Una pelota surca el cielo santafesino. Recién salió del botín de Matías Godoy, otro santafesino. Los destinos se escriben a los golpes, aun sin tener muy en claro cuál es el camino. Así le pegó Godoy. Así vivoreó la pelota en el aire para clavarse contra un palo.
Así enfiló la marcha Central Córdoba hacia lo imposible. El tren de los sueños. En el «dale campeón» de los hinchas y jugadores ferroviarios hay mucho más que un grito de un equipo campeón. Hay una provincia, una región, una reivindicación a más de cien años de fútbol en todo el territorio que no es Buenos Aires. Como Patronato en nombre de Entre Ríos hace dos años, con un gol similar, Santiago del Estero se cuelga su primera estrella. Copa Argentina, tierra de oportunidades.
El fútbol argentino, con todas sus falencias, es democracia pura y dura. A cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad. En los últimos veinte años, los títulos derraman en las vitrinas de los que siempre miraron con la ñata contra el vidrio. La federalización es un hecho. A pesar de los torneos eternos, deformes, mañosos y la desorganización, ya no son solo los equipos de Buenos Aires –ciudad y provincia– los que tienen derecho a festejar. Entre Ríos, Santa Fe y Santiago del Estero, sombras terribles de Francisco Ramírez, Estanislao López y Juan Felipe Ibarra, voy a evocarlas.
Tiempo de revancha. Omar de Felippe, técnico y ex combatiente de Malvinas, y su primer título en la Primera División argentina en quince años de carrera. El Kily Vega, hijo pródigo ferroviario, campeón en el Federal A, la B Nacional, subcampeón de la Copa Argentina –2019 contra River– que volvió para ser eterno. Rafael Barrios y el recuerdo a corazón abierto de su hijo. La revancha de todos aquellos que la pelearon en el ascenso y tomaron el cielo por asalto.
Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci
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