El Racing de Costas ganó la Recopa Sudamericana tras pasar por arriba al Botafogo en la ida y en la vuelta. Un equipo voraz hecho para estos partidos definitorios que va por más. Escribe Lucas Jiménez.
“Botafogo está abatido y Racing está radiante”, comenta Diego Latorre segundos después del gol de Bruno Zuculini que traslada al resultado lo que se vio en la ida y en la vuelta. De un lado un equipo campeón con ganas de más y del otro un club vaciado mostrando la cara oculta de las SAD. Esas que te sacan los cubiertos apenas te das vuelta en la noche de los festejos de los títulos.
El Racing de Costas es un equipo voraz hecho para estos partidos definitorios. Motivado por su entrenador y concentrado para disputar finales en cada metro de la cancha. Desde la dupla de ataque insoportablemente viva para picar, marcar y llenar de vida la presión alta. Son la ola que continúa con los volantes llevando el equipo hacia adelante cuando huelen miedo en el rival. Así el campeón de Sudamericana se tragó al de Libertadores.
Equipo que distribuye colectivamente los elogios. Corre a la par de Salas, es polifuncional como Colombo, que a su vez mejoró viéndose como espejo de Sosa. No tiene techo como Nardoni y Martirena. Tiene las raíces bien claras como Zuculini y Zaracho. El primero es la revancha de todos aquellos que la pelearon al lado y de cerca en el Predio Tita. El segundo, criado en las mismas tierras, volvió al club de sus amores a recuperar la sonrisa y se tomó con su gol una mini revancha por la final que no pudo jugar con Mineiro.
Racing tiene como lunar haberse reforzado poco para un año largo con pretensiones altas. Los refuerzos de jerarquía son haber mantenido a los campeones que coqueteaban con irse a ganar más plata a otro lado. El reemplazo de Juanfer, con otras características, ya lo tenía en el plantel con Vietto, otro que retornó a su casa a cumplir sueños de pibe del club.
En el día de su cumpleaños 62 Gustavo Costas pide más. Ganando 4-0 en el global y tomando una lata en los festejos. Bandera de la tribuna que vino a hacer respetar la condición de grandeza de un grande. No quiere competir, quiere ganar. En Avellaneda y en Brasil. En el este y el oeste. En el norte y en el sur. Brillará blanca y celeste. La Academia Racing Club.
Lucas Jiménez
Twitter: @lucasjimenez88
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