Roy Makaay jugaba al fútbol para quienes se lo toman demasiado en joda y demasiado en serio. Sin puntos medios. Era el goleador del equipo. Ese parecía su trabajo. Aunque solo trabajaba part time: desde la mitad de cancha hasta la medialuna, donde daba zancadas como si se llamara Rompehuesos y viviera para una caterva de apostadores. Pero llegaba al área rival como se llega a casa. Se ponía las pantuflas para rematar la jornada, se abría una cerveza y la tiraba a colocar, o de sombrerito.
Llegó a La Coruña para la temporada 99/00 y junto a Scaloni salieron campeones de La Liga por primera vez en la historia. Cortando la hegemonía de los equipos dominantes, por encima del Valencia de Héctor Cúper, el Espanyol de Brindisi y el Betis de Griguol. La afición coreaba una canción de Los Auténticos Decadentes: “Cómo me voy a olvidar / Que el Deportivo ganó La Liga / Cómo me voy a olvidar / Si es lo mejor que me pasó en la vida”.

Le decían “el fantasma”, porque aparecía de cualquier lado, y hoy es un jugador que no muchos recuerdan. A pesar de su constancia, de haber sido Bota de Oro tras ganar la Supercopa en 2002 y de haber marcado un Hat-trick al Bayern Munich por Champions, siempre pasó desapercibido. Los alemanes lo compraron de inmediato, pero su fichaje no se celebró como el de Ballack. El holandés se adueñó de los goles hasta la llegada de Klose. Además, Makaay tiene al día de hoy el gol más rápido en la historia de la Champions -a los 10 segundos contra el Real Madrid-.
Así y todo, nunca jugó un Mundial. En el 98 todavía era muy joven. Para el 2002, Van Gaal era el técnico de Holanda cuando Makaay era el héroe silencioso del “Súper-Depor”, pero renunció luego de no clasificar al Mundial de Corea Japón. Cuando asumió Van Basten, optó por una renovación que terminó dejando afuera del Mundial 2006 a Makaay y Seedorf para incluír a talentos como Sneijder, Robben, Van Persie y un van Nistelrooy intocable. Holanda solo hizo 3 goles en el torneo, mientras el fantasma de Makaay merodeaba en silencio por el vestuario, en pantuflas, con una cerveza, listo para entrar al área.
Miguel Freidenberg
Twitter: @miguefrei
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