Si algo caracteriza a los cuentos clásicos es que el bueno es bueno y el malo es malo. Suena obvio, es cierto. Pero vean los personajes que pululan hoy día, el bueno tiene sus oscuridades y el malo sus bondades. La doctrina Magneto, el de X-Men no el de Clarín.
Hans Christian Andersen fue un danés ilustre y el autor de la mayoría de los cuentos que conocemos como clásicos: La Sirenita, El soldadito de plomo, El patito feo o El nuevo traje del emperador. Historias donde el bueno es muy bueno, la vida lo castiga y finalmente es recompensado. Dios le da sus peores batallas a sus mejores guerreros. Quedate tranquilo que el Pollo siempre llega.
La educación infantil de occidente está basada en Andersen, pero en Dinamarca debe ser obligatorio. A Joachim Andersen, defensor de la selección danesa de 28 años, seguramente le hayan contado las historias que escribió su compatriota. Hoy estará pensando que le mintieron. Su tarde en Dortmund fue el opuesto a un cuento con final feliz. El que escribió su historia es un autor al que le gusta hacer sufrir a sus personajes.
Joachim probó la gloria para terminar sintiendo el gusto venenoso de ser un villano. En menos de tres minutos pasó de gritar su gol, que se lo anulen para finalizar con un penal en contra por una mano suya. Tanto el gol, anulado por ofside, como el penal, fueron cobrados por el VAR.
Del país de Hans Christian Andersen tuvimos una historia con rayos, granizo y un defensor atormentado por un destino cruel. “La tecnología y el defensor central”, podría llamarse el cuento bañado en lágrimas de bronca.
Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci
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