La relación del técnico de Racing con Marcelo Betbesé, uno de los fundadores de los Racing Stones. Ambos fueron claves para llevar adelante la idea del Predio Tita. Un viaje por el Racing luchador de los 90 que desembarcó en Asunción para mucho más que ser campeón, para hacer justicia y subrayar el pasado. Escribe Lucas Jiménez.
Un domingo de 1998, uno de los fundadores de los Racing Stones, Marcelo Betbesé leyó en la tapa del diario que las inferiores de Racing no habían podido jugar por una deuda con las canchas que alquilaban para hacer de local, ya sea las de Don Orione como las de El Porvenir. Entonces, junto a otros hinchas de La Academia, se puso a buscar un terreno para construir una cancha. Primero encontró uno en Monte Grande que le habían dado al club años atrás, pero la distancia con Avellaneda y la mala predisposición del intendente de Esteban Echeverría le hizo enfilar la búsqueda para otro lado.
Así llegó a unos terrenos ferroviarios en Sarandí que alguna vez se los habían dado a Racing, pero como no hicieron nada, los perdieron. La ubicación era perfecta, cerca de la cancha, pero el espacio era un terreno baldío lleno de escombros, ratas y con algunos cirujas viviendo en el galpón que había en el lugar. Eran 7 hectáreas y Marcelo de entrada se convenció que ese era el lugar para que los pibes pudieran tener su cancha para hacer de local. Convencieron a la gente de que se vaya y tomaron el predio. Con el tiempo, sería bautizado con el nombre de Tita Mattiussi, quien fuera en su momento encargada de la pensión de las inferiores.
Después de un trabajo inicial de limpieza para mover los escombros y empezar a despejar el terreno, había que hacer una primera reunión grande para que todo el mundo se enterara de lo que se estaba construyendo. Se necesitaban muchas voluntades y donaciones para seguir avanzando en el sueño. La idea era hacer una choriceada en el lugar y juntar unas 300 personas, Marcelo y el resto ya habían hecho un boca en boca en la cancha para que fuera gente. Entonces, como frutilla del postre, para atraer a la prensa, Betbesé habló con el técnico de la Primera División de un Racing en quiebra: Gustavo Costas.
-Hola Gustavo, necesitamos si podes venir mañana al predio con uno o dos jugadores, decile a Teté Quiroz que es de Racing.
-Obvio, decime la hora y ahí estoy.
-A las 12

Al otro día, tras finalizar la práctica del plantel profesional, Costas le pidió al del micro, que tenía que llevar a los jugadores al hotel de concentración, que se desviara y llevó a todo al plantel al futuro predio. La movida tuvo una repercusión impresionante. El primer predio hecho por los hinchas de un club tenía el apoyo desde adentro de un hincha y un emblema de la institución desde su época como jugador.
El gesto de Gustavo no quedó ahí, a veces le pedía permiso a Marcelo para ir al predio mientras los voluntarios estaban trabajando. Él no se daba cuenta, pero con dos o tres mates que le cebaba a un hincha mientras pintaba una pared le reforzaba las ganas para volver al sábado siguiente a seguir ayudando. Muchos pibes volvían a la casa a contarle a los padres “¿no sabes quién me cebó un mate hoy en el predio?”.
Costas siempre fue un ídolo del club trasladado de generación en generación. Algo mamado por el propio Gustavo desde la casa. El papá Raúl y la mamá Joaquina Angela hacían los chorizos en el predio y siempre iban a dar una mano. Raúl era un voluntario más los fines de semana. Una familia bien de Racing, Joaquina había hecho una bandera en papel crepé en la Intercontinental contra el Celtic. Después de ganar el partido sacaron un tocadiscos a la calle y pusieron las canciones de Racing.

