Analizar este partido es como querer describir la felicidad. Cualquier intento será en vano. Messi terminó llorando y tirado para arriba por sus compañeros como en un casamiento. Scaloni no pudo hablar en el campo de juego. En la garganta las lágrimas hacían fila. Final de Octavos. Sale la caravana por la avenida.
Los momentos de desconcierto de Argentina fueron después de cada gol de Egipto, incluso del anulado. El retroceso por banda costaba un montón. Parecía Paredes, Licha y Cuti contra Egipto para recuperarla. Esos 3 nos mantuvieron con vida.
Después de la primera pausa de hidratacion el equipo reaccionó y terminó bien el primer tiempo. El segundo la cosa no fluyó igual. Era un partido perdido y con justicia.

Hasta que Messi, cansado después de jugar 120 minutos hace 3 días con 39 años, sacó a relucir su inteligencia. Por el medio no ganó un duelo así que se fue de 7. Memorias de un wing derecho. El final es en donde partí. De ahí revivió al equipo con el centro a la cabeza del Cuti que se había ido de triple 9. Bien sabemos por Messi que los buenos pases te rejuvenecen. Por 10 minutos volvió a tener 19 años.
Tiró el centro que derivó en su gol y antes hizo un desborde para un toma y hacelo a Lautaro. Lo ganamos también porque Paredes jugó para nosotros y cortó un 3 contra 1 que fue el 3-2 antes del 3-2. Porque Julián contra Salah realizó un quite del mejor lateral izquierdo y porque Enzo y Lautaro nos regalaron minutos de Barrio & Patria.
Lo que vino después del 1-2 fue un boxeador enojado. A casa Egipto. No es personal. Del equipo campeón nos quedó el corazón y mientras hay vida, habrá esperanza. Una vez más mostramos lo que somos. Un fusilado que vive.
Lucas Jiménez
Twitter: @lucasjimenez88
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