La convivencia con la falta de una explicitación política es justa hasta que la definiciones salen por la tangente. Tantas veces tuvimos el debate sobre si toleramos, si es que tenemos esa atribución, que los jugadores de una selección no dispongan de su figura y reconocimiento para apoyar causas populares, lo que puede estar equilibrado hasta que sostienen lo contrario y se dan la mano con el mayor asesino del orden mundial.
Hay imágenes que no pueden edulcorarse. Y mirá que uno quisiera poder pensar de otra manera pero no hay rumbo: es imposible desconocer el daño a los oprimidos que realiza día a día Donald Trump, entre otras cosas porque el propio presidente de los Estados Unidos así lo quiere. No gasta ni pólvora en ataques ni discursos lindos para disimular atrocidades. Si quiere el petróleo dice que quiere el petróleo. Si quiere muerte dice que quiere muerte. Demasiado cerrado debería ser el círculo de Messi para no levantar la perdiz con esa situación.

Una foto puede ser protocolar: nadie es capaz de atrubuirle kirchnerismo o macrismo a Messi por sus explícitas fotos con los dos mandatarios de la Argentina. Pensar que esta ilustración en la que Trump interrumpió su impronta bélica en forma de TEG en el Salón Oval para rendir pleitesía a un equipo campeón de la MLS suena muy difícil de disociar. ¿Messi quiere las bombas en Irán? Nadie podría afirmar la aberración, pero el apoyo implícito a generar una situación romántizada con el Darth Vader del mundo no es menos profunda por eso.
Priorizar una imagen comercial con un guerrerista como jefe de marketing hace lejana e imposible la sensación de indiferencia.
Messi es, sigue siendo, la nuestra. La gambeta criolla, pícara y valiente, plasmada en historias deportivas de resiliencia y superación de la adversidad. El gesto tiene que ser condenable y condenado no solamente por la imagen, sino por la justa asociación de los valores impregnados por una figura a su socio del acto. Con Trump ni a la esquina. No en nombre de la nuestra.

El fútbol es un botín de mensajes políticos. En manos de la reacción es sinónimo de de ese muro que tapa la represión. Se aparece como un tipazo el que asesina niños iraníes sin estupor ni disimulo. No hay protocolo que aguante.
Si Messi quiso disociarse de Maradona y darles la razón a aquellos que lo denostan en comparación a Diego, hay que decir que el objetivo le salió perfecto. Florecen los recuerdos de Maradona contra Bush y a favor de los pueblos oprimidos.
No debe haber peor contraste. Diego tuvo la mano de dios. Messi hoy le dio la mano al diablo.
Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez
Texto publicado en conjunto con Revista Meta-sentidos en juego.
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