derrota estrepitosa en el debut y dos series infartantes en partidos decisivos.

Lejos de ser un problema, la aparente miseria se convirtió en la más confiable virtud. Los buenos equipos son eso: buenos. Los grandes se sienten a gusto en la conflictividad. Al contrario de un pensamiento racional, ajeno a las pasiones de un equipo imborrable, lo que genera resquemor es lo perfecto: el primer tiempo con Francia resulta un buen ejemplo.

El debut con Canadá, es evidente, no fue perfecto. Si bien la Argentina dio muestras significativas de su jerarquía (buen toque, sociedades, pelotas en largo para buscar espacios, valores altos en términos individuales y, a veces, colectivos), el trámite del partido se tornó complicado. Argentina mereció ganar pero podría no haberlo hecho: que no confunda el final del partido. El equipo norteamericano lo complicó recuperando en la zona de tres cuartos y atacando rápido por los costados, en especial por su banda izquierda, con el crack mundial de Alphonso Davies.

Argentina solucionó todo con dos golazos de la misma marca registrada. Messi, lo único perfecto que tenemos en nuestra vida. Cuando Leo da un pase gol, hace una caricia. Cuando mira al frente, tira una flecha. Los goles de Julián y Lautaro son de justicia poética, para que no haya programa del mainstream que pueda hartar con debates sobre quién. Estar presente no es tener presencia. Y esta banda la tiene.

El 20 de junio es el solsticio de invierno. El 21 se cumplen 10 años de un partido emblemático: Argentina-Irán, estadio Mineirao. El día que Messi demostró que cuando todo parece perdido está él. Lo imperfecto, en su historia, debe asustar a los rivales. Porque para nosotros sí que es justa la felicidad.

Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez




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