La previa al mundial la vivimos recordando grandes futbolistas que nunca jugaron uno. Hoy es el turno dRyan Giggs. Ganó todo y marcó una época con el Manchester United, pero la relación con Gales fue jodida. Nació demasiado temprano como para formar parte de la generación que en 2022 terminaría llevando a Gales a un Mundial. Escribe Sebastián Chittadini.

Cualquiera con mínimos conocimientos de geometría sabe que las rectas paralelas nunca se cruzan, sin importar cuánto se prolonguen. Eso fue lo que pasó entre 1994 y 2014 con la carrera de Ryan Giggs —que había comenzado en 1991— y los Mundiales, aunque pareciera que el galés adhería a esa creencia de la geometría proyectiva que sostiene que las paralelas pueden encontrarse en el infinito. Tal vez por eso prolongó su carrera hasta los cuarenta años.

Cuando Sir Alex Ferguson lo vio correr con 13 años, lo definió como “un cocker spaniel que persigue un pedazo de papel plateado flotando en el viento”. A los 17, cuando se parecía más a un puntero izquierdo, lo hizo debutar en Primera. El primer Giggs era una versión zurda del mejor George Best, un talento puro que tenía la capacidad de generar ocasiones de gol y de responder bajo presión con un absoluto dominio del tiempo y el espacio.

El público de Old Trafford se maravillaba con la velocidad y habilidad en carrera de aquel joven incansable, uno de esos jugadores que dan la impresión de que nadie le puede sacar la pelota. Podía encarar a cualquier lateral que se le pusiera enfrente y tirar siempre el centro justo, o hacer los goles él mismo. Todo sin perder la elegancia jamás. Era un jugador como los de antes, de los que no se podrían describir con el lenguaje que usan hoy los scouts. Un tormento para los pobres defensores que solo le podían ver el número 11 después que los dejaba parados. Algunos incluso tenían pesadillas con eso. ¿Qué tan bueno era? Zinedine Zidane dijo una vez que, si Ryan Giggs hubiese sido francés, él nunca habría sido capaz de jugar un solo partido en la selección. Pero Giggs no nació en Francia, ni tampoco lo hizo en el momento indicado. Le tocaron, como escribió Jorge Luis Borges sobre su tío bisabuelo Juan Crisóstomo Lafinur, “malos tiempos en que vivir”. Nació demasiado temprano como para formar parte de la generación que en 2022 terminaría llevando a Gales a un Mundial.

Giggs fue todo para el United. Entre 1991 y 2014 jugó 963 partidos —632 de ellos por una Premier League de la que fue 13 veces campeón— y ganó 36 títulos. En ese mismo lapso, Gales quiso ser mundialista y conoció todas las formas del fracaso. Para el número 11, era habitual cruzar de manera continua un portal entre una Final de Champions y una eliminatoria perdida en alguna cancha imposible de Europa del Este. Había sacado un abono para viajar sin escalas del Teatro de los Sueños a los estadios periféricos que nadie ve.

Desde su debut en la selección, a los 17 años, jugó cuatro Eliminatorias: un penal errado por Paul Bodin contra Rumania los dejó afuera de USA ’94, quedaron cuartos entre cinco equipos —el último era San Marino— en el intento por llegar a Francia ’98, lograron una única victoria —frente a Bielorrusia— en diez partidos camino a Corea-Japón 2002 y fueron salvados por Azerbaiyán de quedar últimos en el grupo clasificatorio para Alemania 2006. La decepción se volvió sentido común en los corazones rotos de un pueblo que empezaba a ver a todos los rivales como obstáculos insalvables. Un partido de local contra Azerbaiyán sería el último que jugaría por Eliminatorias en su carrera, el 12 de octubre de 2005. Giggs, que por momentos era el único jugador de nivel internacional de su selección, hizo dos goles ese día.

¿Lo acusarían los hinchas galeses de romperla en su club y de no poder clasificar a un Mundial a una selección que no lo jugaba desde 1958? La respuesta es algo cercano al sí. Aunque pocos cuestionaban su calidad, la mayoría lo acusaba de tener poco compromiso con la camiseta de la selección por el hecho de que no jugaba partidos amistosos. Esa reprobación popular se vio acrecentada cuando el 30 de mayo de 2007, a los 33 años, anunciaba su retiro del fútbol internacional.

El paso de los años le había hecho darse cuenta de que ya no era un tren bala, pero también de que la calidad de su zurda y la pausa de su cabeza podían seguir ayudando al Manchester United desde otro lugar de la cancha y otra función. También había entendido que una de esas líneas paralelas ya no podía seguir a la par de la otra, entonces dijo que su retiro de la selección le iba a dejar más tiempo para ayudar a su equipo. La relación se terminaría de volver problemática cuando los coterráneos de Giggs vieron estirarse su trayectoria profesional siete años más. A esa altura, la gran mayoría de la afición consideraba que el capitán de la selección galesa le había dado la espalda a su patria.

Al poco tiempo, el famoso cantante galés Tom Jones lanzaba la canción “Never”, incluida en su álbum 24 Hours (2008). Puede leerse como una declaración conmovedora de lealtad duradera y compromiso inquebrantable, como el de alguien que intenta cuatro veces llegar a un lugar que quizá no existe para él.

Nunca, nunca, nunca, nunca te dejaré. Corres por mis venas. Nunca, nunca, nunca, nunca te dejaré atrás. Siempre en mi mente. No me canso de tus altibajos. Me llevas a lugares donde nadie va. Y si te fueras, nunca sería el mismo.

Nunca Ryan Giggs fue realmente Ryan Giggs. Antes de convertirse en el futbolista galés más célebre de su tiempo había sido Ryan Wilson, pero eligió el apellido materno tras la separación de sus padres. Nunca jugó para otro club que no fuera el Manchester United. Nunca, en los 963 partidos jugados para los Diablos Rojos, vio una tarjeta del mismo color. Su figurita nunca estuvo en un álbum mundialista.

Tal vez no exista palabra más adecuada para definir su vida futbolística que “Neverness”, término acuñado por el obispo inglés John Wilkins y con tanta fuerza conceptual como para ganarse el favor borgiano. Refiere a aquello que nunca ocurrió y que nunca puede ocurrir, como la perpetuidad de aquello que nunca llegará a cumplirse. La “nunquedad” como una constante en la vida de un futbolista de culto.

Sebastián Chittadini
Twitter: @SebaChittadini

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