El 14 de octubre de 1992, dieciséis días antes de cumplir 32 años, Diego Maradona volvió a caminar el centro porteño. Había fallecido el relator José María Muñoz —la voz del mundial 78—, lo velaban en el Círculo de Periodistas Deportivos, en la calle Rodríguez Peña. Dejaron el auto y caminaron. Ya había una cámara, un periodista y varios jubilados esperándolo. Era miércoles y, como todas las semanas, los pensionados y jubilados protestaban a pocas cuadras de distancia, frente a Tribunales.

Eran tiempos de Norma Pla, donde los medios de comunicación y el gobierno menemista los tildaba prácticamente de golpistas. Eran tiempos de jubilados violentos, de uno a uno, la inflación era cosa del pasado y esos viejos que arruinaban la foto del milagro argentino. Encendían las luces de una fiesta para pocos. Los jubilados fueron a buscar apoyo, un mensaje de Diego bancándolos. Maradona, como casi siempre, le habló al futuro: “tenemos que ser muy cagones para no defender a los jubilados”.

En la misma semana del comienzo del juicio por la muerte de Diego, las hinchadas salen a la calle a defender a los jubilados. Solo veinticuatro horas de diferencia entre un hecho y el otro. Desde aquel “a muerte estoy con los jubilados”, los caminos de los viejos y Maradona parecen impulsados por la misma fuerza, una especie de rayo normaplizador.

No son muchos los eventos que congregan a hinchas de distintos equipos vistiendo sus camisetas. Desde hace algunos años, el 24 de marzo, a través de la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, invita a marchar con diferente camiseta pero bajo la misma bandera. El fútbol, la gran pasión nacional, separa —y está bien que así sea— por camisetas. También, como base de nuestra cultura, puede unir. Por eso hoy puede ser un hecho trascendental, algo que logre utilizar al fútbol como punto de partida para la construcción de una defensa colectiva.

Este año Diego cumpliría 65 años. Edad jubilatoria. Que sus caminos se unan, pero no solo en la lucha, sino en alcanzar algo de justicia. El mundo sería un lugar más lindo de habitar.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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