Ignacio Martín Fernández es como los libros que ya leíste: tenelos siempre. No los entregues, no los regales.

La visión utilitaria de la vida no entiende más que de productividad. Sobre todo en la era de números, estadísticas, kilómetros recorridos, velocidad promedio. Nacho Fernández siempre fue anti marketing y Big Data. Un jugador analógico. Favorable involuntario a aquellos que ponen la utopía por detrás como si todo tiempo pasado fuera linealmente mejor.

Trote lento, medias bajas, piernas flacas. Tiene en su esencia la transición elegante a velocidad crucero. Una especie de Iniesta outlet, zurdo, a diésel. En realidad, Nacho nos permite reflexionar acerca de la velocidad: ¿no será que el resto vive en 1,5, es decir, muy acelerado?

-Cada vez que va en tren, me da miedo.

-Quédate tranquila, es buen jugador, ya tendrá su chance.

La conversión reproducida sin la precisión correspondiente se dio entre sus padres, cuando jugaba en Temperley en la temporada 2011-2012. Luego de una mejora en el ascenso y en Gimnasia, se encontró con Gallardo.

De allí en más la vida lo puso en imágenes sugestivas. Debut con Recopa contra San Lorenzo. Buen nivel para llegar a jugar un partido contra Singapur con la Celeste y Blanca. Golazo en la final de la Copa Argentina en Mendoza un 9 de diciembre de 2017 sin saber que, en esa misma fecha exacta de 2018 se dedicaría a tirar paredes en el Santiago Bernabeu. Dos finales con Boca. Otra Copa sublime, otra final de copa nacional brillante, para terminar en los avatares de un River pandémico con tendencias permanentes a la irregularidad y la metamorfosis.

Dos años en Mineiro como figura, para volver y nunca terminar de descollar. Porque es así, el libro lo leíste, eso no cambia. Pero de repente te acordás de una escena despampanante. Ayer pasó eso: primer tiempo tope de gama, con una rosca a borde interno divina.

El recuerdo de un libro te puede hacer igual de feliz o más que una historia nueva. Porque lo leído se resignifica. O porque, como dijo para todo el mundo César Troncoso en modo Tano Favalli, lo viejo funciona.

Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez

Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo:

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