A los 85 años murió César Luis Menotti. DT campeón del mundo. Vital para que la Selección Argentina (mayor y juvenil) pase a ser valorada e importante a nivel mundial. Cultor del buen juego. Va este homenaje a su obra. Escribe Santiago Núñez.
La palabra utopía remite a un concepto peligroso. Es utópico aquellos que no se inserta en los márgenes de la realidad cotidiana. Pero ¿quién define qué es utópico y que es “real” en nuestra sociedad?
Si César Luis Menotti decía en 1974, cuando asumió como entrenador de la Selección Argentina de Fútbol, que iba a ordenar la estructura del equipo, a analizar jugadores con hasta cuatro selecciones distintas, inclusive una “del interior”, que iba a descubrir talentos casi desconocidos y que levantaría la Copa del Mundo, lo hubieran calificado de utópico, de irreal, de soñador desapegado, más cercano al cielo que a la tierra.
Con los años, la idea de menottismo refirió a un lirismo platónico, refractario de la imperfección. Una suerte de oda a las bellas artes y a los buenos modales, llevados al fútbol. Esa visión, que el propio Menotti ayudó a construir, alejó a la figura de César Luis de su idiosincrasia inicial: el trabajo permanente para construir una idea que un grupo de soñadores decida llevar a la práctica. No hay fútbol de fantasía: hay balompié perfectible que se nutrió de un concepto innegociable. No hay arte sin artesanos.
Menotti buscó construir desde el fútbol ese mundo mejor que los comunistas queremos para siempre. La misma fuerza del hombre de traje y pucho que les dijo a sus jugadores que iban a “hacer 3 ó 4 goles” a Holanda en la antesala del tiempo extra de una final del mundo lo llevó, ya más grande, a traer su sabiduría al predio que la AFA posee en Ezeiza, en modo maestro Yoda, como director de Selecciones Nacionales de una celeste y blanca que, como no, terminó saliendo campeona del mundo.
Comunista como él, alguna vez Andrés Rivera, trabajador del arte como Menotti del fútbol, escribió sobre Juan José Castelli bajo el rótulo “La revolución es un sueño eterno”. Es decir, es un objetivo por el que se pelea, se lucha, se gana, se pierde, pero que jamás se abandona.
El menottismo es una forma de vida, de idiosincrasia. Un sueño eterno, es decir, una utopía presente que cambia el curso de los acontecimientos.
Es el amor a un fútbol y a su selección. Es decir, a un pueblo.
Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez
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