A la memoria del profe Sabella. Alejandro Magno de Tolosa. Partido sabelliano en el recuerdo de los días felices de Brasil 2014. Argentina ya en el 0-0 le cedió la tenencia a Suiza y replegó las líneas para cerrar espacios. Pelotazos del Dibu a Julián y contragolpe.
Apelar a la experiencia de saber jugar estos partidos y cansar al rival. Eso funcionó sin sobresaltos hasta los 10 del segundo tiempo que Suiza se animó a atacar el punto débil del equipo: la franja derecha. Molina levantó el nivel pero De Paul sigue pensando como volante y sufre el retroceso como carrilero. Es el puesto a revisar dentro de un medicampo de 4 volantes de juego que recién pasó a dominar el partido con la expulsión de Embolo.
El gol llegó agónico y esperado, como el de Di María al mismo rival 12 años atrás. Julian es el Fideo de esta nueva versión de La Scaloneta. El eslabón perdido entre Messi y nuestros sueños. Apareció justo a tiempo para mostrar su valía de crack.

Mucho tiempo los cuartos de final eran la pared de nuestras ilusiones. Hasta que Sabella trajo la historia de Julio César cuando cruzó el Río Rubicon que separaba la Galia Cisalpina de Roma. Hoy jugamos con un brazalete negro en honor a Rattin. El mejor homenaje era regalarle un Argentina-Inglaterra 50 años después para vengar su expulsión. Ganamos porque no jugamos solos. En cada paso dado recordamos a los caídos.
Las palabras de Julio César al Cruzar el Rubicon son una caricia a la caravana de ansiedad que se viene. «Alea iacta est», en castellano sería «la suerte está echada».
Lucas Jiménez
Twitter: @lucasjimenez88
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