La máquina alemana lo hizo de nuevo. Cuando están bien no te ganan, te demuelen. Lo sufrió el Flamengo. Lo espera el PSG. Escribe Juan Stanisci.

En el fútbol decir que un equipo alemán es una máquina es como decir que mañana sale el sol o que la pastafrola es de membrillo. Este Bayern Munich de Kompany va en esa línea. La del 7 a 1 de 2014 o el 8 a 2 de 2020. Con los titulares es un tren sin frenos. Una sudestada. Un rayo en el medio de un barrio. El despertador un lunes a la mañana. Bayern Munich es duro e implacable como la vida.

Hace unos días lo comparábamos con el T-1000, el villano de Terminator 2. Alguien podría decir que al final el T-1000 es derrotado, que entonces tan picante no era. Y es cierto. En este Bayern Munich la posibilidad de la derrota son Upamecano y Tah. Defensores con nombre de golosina. Si existen chances de romper la Matrix, es porque la soberbia de Sané es de amianto y erra goles como si no le importaran. Los villanos no son solo la posibilidad del mal. Son la posibilidad de ganarle y restaurar el orden del universo.

Cuando están bien no te ganan, te demuelen. Desde la presión y la capacidad de combinar sin errar un pase. No es solo precisión europea en los botines Kimmich, Kane, Goretzka y Laimer. Es Olisse gambeteando como un caballo de ajedrez. Es Coman y su cintura tercermundista. Son las gambetas de terciopelo de Musiala.

Bayern Munich lleva 16 goles en cuatro partidos. Le toca un cuadro complejo: PSG y en el horizonte Real Madrid. Flamengo intentó ser el más poronga de esta copa y se quedó como Walter con el fierro atascado. Al menos hasta la final, no será un sudamericano el que le pare el carro a Harry Kane y compañía. Illya Kuriaki tiene una canción llamada «Demolición». No habla de equipos alemanes ni mundiales de clubes pero dice: «Cruzar es un sueño. Si el mar es de acero».

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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