“El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”, le dice Sandoval a Espósito en la película El secreto de sus ojos cuando intentan dar con el asesino Isidoro Gómez. El mismo diálogo puede aplicársele en esta Copa América a James Rodríguez: el tipo puede deambular de club en club durante años, pero a la hora de ponerse la camiseta de la selección Colombia la pasión se apodera de él y su país disfruta de un fútbol desfachatado y mágico que los colocó en semifinales.

El 5 a 0 a Panamá fue un trámite que duró apenas 15 minutos. Luego del gol de James de penal, el partido ya no tuvo equivalencias. Los cafeteros se lucieron en un encuentro que sirvió para reafirmar la candidatura al título de los dirigidos por Néstor Lorenzo, que no solo le ganaron el grupo a Brasil, sino que en el mano a mano por el primer lugar de la zona lo superaron durante gran parte del juego y el empate los clasificó primeros.

El andar colombiano es tan bueno que hasta el momento no ha necesitado activar al 100% a Luis Díaz. El hombre del Liverpool viene jugando con el freno de mano puesto (amén del gol de emboquillada de hoy) y descansa en el fútbol del 10, quien lo asistió con una avivada apurando un tiro libre al final del primer tiempo además de asistir en el primero y marcar de penal el segundo. Destaca también en el gran andamiaje colectivo la solidez de cada una de sus líneas: Vargas hizo olvidar a Ospina en el arco; los cuatro del fondo son un bloque sólido que rara vez ha pasado sofocones; el mediocampo es versátil y el ataque cuenta con una abundancia de recursos pocas veces vista.

A la espera del partido contra Uruguay por el boleto a la final, el secreto cafetero descansa en la zurda de su 10, esa que desde hace una década ha cambiado de todo: de cara, de casa, de club, de novia o de religión. Pero jamás pudo cambiar su pasión por la generación de fútbol en la selección Colombia.

Esteban Bedriñan
Twitter: @ebedrinan

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