A confesión de parte, relevo de amores. “Quería ganarla para llevártela y mostrarte una nueva. No pude, las piernas no me daban más”. La frase es fuerte y cruel, sobre todo porque es cierta. Los recuerdos cada vez menos borrosos del final lo tienen y tendrán a Lionel Messi parado en tres cuartos del Metlife, mirando al arco español como el arquero que apunta con su flecha, buscando que cada pelota de un equipo diezmado entre como un misil en el área rival, como si los milagros pudieran fabricarse y no solo esperarse. Mucho más que una copa. Mucho más que todo.

Lionel se permitió un guiño y alguna humorada en la confesión más lúcida que puede hacer una persona: la despedida de uno de sus padres. ¿Hay acaso una demostración de amor más fuerte que intentar hasta el final algo por fuera de los márgenes físicos y materiales? Estar dispuesto a todo, o a mucho más que todo, simplemente por un sentimiento.

Deja al pasar el capitán de todo que quizás ya está. Y que quizás ya está posta. Siempre nos sobrevoló una pregunta acerca de Messi: ¿Estamos preparados? No hablo de su paso por la selección, sino de nuestra capacidad para ver que la realidad deja lugar a que toque la celeste y blanca y que Messi no cante ni lleve la guitarra.

Inter Miami forward Lionel Messi, center, collided with Club León defender Jhohan Romaña (14) during the second half of a Leagues Cup soccer match, Wednesday, Aug. 12, 2026, in Miami. (AP Photo/Lynne Sladky)

Mi respuesta debe tener poco asidero. Creo que un poco sí. No porque no sea doloroso, no porque el acostumbramiento sea algo natural y sencillo. Sino porque, durante años, los messistas nos preparamos para una realidad bastante menos estética: que nuestro ídolo nunca haya ganado nada con su selección. Como corresponde a las mejores novelas, las mejores páginas estuvieron al final.

Messi no es una copa. Sus mejores semblanzas, imágenes y posturas lo encontraron alejado de los trofeos. En cada pibe del mundo que se ponga su camiseta, en cada lágrima sincera por una partida, en cada pibe que le diga “te quiero” a su papá o a su mamá, en cada jugador amateur que no se rinda hasta el final, habrá siempre un Messi.

Mucho más que una simple, sencilla y humilde Copa del Mundo. Mucho más que todo.

Escribe: Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez

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