Sonríen la geopolítica y la bocha. Aparte del morbo por la presencia Iraní en territorio yanqui, anoche hubo más motivos para quedarse prendido a una pantalla un lunes de fase de grupos. Negar la política en un partido de Irán es tapar una guerra con los diarios, el sol con las manos y a Dios con un resultado. Ayer nos regalaron un fútbol aguerrido y valiente, una jornada que prometía más rosca que camiseta.
Si la muerte en una guerra tiene la posibilidad de transformar sentidos y evocar un sentimiento común, el fútbol puede sublimar una amargura. La tradición bélica con el deporte es una historia que sigue zumbándonos de cerca desde la guerra fría a esta parte. Un televisor puede mostrar bombardeos, tiros o goles y el impacto es parecido.
-Ha vengado al gran pueblo Argentino, oprimido por las innegables imperialistas en Malvinas. Es un genio. (Fue la Mano de Dios, Paolo Sorrentino)

Cuando se tiñen de humo negro las ciudades, explotan hospitales y se amenaza con la destrucción masiva, se pueden hacer dos cosas: tomar partido o dar testimonio. Los herederos del imperio Persa vieron en vivo su bandera islámica, una novedad que estuvo en los ojos del mundo. Desde 1979 que la revolución islámica corta con la tradición de la bandera del leon y el sol, asociada a la Irán del Sha. Los opositores del gobierno actual y defensores del viejo régimen llevaron tela en vez de comida y cosieron el escudo prohibido. La bandera prerrevolucionaria del león y el sol, proscrita por la FIFA como mensaje político apareció en HD en los canales de todo el mundo. Una interna a cielo abierto ¿La revolución será televisada? La costura se terminó de sellar en el minuto 18 del ST con el cabezazo letal de Mohebi.
¿Hay una respuesta a la cuestión bélica? ¿Hay venganza en un partido? ¿Esta en juego el honor? ¿Es necesaria para irán una victoria? ¿Hay que denunciar esto o solo analizar fútbol?
El mundial pasado el silencio fue el idioma de los iraníes con el himno de su país. Ayer en las tribunas de Los Ángeles un trapo iluminó las 168 niñas y niños muertos en el bombardeo sobre la escuela primaria de Minab. Los jugadores con el corazón en mano fueron a regalarnos una de las fotos del año. Sonó el himno y apareció Clausewitz para recordarlo que se pone en juego: la continuación de la guerra por otros medios.

El fútbol es la mentira más verdadera que tenemos, podría decir Godard. La mezcla ambigua de aplausos y silbidos durante el himno iraní es el termómetro que se necesita del mundo de hoy. Recibimiento Multipolar en campo minado. Enemigos y amigos conviviendo en la misma tribuna, separados por décadas de exilio y desesperación.
Podríamos trazar una genealogía malvinera, el conflicto serbio, Bolivia y Perú por el mar, etcétera. Pero lo trascendente no siempre es lo importante. El fútbol que desplegaron ambos equipos lució por su despliegue físico y táctico: intenso, de ida y vuelta, sin regalos. La retaguardia es lo más flojo de ambos hasta ahora. Los All Blacks del fútbol estuvieron más cerca con algún destello de juego pero no alcanzó.

Lo que estaba en juego otra cosa, fue una batalla espiritual. Una colonia británica contra el imperio persa, más de 200 años, la muerte del Sha cerca.
La bestia pop del encuentro corrió a cámara y frenó para tirar tiros al cielo. Mohebi gritó fuerte el cabezazo que sellaría el dos a dos digno de un Irán roto, durmiendo afuera del país, negociando fútbol por goles.¿Qué tal te va humano roto y mal parado?
Bautista Prusso
Twitter: @prussismo
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