Gustavo se quedaba 3 horas en el predio dando una mano con su presencia y antes de irse pedía perdón: “Stone me voy porque si la síndico se entera que estoy acá me echa a la mierda”. No sería la única vez que pondría en riesgo su puesto por defender a Racing. El 7 de marzo de 1999, Racing debía empezar el Torneo Clausura de local contra Talleres de Córdoba pero la justicia no le permitió jugar el partido, tres días antes la síndico Liliana Ripoll había pronunciado la frase “Racing Club asociación civil ha dejado de existir”. Los hinchas fueron igual a la cancha y Costas fue con los jugadores a estar con ellos. Todos unidos. En las buenas y en las malas mucho más.
Ese día en la tribuna, los Racing Stones vendían unos bonos para juntar plata para pagar la deuda, a cambio te daban una banderita celeste y blanca, que muchos hinchas aún conservan. Ese modelo autogestivo de juntar dinero se usó para avanzar en la construcción del predio. Se creó una cuenta en el Banco Boston a nombre de Gustavo Costas y Fernando “Tete” Quiroz para que la gente pudiera donar desde cualquier lugar del país.
Costas se encargaba de manguearle ropa a los referentes para llevarle al dueño de los supermercados Toledo de Mar del Plata, que era de la filial de Racing en esa ciudad. Gustavo tenía que dirigir e ir a las conferencias con una gorra de Toledo. A cambio el dueño del supermercado recibía plata que Costas le daba entera a Marcelo y era una entrada genuina mensual para el predio. Adonde llegaron a ir a trabajar 100 voluntarios, después de ser 10 cuando arrancaron. Finalmente el Predio Tita fue inaugurado el 9 de julio del 2000 y se les devolvió la localía a las inferiores.
Los hinchas habían creado una mutual para que haya un sustento legal y la llamaron Racing Club Asociación Mutual, de la que Marcelo Betbesé fue su primer presidente. Luis Otero, por entonces periodista de Telenoche en Canal 13, y otros abogados trabajaron ad honorem para gestionar toda la parte del permiso de las tierras. Todos los paraguas eran necesarios porque el Gerenciamiento del club era algo que se veía venir y había que estar a resguardo para que no se apropiara del predio. El estatuto de la mutual decía que apenas Racing dejara de estar gerenciado, la mutual le cedía el predio a Racing Club asociación civil. Algo que efectivamente ocurrió en 2008 con la desaparición de la empresa interventora Blanquiceleste y la recuperación de la democracia.
En 2001, tanto Costas como Marcelo Betbesé, se fueron al exilio racinguista. El 21 de mayo del año anterior, Gustavo dirigió su último partido de su primer ciclo como técnico de Racing en una derrota 0-3 con Lanús. Daniel Lalín ya estaba afuera después de quebrar el club pero operaba contra el DT porque en lugar de los refuerzos que él había llevado ponía pibes del club.
Lalín le había pagado a la barra para que puteen a Costas, pero desde el paravalanchas de los Racing Stones, Marcelo se negó rotundamente a insultar a un ídolo del club. Lo bajaron a las piñas y un conocido de la hinchada lo cubrió justo cuando estaban por darle un puntazo. Al partido siguiente lo entregaron y se lo llevaron preso por una pelea que él no generó. Así dejó de liderar los Racing Stones y dio un paso al costado en la tribuna para darle vía libre a que hagan su camino los chicos que venían creciendo. Así se flexibilizo la tensión con la barra y Marcelo pudo abocarse al trabajo en el predio.
Hasta que fue quedando en minoría luchando contra el gerenciamiento y como sabía que no iba a poder convivir con la empresa en octubre del 2001 se fue a vivir al norte de Brasil, donde puso un bar y empezó una nueva vida. En una de sus vueltas a Argentina, vio que en el Predio Tita habían pintado Blanquiceleste y pidió un tacho de pintura para taparlo. Además quiso que le sacarán una foto haciéndolo para que sepan que había sido él.

Por su parte, Costas volvió como técnico de Guaraní de Paraguay en el partido que se hizo por los festejos del Racing campeón 2001. Fue recibido con aplausos por la gente. Marcelo, a la distancia, dice que no festejó el título, tenía miedo que eso avalara al gerenciamiento y se quedaran 20 años en el club. Su club.
Racing, una pasión inexplicable
Marcelo es uno de los fundadores de los Racing Stones junto a Fernando Romero, se conocieron en un viaje en tren a Santa Fe yendo a alentar a La Academia en la B en 1984 contra Colon. Eran los únicos dos hinchas que habían pagado el boleto. Después estaban unos 40 de la barra que viajaban de colados. Al principio los querían boludear por su look: pelo largo, jardinero, Topper blanca de lona, pulseras casi hasta el codo. A la vuelta el capo de la barra el negro Ramos frenó a su tropa con una frase tan hiriente con sus pares como verdadera: “a los pibes déjenlos tranquilos que se pagan su entrada y su boleto para ver a Racing, ustedes vienen gratis”. Ese viaje inicial marcaría una relación paralela con la barra que pasó por distintos momentos.
Después de renegar con algunos micros que le cancelaron a último momento, Marcelo y Fernando decidieron que tenían que fletar uno propio. El primero fue para ir a Corrientes a jugar contra Mandiyú. A la vuelta del viaje volvieron con la idea de que tenían que hacer una bandera. Varios pibes fueron tirando ideas de frases y Fernando trajo la superadora “Racing una pasión inexplicable”. Además necesitaban un nombre para el grupo y por la onda de la mayoría surgió los Racing Stones.
Fernando Romero comparte el nombre con otro hincha de Racing, el creador de la canción Muchachos sonada hasta en la sopa en 2022/23 con el título en Qatar. El de los Racing Stones también tenía facilidad para crear canciones de cancha. La mayoría de los temas de La Academia de los 90 son suyos y eran repartidos en papelitos en la tribuna. La frase que pensó para la bandera la puso en uno de los cantitos más bellos del fútbol argentino que luego de “Racing es una pasión inexplicable” da paso a describir ese sentimiento como “el veneno que corre en mis venas, que llevo en la sangre, la enfermedad mortal que no quiero curarme”.

