Huracán 94: las gambetas de Morales, la cabeza de Delgado y los goles de Pelletti

Esos equipos que no pudieron dar la puntada final, que fueron vencidos por otros mejores o que, simplemente, llegaron hasta ahí: eso son los segundos. Queremos valorar el camino, lo que lograron. Sin ponderarlos pero tampoco defenestrándolos por el simple hecho de no ser campeones. Hoy repasamos el camino de Huracán en el Clausura 1994. Escribe Federico Cavalli.

A finales de 1993 se cumplían 20 años del último título de Huracán. El club había pasado por su primer descenso y el equipo de fútbol estaba rearmándose después de un año difícil, donde habían vuelto a jugar copas internacionales después de casi dos décadas: la copa Conmebol. Corto trámite, fueron eliminados en octavos de final, en el arranque del campeonato.

En la serie enfrentaron a Peñarol de Uruguay. En la ida vencieron los charrúas por uno a cero con gol de Gustavo Ferreyra, hoy director técnico sub-20 de los orientales. Ese día debutó uno de los últimos ídolos del aurinegro: Antonio “Tony” Pacheco, quien jugó 461 partidos en el club, siendo el segundo hombre que más clásicos contra Nacional disputó, con 60.

En el partido de vuelta arrancaron ganando los uruguayos con gol de tiro libre de Gustavo Rehermann tras un desvío en la barrera. Huracán llegó al empate a falta de ocho minutos con gol de Walter Pelletti. No alcanzó. Fin de la aventura internacional. Peñarol perdió en la final contra Botafogo, pero antes eliminó a San Lorenzo en semis.

En la fecha 14 del Apertura 93, tras la salida de Enzo Trossero de la dirección técnica, Héctor Cúper haría su debut en el cargo, a poco más de un año de retirarse en la institución. El ex jugador del club, con ascenso incluido en 1990, arrancó mal: 0-5 con Platense. Pero en los siguientes (y últimos) cinco partidos del torneo ganó dos y empató tres.

Para el Clausura, Cúper mantuvo la base y el equipo pronto encontraría el once ideal para explotar la idea de juego: mucho movimiento, subida de los laterales, volantes creativos que juegan y hacen jugar y delanteros potentes y con efectividad. Pero al principio del campeonato fue difícil.

Comenzó con un empate en dos contra Gimnasia de La Plata de local, tras ir ganando dos a cero. Luego cayó contra Boca en la Bombonera. El equipo de la Ribera tenía un ataque increíble: Márcico, Carranza, “Manteca” Martínez y “Polillita” Da Silva. Arrancó con el traje de candidato, pero terminó séptimo.

En la tercera fecha llegó el primer triunfo, muy importante por el rival y por la condición: uno a cero contra Vélez en Liniers.  Apareció la magia de Victor Hugo Delgado para recibir una pelota con el taco, acomodarla para la zurda, puntearla contra el segundo palo y salir a festejar. Gol, pelos al viento y beso a la camiseta. 

El 10 de Huracán, ese correntino que tenía por entonces 26 años, había vuelto seis meses antes de una aventura futbolística en Grecia en OFI Creta y Panathinaikos. Había debutado en la B y subido en el ascenso de 1990. Con sus pelos largos, él era la carta del Globo de la mitad para adelante. Con velocidad, precisión y manejo de pelota, el mediocampista era quien comenzaba los ataques.

Sus socios fueron el uruguayo Walter Pelletti y Huguito Morales. El primero, delantero potente y goleador, era quien tenía la responsabilidad de la puntada final. El segundo, que jugó en un nivel altísimo que lo llevaría a brillar en Lanús y jugar en la selección, era la gambeta por derecha y hacia el medio, el de la pelota parada, la potencia y hasta el gol.

Volviendo al campeonato, en la cuarta fecha empató en cero con River y en la quinta se trajo un gran triunfo de Salta: venció a Gimnasia y Tiro por uno a cero con gol de Pelletti a los 40 del segundo tiempo. Esa noche las manos de Marcos Gutiérrez mantuvieron el cero en el arco del Globo con varias atajadas.

Después de dos derrotas en la sexta y séptima fecha contra Belgrano y Newell’s  comenzaría el invicto que lo llevó a pelear el torneo hasta el final. Aquella derrota en Rosario a principios de mayo sería la última hasta la fecha 19. En un campeonato que otorgaba dos puntos por triunfo (en el siguiente pasarían a valer tres), el Globo sumó en once partidos seguidos.

El primero fue en la fecha ocho contra Ferro. Triunfo trabajado con gol de Flores: una volea al arco que se le escapó al Mono Burgos. El equipo de Caballito era muy complicado a mitad de los noventa. El Globo llegaba a ocho puntos y se ubicaba decimotercero en la tabla.

En la siguiente fecha, venció a Lanús por tres a dos, con una gran actuación de Delgado quien participó en los tres goles. Desborde y asistencia en el primero, intervención tras un córner para que Corbalán convierta el segundo y cintura con amague para que le cometan el penal que Pedro Barrios transformaría en el tercero.

También sería importante en la victoria contra Racing en el Ducó por uno a cero: centro para que Barrios gane de cabeza. Esa tarde participó de casi todas las jugadas de ataque y en muchas arrancó él desde atrás de la mitad de la cancha. Así logró que La Academia se quede con diez por expulsión de Vallejos: el karateca hizo honor a su apodo tras enfrentar la velocidad del correntino.

