Camino a la gloria (efímera)

Hace 18 años comenzaba la versión futbolera de los reality show. ¿Qué fue de la vida de los tres finalistas? Escribe Lucas Jiménez.

Hubo una época que la televisión argentina nos bombardeaba con reality shows de todos los colores. El fútbol no fue ajeno a esto y tuvo su correlato mediático con el programa Camino a la Gloria. Fue en 2002 y en 18 años hubo más olvido que gloria para los participantes. Aquí un repaso sobre la carrera futbolística de los finalistas.

Los 12 mil chicos que se acercaron al Campo Argentino de Polo el sábado 12 de julio de 2002 tenían un sueño en común: ser futbolistas profesionales. Esa fría mañana se realizaron las pruebas de selección de los cuales quedaron 2.500 chicos para un proyecto. Pero en realidad no se trataban de pruebas, ni de proyectos, sino de casting y rating. Porque el organizador de todo esto era la productora Cuatro Cabezas que tenía entre manos un reality show de fútbol cuyo nombre era “Camino a la Gloria”.

Esos 2.500 que pasaron la primera fase se redujeron a 400 y luego el filtro se fue haciendo cada vez más angosto hasta que quedaron 42 seleccionados. Los participantes del reality futbolero fueron examinados por un jurado integrado por Roberto Perfumo, Carlos Mac Allister, José Basualdo y Javier Castrilli. El programa era conducido por Mario Pergolini y fue transmitido por Canal 13. Arrancó los sábados a las 21, pasó a los viernes a las 23 y terminó los lunes a la misma hora. El ganador tendría como premio una prueba en el Real Madrid, un auto y una suma considerable de dinero.

Los finalistas fueron: Aimar Centeno, Santiago Fernández y Alexis Luna. El ganador fue Centeno un chico de Agustín Roca, un pueblo de mil habitantes de la provincia de Buenos Aires que queda a unos 15 kilómetros de Junín. Aimar, antes de Camino a la Gloria jugaba en la Escuela de Fútbol de Renato Cesarini, de donde salieron jugadores como Roberto Sensini, Santiago Solari, Javier Mascherano y Martín Demichelis, entre otros. Como ganador fue a Madrid con un bolso repleto de sueños, tenía 16 años por ese entonces y nunca antes había viajado en avión. Pero el sueño duró cinco minutos, que fue el tiempo que transcurrió desde que empezó el entrenamiento del Real Madrid hasta que el argentino sufrió un pinchazo en una pierna, que lo obligó a salir.

El joven primero había convivido en Camino a la Gloria con los tiempos tiranos de la televisión, que aceleró etapas en la formación de los posibles futbolistas profesionales para encontrar un ganador. Después se topó con los tiempos del fútbol de elite y la espera es una palabra que no existe en el diccionario del Real Madrid. Una vez finalizado el contrato entre Canal 13 y el club merengue Aimar Centeno pegó la vuelta a la Argentina.

Antes de irse las autoridades del club le regalaron una camiseta del Madrid porque el chico había dicho en una entrevista a un medio local que todavía no se la había puesta nunca. En esa misma nota le consultaron al oriundo de Agustín Roca si volvería con la frente marchita en caso de que la cosa salga mal. Respondió: “Usted no juega al fútbol y vive bien, ¿no? Pues yo, igual. Seguiría viviendo bien, pero con una espina clavada”.

De la experiencia española a los 16 años le queda la bienvenida que le dieron Butragueño y Valdano, el saludo con Makelele y Ronaldo y las palabras que cruzó con el entrenador del Real de ese momento, Vicente Del Bosque, y con Esteban Cambiasso. “Un fenómeno el Cuchu. Habló mucho con mi viejo. Lo aconsejó y le dijo que lo que necesite le avise, porque él había ido a la misma edad que yo a probarse al Real”, contó Aimar en una entrevista en InfoBae. Del Real Madrid también se trajo la frase “ningún jugador es tan bueno como todos juntos”, del gran Alfredo Di Stéfano que muchos años después usaría para adornar un vestuario.

La vuelta al país no fue fácil para Centeno. Jugó en la sexta de River, tuvo un paso por las inferiores de Rosario Central, Chacarita y Sarmiento de Junín, pero nunca pudo llegar a debutar en Primera División. Aimar Centeno volvió a su pueblo y trabajó muchos años haciendo preventa de Coca-Cola. No dejó el fútbol, jugó en el Origone Fútbol Club, más conocido como el Milán de Agustín Roca (porque su camiseta se parece a la del club italiano), que compite en la Liga de Junín. En 2010 salieron campeones y levantó el trofeo en andas rodeado de banderas rojinegras. Se dio el gusto de dar la vuelta olímpica abrazado a su papá Roberto. Centeno encontró en el amateurismo la manera de seguir practicando su gran amor por el fútbol.