Los Racing Stones se fueron ganando un nombre en la tribuna y eran reconocidos por las distintas movidas que hacían. En septiembre del 96, Costas pisó el Cilindro con una camiseta celeste y blanca, pero la de Gimnasia de Jujuy, club donde se retiró como futbolista tras su segundo paso por Racing. Antes del partido recibió varias plaquetas homenaje, pero no pudo contener las lágrimas cuando se acercó a la tribuna del córner, donde estaba la casa de Tita Mattiussi y en el hábitat de la Puerta 10 de los Racing Stones, que le entregaron una plaqueta.
Marcelo y Gustavo siempre conservaron la relación, hasta llegar a ser amigos. Costas desde donde lo lleve su carrera como técnico y Betbesé viajando por el mundo como jugador de póker profesional, siempre mantuvieron el contacto y se juntaban a comer asado cuando coincidían en el país. Cuando Gustavo volvió a Racing como técnico para este 2024, lo llamó a Marcelo para que vuelva al club a dar una mano. Algo que hizo 24/7, como siempre sin cobrar un mango.
Betbesé se ocupaba de generar y aumentar el sentido de pertenencia en los jugadores y los hinchas. Antes del torneo logró que Gustavo pueda hacer un Zoom con todas las filiales del país y tuvo la idea de hacer un banderazo antes del partido con Independiente que llevó a cabo la Subcomision del Hincha. Marcelo estuvo formando parte del staff hasta lo dejaron afuera de la comitiva para el clásico como visitante contra Independiente y se fue a seguir con su vida con el póker fuera del país.
Después de la ida en las semis con Corinthians, Costas lo llamó para que fuera a la final en Asunción, también le escribió Bruno Zuculini para reforzar el pedido. Marcelo les dijo que en un 95% no iba a poder estar por cuestiones de trabajo. Pero le fueron llegando las imágenes de la gente de Racing movilizándose a Paraguay. Y recordó que en aquel viaje fundacional de los Racing Stones a Corrientes, se enteraron que a los días jugaban contra Olimpia, en Paraguay, por la Supercopa y se fueron a dedo con Fernando. Que en la tribuna eran 23, de los cuales la mayoría eran argentinos del Chaco que habían cruzado a ver fútbol. Que se tuvieron que ir del estadio en el micro con los jugadores porque los de Olimpia los querían matar. Habrá recordado cuando empezaron a cobrar los viajes 3 pesos más para tener una caja para pagarles a los que no podían viajar.
Y habrá visto a Gustavo empatizando con la gente. Escribiéndole a Alejo, el hincha de Racing que fue a todas las series de la Sudamericana a dedo y sin entrada. Para la final se la consiguió Costas por intermedio de un periodista paraguayo, país donde es muy querido. Cuando el pibe le quiso agradecer, Costas le retribuyó el agradecimiento por “cuidar a Racing así”. Ese gesto generó un efecto dominó en otros jugadores que le consiguieron entradas a hinchas como Juanfer Quintero y Gastón Martirena. El mensaje que bajó Gustavo desde arriba siempre fue claro: “Vamos todos juntos para llevar a Racing a lo más alto”.

Todo eso le habrá llegado a Marcelo que nadie sabe cómo ni cuándo llegó, pero cuando salió el equipo estaba en la platea de La Nueva Olla con su gorrita negra con la lengua de los Stones en celeste y blanco. Lo vio a Costas entrar cantando “yo te sigo a todos lados, descontrolado” al ritmo de Llegó La Banda de La Acadé. El equipo salió campeón. Emboquen el tiro libre que los buenos volvieron. Gustavo y Marcelo se reencontraron en el hotel en medio de los festejos. Dos emblemas del Racing de los 90, luchador sin límites.
Gustavo meneaba un vaso de fernet que amagaba con rebalsarse pero no caía. Le dio la copa Sudamericana a Marcelo y ambos le dieron un beso para la foto. Después lo abrazó y miraron a cámara de nuevo para inmortalizar el momento que subió a su cuenta de Twitter @stonespoker con la frase: “Sentido de pertenencia. No era tan difícil”.
Lucas Jiménez
Twitter: @lucasjimenez88
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