Después vendría un tres a uno contra Estudiantes, que buscaba no descender, cosa que finalmente no conseguiría. A los de La Plata los dirigía Enzo Trossero, ex Dt del Globo y tenía jóvenes jugadores que después serían ídolos, como Palermo, Calderón y Verón. El Pincha intentó buscar el gol pero entre Marcos Gutiérrez y el juego asociado del equipo, la victoria se fue para Parque Patricios.

El segundo gol del Globo ese día fue una obra maestra de cómo jugaba ese equipo: jugada que arranca a toda velocidad en la mitad de la cancha, pared entre los volantes mientras los delanteros arrastran marcas y excelsa definición del alma del equipo: Delgado se la picó al arquero pincha. Con la diferencia a su favor, Huracán mataba de contra.

Luego vendría el clásico, que sería una alegría gigante para el equipo de Parque Patricios, quizás la mayor de todo el torneo. Esa tarde se puso la pilcha de candidato, jugó mejor que su rival y mereció ganar claramente. Huracán llegaba puntero junto a varios equipos, San Lorenzo segundo, un punto atrás.

Sería el último triunfo de local frente a los cuervos hasta el Apertura 2000, teniendo en cuenta que en los años 98 y 99 todos los partidos se jugaron en el estadio Amalfitani por los incidentes del 97, donde antes de comenzar el partido asesinaron a Ulises Fernández, un joven hincha de Huracán.

Esa tarde del 5 de junio arrancó con un gol de Flores de cabeza, tras un gran centro del Cabezón Marini, que manejaba el centro del campo pero a pura potencia pasaba al ataque. Antes de finalizar el primer tiempo, tras una tonta infracción de Corbalán al Bocha Batista (hoy Director Técnico del sub 20 y 23 nacional), Carlos Netto empató el partido.

En el segundo tiempo Huracán fue a buscar el triunfo y lo encontró tras un centro de Hugo Morales y una falta a Delgado. Castrilli cobró penal y Barrios, quien fue la figura de ese partido, lo metió con un toque suave, arriba, a la izquierda de Passet.

El equipo sintió la responsabilidad de pelear el campeonato y se frenó. Dos empates en uno le seguirían al clásico. Primero de visitante contra Español y luego con Platense. A pesar de estos resultados, el Globo estaba puntero junto a Independiente.

El torneo se paró por el mundial de EEUU. Retornó a principios de agosto. En la fecha 15 Huracán se trajo los dos puntos de Corrientes al ganarle al Mandiyú de Hugo Lamadrid, una tarde fría donde Walter Pelletti marcó dos goles, el segundo de tiro libre desde un ángulo imposible, y se llevó todos los aplausos.

El equipo sintió el parate, venía en un gran ritmo y tuvo que luchar para retomar el nivel. Con la seguridad defensiva y volantes marcadores como Roger Morales y Claudio Marini que mordían y jugaban, el trabajo de los atacantes era más fácil.

Independiente y Rosario Central no le perdían pisada y el Globo afontaba el final del campeonato con los once casi de memoria. En la 16, Rosario Central visitó el Ducó. Pelletti marcó el gol del triunfo en una imagen de época: jugada de Delgado, con zancadas y saltitos, la pelota picando exageradamente por el pésimo campo de juego y frente al arco el toque final del uruguayo.

El viernes 12 de agosto enfrentó a Argentinos Juniors en Mendoza, donde el Bicho hacía de local por un acuerdo para fomentar la plaza del interior. Arrancó ganando con gol del Guapo Flores, pero Polo Quinteros y Ortega Sanchez pusieron arriba a los locales. Sobre el final del partido, Couceiro, defensor central, empató en posición de delantero centro. La movilidad y una defensa que se animaba a pasar al ataque eran una carta más para el equipo de Cúper. Fue empate en dos para quedar un punto arriba del Rojo.

En la anteúltima fecha fue sólido y venció a Banfield  por dos a cero. Como le pasó también en Clausura 2009, una fecha antes del partido final el equipo mostró su mejor cara, su madurez. Con la cancha a reventar, los dos arqueros (Comizzo y Gutiérrez) fueron figura, pero el Globo sentenció con goles de Pelletti y Barrios de penal, tras corrida de Delgado e infracción de Donato.

Así llegó Huracán a la última fecha, que fue una final para ese campeonato, como en el 2009 el primero contra el segundo. Un punto arriba de un gran Independiente, que venía con un sprint final muy bueno.  La polémica de la reja que dividía la tribuna visitante en dos fue lo más hablado en la previa. Mitad de tribuna para los hinchas del Globo, que con caravana desde Parque Patricios llenaron ese espacio.

A la hora del fútbol, el equipo de Cúper no estuvo en la cancha. Quizás fue la convicción de los jugadores rojos, el temor de algunos jóvenes de Huracán, la presión de saber que con un punto eran campeones, o todo junto. Independiente le quemó los papeles y lo goleó cuatro a cero. Derrota dolorosa para un equipo que no perdía desde la séptima fecha y estaba jugando de maravilla.

Independiente fue un justo campeón, lo demostró en esa tarde de agosto donde borró a su rival. Aunque no quedan dudas que todavía se recuerda el pelo largo de Delgado flotando en el aire, los amagues de Huguito, los gritos de gol del uruguayo Pelletti y la presencia de Barrios. Porque ese Huracán fue segundo y fue un gran equipo, es por eso que no podemos olvidarlo.

Federico Cavalli

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