Hoy en día trabaja como comisionista de una droguería haciendo repartos por pueblos cercanos y tuvo que dejar el equipo un tiempo porque no le daban los horarios para entrenar. “Si tengo que ir a la zona de Pigüe salgo a las 2 de la mañana, a Santa Rosa a las 3 o si tengo que ir a (General) Pico a las 4. Tengo ganas de seguir jugando, aunque sea los últimos 20 minutos. El tema es que en la liga de acá si no entrenás los pibes vuelan. El fútbol pasó a un segundo plano y eso es lo más difícil de todo”, le contó en 2017 al periodista Rodrigo Tamagni en la nota antes mencionada. En junio del año pasado volvió a las canchas y subió a su Facebook la foto del equipo de Origone con la frase: “No somos buenos, ni malos… Somos felices”.

Por su parte, los otros dos finalistas de Camino a la Gloria sí pudieron jugar de manera profesional, tanto Alexis Luna como Santiago Fernández. Antes del reality Luna jugaba en Fénix pero igual se anotó porque “era una posibilidad de entrar en el mundo del fútbol”, le dijo hace unos años al diario Río Negro. “Al final no fue nada, no cumplieron con ninguna prueba de las que habían prometido. No probaron a nadie. Delem me llevó a Ferro, estuve seis meses pero no me quedé porque Fénix pidió una plata que Ferro no quiso pagar”, recordó con nostalgia.

Nacido en la localidad rionegrina de Villa Regina, Luna tuvo la particularidad de romperse los ligamentos antes del último programa. Todavía le queda la sensación de que si no hubiera sido por esa lesión podría haber ganado. Pero después del reality show hizo una carrera primero amateur y luego profesional. Jugó en Círculo Italiano (el club de su pueblo, donde se desempeña hoy en día), estuvo tres años en Deportivo Roca y tres años y medio en Cipolletti. Justamente en el albinegro de Río Negro fue su punto más alto cuando consiguió el ascenso al Torneo Argentino A en 2007.

Por último está el caso de Santiago Fernández, que fue el que más aprovechó el reality. Debutó en primera con la camiseta de Ferro al que llegó por una prueba, ya que había sido adquirido por Gustavo Mascardi luego del programa. También jugó en Chacarita, Olaria Atlético Clube de Brasil, Juventud Unida de Gualeguaychú y su último club fue Unión Aconquija de Catamarca en 2017. “Paré con el fútbol por una fisura (en la columna vertebral) y porque no era la vida que quería. No quería llegar a los 50 años roto de la cintura. Más no podía dar. Viví cosas lindas”, contó en una nota del suplemento Enganche de Página 12.

Hoy trabaja como asesor de seguros en un banco y recuerda con cariño a Camino a la gloria: “Fue un trampolín. Me ayudo a saltar muchas barreras que tiene el fútbol. Me hice un pequeño nombre. Hacer una prueba en Inferiores es complicadísimo, cada uno se quiere mostrar, nadie se la pasa a nadie. Yo hice la prueba en Ferro como todo el mundo, pero sabiendo que me conocían del programa. Gracias a Dios quedé. Cada uno se mata por estar y son muy pocos los que quedan, y menos los que llegan”, le dijo al sitio Nos Digital.

Santiago Fernández debe ser de los pocos que tiene un buen recuerdo del programa que producía Cuatro Cabezas. El ganador Aimar Centeno en una nota que le concedió al Diario Popular reconoció que si pudiera volver el tiempo atrás no participaría. “Creo que el camino es otro. Era por el que iba antes de entrar al reality (jugaba en Renato Cesarini). Pero no sabía si hacía bien o mal al entrar. De todos modos, no voy a negar que fue una experiencia única”, reconoció en 2014.

El camino más corto que proponen los reality a sus participantes que sueñan con ser famosos, futbolistas o cantantes no siempre es positivo. Como rápido surgen, rápido caen porque no se respetan los tiempos de formación. Como dice Marcelo Bielsa “un atajo normalmente no te lleva al objetivo”. Por eso no hay que temerle a recorrer el camino más largo.

PD: Nota publicada en su primera versión en Notas-Periodismo Popular.

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