Arco y red: una trama feminista

Con la igualdad como objetivo, las mujeres y disidencias aprovecharon el parate del fútbol masculino, y el silencio mediático que eso genera, para ganar visibilidad y espacios dentro de las instituciones. Escribe Maia Moreira.

Un arco es de alguna manera un horizonte, es hacia donde direccionamos nuestros tiros y es, también, un elemento que delimita los adentros y los afueras. No hay manera de que un arco no sea un objetivo, un lugar de llegada, un símbolo de festejos, de alegrías, de frustraciones y broncas.

Un arco nos marca una cancha. A veces bien delimitada y otras de límites poco claros pero -como sea- nos da referencia, nos ubica y, claro, nos invita a jugar, a ir por nuestros deseos. Sabemos que el arco puede ser sin red, pero también sabemos que la red embellece al arco, lo hace más pintoresco, lo completa y lo mejora en su función. La red hace que los adentros y los afueras sean más nítidos. La red iguala porque todas sus partes cumplen el mismo objetivo: contener. Porque todas sus porciones trabajan con el mismo fin: sostener. Y para ser más efectiva la red desea desde todos sus tramos una sola cosa: igualar.

Este tejido que sabe ser sencillo y también profesional es una trama justiciera cada vez más necesaria y, no casualmente, es feminista. ¿Por qué un arco y una red? ¿Por qué el feminismo? Porque tenemos un objetivo, porque trabajamos unidas y porque si hay un arco y una red hay una cancha, y es ese nuestro terreno, nuestro lugar de encuentro. Ahí laten fuertes y juntos nuestros corazones, nuestros corazones feministas que juegan siempre en equipo.

La pelota se paró allá por mitad de marzo, sin embargo muchísimas mujeres organizadas siguieron haciendo goles en sus clubes. Nada cambió para ellas, la pandemia y el aislamiento social preventivo y obligatorio no hicieron otra cosa que dejar en evidencia que sus trabajos nunca se detienen y que saben capitalizar los momentos para profundizarlos, adaptarlos, transformarlos pero, por sobre todo, seguir sosteniéndolos en red. Juntas, unidas, organizadas y sin perder de vista ese arco en el que desde mucho antes de marzo la mirada está fija. Ese arco, ese único objetivo: la igualdad.

Desde que comenzó el aislamiento muchísimos clubes presentaron y aprobaron sus protocolos para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres. Muchos de ellos aprobaron con los mismos la conformación de áreas o departamentos de género y diversidad. ¿Esto no sucedía antes? Sí, claro que sucedía. ¿Qué cambió entonces? Es importante visualizar dos cosas que se retroalimentan entre sí: el fútbol masculino tapa cotidianamente un montón de trabajo que se hace en los clubes sociales porque suele ser “lo que vende” y también es lo que consume la gran mayoría porque no hay otro deporte que genere tanta noticia sobre la no noticia.

Que no haya fútbol masculino – tampoco femenino pero este no es noticia generalmente – abre la posibilidad a que un montón de otros contenidos sean más visibles y tomen protagonismo en la comunicación de los clubes. Por otro lado también hay que entender, aunque a algunos les cueste o no quieran verlo, que las mujeres y las disidencias también son seres políticos y que saben capitalizar los momentos. Por tal motivo no es casual que hayan entendido que esta coyuntura  era, en un montón de casos, el momento propicio para pisar la pelota y encarar al arco con velocidad. Así supieron articular y conseguir visibilizar algunas cuestiones en materia de género al interior de las instituciones porque, justamente, no hay con qué “distraerse”.

Esto nos deja ver que, al igual que en otros ámbitos, debemos repensar el fenómeno de la comunicación y el poder que la misma tiene a la hora de determinar qué consumir. ¿Qué proponen las mujeres ante esta situación? Ampliar el horizonte. Porque adentro y afuera de los clubes hay un objetivo a donde llegar, porque hay canchas, hay arcos y porque, sobre todo, hay redes. Muchas redes que mujeres y disidencias construyen cotidianamente al interior de sus instituciones y entre las mismas.

¿Por qué un arco y una red? Por la igualdad que es el destino. Por la trama construida que es cada vez más grande y resistente. Porque sin feminismo no hay clubes ecuánimes y que éstos lo sean es nuestro derecho.

Maia Moreira

Publicado originalmente en La pelota siempre al 10.

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