Matías y Marcelo

Con el mar Mediterráneo de fondo, el verano del 2011 en el municipio español de Torremolinos tenía, como toda temporada turística, bastante trabajo. Es cierto que, en plena crisis económica europea, la cosa estaba complicada, pero la exigencia del horario laboral seguía estando presente.

Por eso, cuando el teléfono sonó en la joyería, él respondió con su habitual seriedad, dispuesto a atender al cliente. “Accsessori, buenos días”, exclamó, con las ganas de siempre de formalizar una venta. Pero, del otro lado del teléfono, la voz era clara, fraternal y amistosa. No hay otra explicación para alguien que lo llamaba con el apodo de “Willy”.

“Ah, ¿Qué hacés Willy?” (Vaya uno a saber porque cada uno llama al otro de la misma forma). Efectivamente, un amigo de la infancia estaba allí. Y, lejos de ser un cliente, venía nada más y nada menos que a ofrecerle otro trabajo. “Me ofrecieron ser técnico de Nacional (de Uruguay). Venite ya que voy a agarrar”, le dijeron desde lejos pero bien al oído. En ese momento dudó y balbuceó. “Mira, tengo empleados, no me puedo ir de un día para el otro”, y frases así de una persona que quiere decir que sí pero por los avatares del mundo y por haber estado alejado de las canchas por 10 años tiene miedo. Desde el otro lado del teléfono se la hicieron fácil y decidieron por él, cortando esa voz intrascendente que no se define. “Te espero mañana en Buenos Aires. Chau”.

Matías Biscay, ex jugador de fútbol, recibido de técnico y dueño de una joyería en España, no sabía que iba a ser de los pocos privilegiados en ser campeón de la Copa Libertadores como jugador y DT y que sería el técnico que más Copas Libertadores iba a dirigir en su amado River. Pero sí sabía Biscay, en pleno verano europeo, que iba a decir que sí a la oferta, que a los dos días iba a estar en Buenos Aires para planificar y que empezaría a trabajar, como siempre soñaron, en la dirección técnica junto su amigo de toda la vida Marcelo Gallardo.

Matías Biscay nació el 5 de marzo de 1974 en San Fernando, en la Zona Norte del Conurbano Bonaerense. Fue marcador y volante central y jugó en River, Huracán, Lugano (Suiza) y Santiago de Compostela (España) entre 1995 y 2001. Tuvo 48 partidos en la Primera División del Fútbol Argentino y convirtió 7 goles (todos en Huracán). Actualmente es ayudante de campo en el cuerpo técnico de Marcelo Gallardo en River. Es hijo del ex árbitro Juan Carlos Biscay.Biscay

Su carrera futbolística se caracterizó por ser accidentada. De arranque, su debut en Primera División debió ser postergado ya que, en una gira con la selección sub 20 de Argentina en 1993, golpeó a un árbitro y eso le valió dos años de suspensión. A su vez, Biscay se retiró muy joven, a los 28 años. Entre el 2001 y el 2011 se alejó del futbol, convirtiéndose en un pequeño empresario de joyas en España. Eso se terminó cuando comenzó a ser asistente técnico de Gallardo en Nacional de Uruguay.

Su vocación por la dirección técnica se expresaba, igualmente, desde muy joven. En sus dos años de suspensión, Héctor Pitarch, uno de los coordinadores de las divisiones inferiores de River, le pedía que le diera una mano con los entrenamientos de los chicos jóvenes que recién hacían sus primeras armas en la institución. A su vez, ya empezaba a dirigir a un equipo amateur llamado “Flamengo” en San Fernando.

En Huracán siempre se quedaba hasta más tarde en los entrenamientos, porque era el encargado de la pelota parada. Una tarde de 1997 le dijo a su DT, Oscar López, que con un amigo de la infancia tenía pensado un futuro: “Con Gallardo vamos a ser técnicos”.

Un colectivo suele transportar gente diversa, que en general no se conoce entre sí. Casi como si fuera un lugar despersonalizado. La gente que llega, por ejemplo, al microcentro posiblemente nunca se mire a la cara ni se interese de la vida o del futuro cercano de la persona que se sienta o se para al lado.

Bien distinto es, no obstante, cuando un colectivo llega siempre a un lugar al que un día de semana no va mucha gente. O quizás sí mucha gente, pero específica. Gente que va a un lugar particular. Y el 28, llegaba al lugar más particular de todos los lugares particulares: El Monumental.

Allí, como en las divisiones inferiores, Matías Biscay y Marcelo Gallardo empezaron a conocerse. El defensor es dos años más grande, pero cuando terminaba “la 74” se quedaba a ver a la categoría 76 en la que el Muñeco, joven y con rulos, ya brillaba. “Soy amigo de Matías Biscay, que juega en Huracán”, diría un pequeño Muñeco en una de sus primeras entrevistas como profesional para la señal Todo Noticias.

El 28 y los pasillos del Monumental hicieron crecer una amistad que se profundizaría porque el Muñeco, muchas veces, no podía volver a su casa en Merlo y se quedaba en la de los Biscay. Incluso el  padre de Matías llegó a ofrecerle directamente irse a vivir a su casa de San Fernando, pero, días después de la oferta, el club le daría a Marcelo un departamento propio. En aquellas épocas, los dos se hicieron amigos de Hernán Buján y César Zinelli, actuales partícipes del cuerpo técnico de River.

