Nacido en Ciudad Evita, ídolo en Mataderos, tierra de frigoríficos y leyendas. Christian Gómez es como Mataderos: el símbolo de un tiempo que se pronuncia en pasado, pero no por haberse retirado. Enganche de pura cepa, debutó en la Primera B en 1992. Fútbol de tablón y cantina. De movileros corriendo hasta un teléfono público para comunicar goles o expulsiones al estudio central. De enganches, canchas de tierra, árbitros bomberos y defensores despiadados como un destino de tango.
De pisada delicada, Gomito nació para mirar lo que pocos pueden ver: piernas abiertas para tirar caños, pases para descaderar defensores y combas utópicas para tiros libres imposibles. Para 1995 ya había jugado cien partidos en la primera de Chicago. En 2004 tenía treinta años: un ascenso con el Torito y un torneo de Primera División con Independiente. Se fue a Estados Unidos a enseñarles que el soccer no sirve, que el fulbo es lo que ilumina. Le quedaban 15 años de carrera.
Me dice el periodista e hincha de Chicago Seba Varela del Río: “Gomito fue la ilusión de fútbol de un barrio y de un pueblo. Fue saber que en una tierra de laburo y de sacrificio, en la que todo siempre costó más que en el resto de los lugares, había una joya de la cual presumir. Gomito es (lo sigue siendo) jugar bien a la pelota en el barrio de Mataderos. Todavía en todas las esquinas hay alguien esperando que se ponga la 10 y vuelva a salvarnos”.
Como un cuento de Sacheri, volvió en 2011, con casi treinta y siete años. ¿Esperándolo a Tito? Esperando al Gomito. Fue parte de la promoción en cancha de Chacarita, la del festejo fallido del Tano Pasini. A partir de su vuelta fue bronce, tatuaje y telón. Metió dos ascensos más: uno con gol de tiro libre suyo para ser campeón, el otro con Pablo Guede como técnico, un equipo que jugaba al ritmo del Gomito. “(La gente) venía a la cancha como si fuera al teatro. Sabían que ese equipo iba a sacar un aplauso, una sonrisa”. Al fin y al cabo el fútbol, y el Gomito como representante de ese fútbol, es eso: sacar un aplauso, una sonrisa, llegar al corazón.
Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci
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