Volvió el Mudo Vázquez, un futbolista que parece salido de otro tiempo, uno con menos ruido y estridencias que este. Un enganche silencioso, con una sintaxis particular y una música propia. Escribe Bautista Prusso.
Así como Piazzolla partió el tango en compases de tres dos, ¿hay quienes parten el tempo del fútbol? ¿Por qué llevar todo el tiempo la vida hacia otra época? Quiero un compás nuevo. Esta es una nota para cualquiera sensible a la partitura del sentimiento.
Un poeta blanco, un torero caucásico. Es como si sus poemas respiraran con comas poco sintácticas. Si el mudo se propusiera escribir poesía, cortaría los versos de su fútbol de forma tan impredecible en la que se perderían todos, salvo él. La prosa desordena para después acomodar el desparrame. Ahí, suelta la zurda y sacude.
Es 2007, recién arranca a correr Youtube, un Messi de veinte años le regala el primer hattrick al equipo catalán, Riquelme conquista América y la inflación anual es de ocho coma cinco. En la B Nacional, con dieciocho años, asoma un tal Franco Vázquez. Belgrano y el descenso directo; compite con los grandes e históricos del ascenso, cambia de técnico y pierde el clásico con la T con gol del Memo Borghello.

Con respecto a la sintaxis dice John Cage que tiene una posición tomada: necesitamos liberarnos de ella. Considera necesario que las palabras (ideas) floten y adquieran relaciones particulares entre sí solo en las mentes individuales y de manera momentánea (como el juego de la luz del sol a través de los árboles). Una sintaxis fija implica una mentalidad monárquica. Eliminemos la sintaxis se dicen el mudo y Cage.
Son cuatro los años que Vázquez gambetea en Córdoba. El 10 de diciembre de 2010 la historia le presenta un protagonista entrañable: Zielinski es el invitado a la carrera de un cordobés con hambre y talento. Con audacia de caudillo, el ruso sabe que esa posición ya extinta es necesaria para esa personalidad. Pienso y busco en el diccionario todas las palabras que pueden aplicar al caso: mediapunta, falso nueve, enlace, interno, suelto, lanzador, creador, diez, mediocampista ofensivo, armador, enganche.
Podemos imaginarnos un enganche synth-pop o new wave. Hay una elegancia fría, un glamour melancólico, triste y hasta un tanto distante. Podría bailar con gesto sobrador una melodía de Depeche Mode en un antro. Enjoy the silence por el mudo en los teclados. Toca la pelota con ese mismo minimalismo, esa simpleza. Words are very unnecessary, they can only do harm (las palabras son muy innecesarias, solo pueden hacer daño).
Vázquez desentraña el laberinto de la arquitectura despareja del fútbol, que oscila entre la nostalgia de los años noventa, la vulgar evocación a correr y meter como garantía de no sabemos qué, todo esto controlado por un chip y la tediosa necesidad de que algo suceda. De todo laberinto se sale con más tiempo, si es en silencio mejor. Una oda humilde y cordobesa para resolver embrollos, sacarse temas de encima, despejar papeles del escritorio.
De chango, en Belgrano, el cuarteto sonaba en su vereda. Nunca le apuró el pulso que sale de esa mezcla entre tarantela y pasodoble; el compás de dos en cuatro no lo baila bien. Ya se notaba su perfil lánguido, en contra de la urgencia; sutil, flaco y delicado como Moura, a la vez una potencia sensible, concreta y gráfica como Sokol.
La disciplina y el rigor le proponen formas, tensan el cómo, el por qué y el cuándo. Los brazos abiertos de un Cristo cordobés clavado en la cruz pirata para siempre; no puede hacer otra cosa que estetizar su relación con la pelota. Hay una libertad, una forma de ser y hacer: un ángel mudo, es la existencia misma del carisma frágil sin dejar la osadía.

No es todo una derrota digna. Ascenso con Belgrano en 2011 y Europa League en 2012.
Leo una nota que me gusta y me permito citar con algún comentario: El sistema de fútbol actual organiza, filtra y optimiza tanto que destruye la posibilidad misma de un juego creativo. La instrumentalidad organiza los significados, la sensibilidad lo crea. Cuando la organización, la táctica, la estrategia, se vuelven excesivas, el mundo o el potrero se pudren. En esa pudrición, reaparece una señal débil: una nueva intuición, una sensibilidad diferente. Y el ciclo comienza de nuevo cuando aparecen los Vázquez.
Sueco por apariencia, Italiano por convicción, no parece mostrar fisuras en su temple de hacer carrera. Es una carrera de tiempo, no de velocidad, pareciera decir. Palermo, Rayo Vallecano, Sevilla, Parma, Cremonese. Elige equipos bajo perfil donde prima la táctica, una cierta periferia, donde se permite el fracaso pero también los despegues de jugadores con poca prensa.
¿Qué queda entonces? Organizar un flujo inestable, poco claro, ¿esquizofrénico? Venimos de una cultura futbolística que es la picardía, dice el técnico campeón del mundo. El entrenador es el potrero mismo. Sacarse jugadores de encima, tirar un caño, buscar una pared. Si los vamos manejando con joystick es un error, sentencia Scaloni.
Como en otra época curadores, pintores, payadores, estetizaban y daban forma a su disciplina, y a su realidad; los enganches como Vazquez vuelven más bello lo precario. De las piedras sacan agua, y vuelven sublime lo mundano, quizá exagerando, buscan la forma más humana que tenemos de acercarnos a lo divino o lo sagrado.
Hace un tiempo que los compilados que te cruzas mientras scrolleas “X”, nos vienen curando, en dos o tres minutos, los partidos de fútbol.

Virginia Higa dice sobre los suecos: “Una cena familiar perfectamente normal puede incluir largos minutos de silencio(…). Es evidente que no los incomoda estar callados, que están a gusto con el aire vacío a su alrededor.” No hablar en la cancha sería desmarcarse, evitar el ruido, donde hay hueco, hay silencio.
Si lo vemos jugar, no regala un pase si no está seguro de ser sincero. La pelota la cubre con las alas planeando. Está en un ángulo distinto. Rebelde y pausado, muchacho de oficina, escritorio, de escenario y detrás de cámara. Es un fútbol de honestidad brutal. Se toma en serio el deporte y su poética. Se ven destellos de actitud, sofisticado, blanco, criollo-europista con ritmo, cercano y profundo.
No sabemos si el Mudo camina con auriculares y suena Depeche Mode, Héroes, Moon Safari o el disco In a silent Way de Miles Davis. Mudo Vázquez: todos piensan en Le Pera. Perdona si al evocarte se me pianta un lagrimón que, al rodar por tu balón, es el beso prolongado. Gardel y el futbolista de Belgrano. Tienen el apodo que comparten por esa manía de ironizar con los charlatanes o burlar a los timoratos.

En el fútbol y en general en la vida necesitamos un tiempo para estar en silencio pero no sabemos estar solos y en silencio. Aprender sería terrible, porque tampoco aprendimos a aprender. Solo sabemos escapar hacia adelante, cambiar de canal, putear a Tapia y no encontrar nada. Nos indignamos. Un zapping infinito de repeticiones y jugadores corriendo para todos lados. No sabemos dormir: solamente rendirnos al sueño o medicarnos. Ponemos Azzaro. Nunca sabemos si hablamos en serio o en broma.
Pasaron cuatro fechas y tardamos dos jugadas en darnos cuenta de que nuestro amigo está intacto, atrevido e interesante como siempre; sigue evolucionando en la mente y el alma de los sobrevivientes del buen fútbol.
Bautista Prusso
Twitter: @prussismo
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