La amistad siguió con los años, al punto de que un día de 1999, Biscay se fue de Suiza hasta el principado de Mónaco solamente para recibir a su amigo, que emigraba al fútbol francés. Como si se encontraran por la calle Lidoro Quinteros arriba del 28.

“Con el pibe no te metas”, se escuchaba la voz dura desde atrás. Era una escena recurrente: Jugaba la reserva de River y al pequeño Gallardo le pegaban duro. Desde atrás, salía rápidamente a defenderlo Biscay, de porte alto y duro andar. Matías era amigo personal del Muñeco y no se bancaba que le peguen. Así, se ganó un mote gracioso de guardaespaldas.

Biscay cuida a Gallardo en todas sus facetas. Según cuenta Diego Borinsky en el libro Gallardo Monumental, ese rol sigue hasta nuestros días. Tal es así, que en la primera final de la Copa Libertadores del año 2015, Biscay le advirtió a Gallardo que uno de los árbitros era el mismo con quien el Muñeco había tenido un altercado en un partido en Perú, contra Juan Aurich, por la primera ronda del mismo torneo. “¿Por qué no vas y lo saludás?”, le dijo, pero Gallardo no hizo caso. Ante la primera protesta, el técnico fue echado, y Biscay estuvo triste porque no había podido actuar bien de guardaespaldas.

Gallardo en la cabecera. Buján a la derecha y Biscay a la izquierda. Así forma el cuerpo técnico de River cada vez que van a comer. Con esa rigurosidad dirigen. Biscay al lado del Muñeco y Buján, en general en el palco, con una Tablet estudiando movimientos y estadísticas, partido a partido. Se juntan, con el resto del equipo, de la mano del “Míster” Gallardo a planificar toda práctica. El Muñeco les recomienda libros de Guardiola. Cada mañana leen todos los diarios.

Tienen, por semestre, un calendario en el que marcan todos los partidos, con colores diferentes según la competencia. Un cuaderno muestra la lista de todos los cumpleaños de los jugadores, el cuerpo técnico, los utileros, los masajistas, los cocineros. Al ya nombrado periodista Diego Borinsky le preguntaron si pensaba que Biscay podía alguna vez ser técnico. Si bien no lo descartó, el periodista (que fue quien más los conoció en su intimidad) fue contundente: “Con Gallardo y Buján los veo unidos para siempre”.

La lluvia era incesante. Los charcos hacían parecer que el campo de juego era la laguna de Chascomús. Vaya uno a saber porque interés dirigencial, político o televisivo el partido igual se jugaba. Claro que “jugaba” era solo una forma de decir: la pelota, literalmente, no rodaba. El rival ganaba uno a cero con un jugador de menos. Entonces, Matías lo llamó y le propuso una locura, más o menos de la siguiente manera. “Pongamos a Germán de 9”, sorprendió.

El técnico dudó, pero confió en su amigo de toda la vida. Así, Germán Pezzella entró desde el banco para jugar de centrodelantero. Fue al área y empató el primer superclásico de la era Gallardo en River. El muñeco miró a Biscay y lo abrazó, como diciendo “es tuyo”. Tenía razón.

Con Biscay pasa algo curioso. Con la suspensión de Gallardo para la segunda final de la Copa Libertadores del 2015 y la misma sanción para los encuentros últimos de la edición 2018 del mismo torneo, Matías se convierte en el primer y único técnico en la historia de River en dirigir dos finales de Copa Libertadores distintas. Renato Cesarini (1966), Ángel Labruna (1976), Héctor Veira (1986), Ramón Díaz (1996) y el propio Marcelo Gallardo (2015) solamente se sentaron en una serie final y no pudieron repetir.

Pero los galardones desconocidos de Matías allí no terminan. Según cifras oficiales, solamente ocho personas ganaron la Copa Libertadores como jugadores y como técnicos. Los mismos son Humberto Maschio, Roberto Ferreiro, Luis Cubilla, Juan Martín Mujica, José Omar Pastoriza, Nery Pumpido, Renato Gaúcho y Marcelo Gallardo. No obstante, las cifras se equivocan. Los que tienen ese logro no son ocho, sino nueve.Biscay dt

El tema es que Matías Biscay, aunque casi nadie lo sabe, salió campeón de la Libertadores de 1996 con River. Estuvo N° 25 en la lista de buena fe y fue al banco en un partido de la primera ronda contra el Caracas. Eso, sumado a la ya mencionada final contra Tigres en 2015, ubica a Biscay como el noveno ser que ganó el torneo continental más importante a ambos lados de la línea de cal.

Gallardo mira desde el televisor en la concentración de El Monumental. El capitán dice: “Hermanos Como siempre adentro de la cancha ehh”. Los 10.000 kilómetros que separaron Buenos Aires de Torremolinos cuando esta historia comenzó no eran nada al lado de los 16,6 que esta vez los alejaban. Los jugadores se daban aliento, hablaban, se abrazaban y se saludaban. Adentro del campo de juego, en el banco de suplentes los espera Biscay. Salen y se forman los once en el arco que da a la “Casa Amarilla”. Tienen que jugar la primera final de la Copa Libertadores 2018 en la Bombonera.

Santiago Núñez

 

 

 

 

 

 

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