El 6 de agosto de 1922 fallecía Jacobo Urso, figura en ese primer San Lorenzo que recién había dejado de ser Los Forzosos de Almagro. Murió víctima de un golpe recibido en un partido contra Estudiantes. El siguiente texto de ficción recrea cartas entre uno de los fundadores de San Lorenzo Federico Monti, que jugó ese partido, y el padre Lorenzo Massa que se encontraba en Tucumán. Forma parte de nuestro libro «Crónicas de amor, locura y muerte». Escribe Lucas Bauzá.
CARTA DE FEDERICO MONTI
Almagro, Buenos Aires
1 de agosto de 1922
Querido Padre Lorenzo:
Deseo que se encuentre bien en su estadía, que sus días transcurran de buena manera, en armonía y en paz, y que sus actividades sean tan fructíferas para la comunidad tucumana en la que se encuentra como lo fueron acá junto a nosotros. Los muchachos de la calle Méjico, enterados de que enviaría esta carta, le mandan sus saludos y piden que no se olvide de sus queridos Forzosos.
Me corresponde a mí, y creo que es lo debido, darle una noticia terrible: hace dos días, en un match disputado ante Estudiantes, nuestro half izquierdo Jacobo Urso recibió un golpe en el abdomen que ha significado de gravedad. Se encuentra en estos momentos en el hospital Ramos Mejía, acompañado por todos nosotros, y su estado, debo decirlo, no es el mejor. Ha recibido transfusiones de sangre, su riñón ha sido perforado por una costilla rota y se lo han sacado, ante lo cual se debe imaginar lo que está viviendo nuestro querido joven Jacobo, con sus veintitrés años. El dolor en nuestro club es mayúsculo, querido Padre, y no sabe cuánto desearíamos que usted estuviera aquí junto a nosotros, protegiéndolo, dándonos ánimos, unas palabras como solo usted sabe hacerlo desde que nos conocimos, hace ya quince años. Le pido humildemente que ruegue por la salud de Jacobo, para el bien de San Lorenzo y de su familia. Es un momento extremo, Padre. Y estamos necesitando esas fuerzas que usted tanto nos ha remarcado que debíamos tener y mostrar en momentos difíciles. Estamos hechos a los golpes, nacimos de un verdadero milagro, por un tranvía que frenó justo a tiempo, pero esta situación nos ha llevado al límite una vez más. Necesitamos de un milagro. De uno más. Por eso le ruego que interceda por nosotros ante Dios Nuestro Señor Misericordioso, por la recuperación de nuestro querido Jacobo.
Lo saludo a la distancia con el cariño y respeto de siempre,
Federico Monti

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CARTA DE FEDERICO MONTI
Almagro, Buenos Aires
4 de agosto de 1922
Querido Padre Lorenzo:
Me han dicho que la carta enviada con anterioridad estaría llegando a usted mañana, es decir, el 5 de agosto. Por eso deseo que cuanto antes le llegue esta, porque las noticias son buenas. Jacobo ha mostrado una mejoría considerable. El día de ayer ha pasado un largo rato despierto y, aunque usted no lo crea, a pesar de que le extirparon un riñón… ¡Nos ha pedido que hagamos todo lo posible por postergar el siguiente match, frente al Club Atlético River Plate, porque quiere formar parte del equipo!
No puedo extenderme mucho, dado que en minutos parte el tren que enviará el correo hacia el norte del país. He venido corriendo para contarle esta noticia. Confío en que, de alguna misteriosa manera, usted ha sentido que algo estaba pasando en San Lorenzo y se anticipó al ruego y a las plegarias tan necesarias en este duro trance.
Le transcribo lo que Jacobo declaró ante el cronista del matutino El Telégrafo, quien lo visitó ayer en la sala del hospital. Dígame, querido Padre Lorenzo, si esta no es unas de las muestras de amor más emocionantes en la historia de nuestro amado San Lorenzo: “No lo lamento por mí, sino por mi club que necesita de mis esfuerzos para escalar los puestos que faltan para colocar a San Lorenzo a la cabeza del campeonato. Con las tribunas que hemos construido somos el mejor club de Buenos Aires”. ¡El muchacho está muy malherido y lo lamenta por el club! Y no exagera en sus palabras: San Lorenzo está cerca de conseguir por primera vez en su historia un campeonato de la Primera División y las tribunas del estadio de Avenida La Plata nos han transformado en un grandísimo club. Con las palabras de Jacobo lo he visto con una claridad que en el fragor del día a día se me había escapado. Y esto nos dará más ánimos.
Lo último, Padre, antes de despedirme: la nobleza de San Lorenzo de Almagro ha sumado un capítulo más. Porque el match ante Estudiantes, jugado en el barrio de Palermo bajo una lluvia torrencial, fue muy duro. Cuasi criminal. Jacobo estuvo disputándolo con bravura, del mismo modo que ellos. Y pese a que habían existido rispideces frente a su principal marcador, declaró también ante El Telégrafo que sus rivales (porque el choque fue ante dos, a falta de uno) no habían tenido mayores responsabilidades en el accidente. Eso es hidalguía. La que bien nos ha caracterizado desde nuestro surgimiento.
Lo despido con afecto,
Federico.

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CARTA DE LORENZO MASSA
San Miguel de Tucumán, Tucumán
5 de agosto de 1922
Estimado Federico:
Desde aquí he recibido los buenos deseos enviados por los muchachos y por vos, y desde aquí les envío los mismos deseos. Lo has dicho en la carta con tus palabras: estamos hechos a los golpes, mi querido “Carbuña”. ¿Qué sería de nuestro San Lorenzo sin tantos golpes? Quizás no existiría. Esto que me has contado del joven Jacobo me ha conmovido de sobremanera. Puedo imaginarme la dura situación que está viviendo su familia y el mismo chico, y quiero que sepas que desde el mismo momento en que leí tu carta, de pie en un patio interno del convento donde por casualidad me hallaba cuando me entregaron el sobre, que estoy rezando permanentemente por la salud y pronta recuperación del joven.
Me gustaría confesarte algo, Federico. Algo que está relacionado con Jacobo, a quien no me costó recordar porque desde el primer momento tuvo un gran impacto sobre mí. Somos, de alguna manera, miembros de la sociedad privilegiados por haber dado inicio a un club de foot-ball que tuvo un arraigo de consideración en los vecinos del barrio y la ciudad. Vos y yo, Federico, junto a esos queridos muchachos de la calle Méjico, a quienes les envío mis saludos más afectuosos, dimos el puntapié inicial de algo que ha crecido a niveles que jamás habíamos calculado. San Lorenzo de Almagro, Federico, está destinado a hacer participaciones muy grandes. Su huella en la sociedad argentina, en nuestro amado país, nos trascenderá. A niveles asombrosos e inconcebibles, nos trascenderá. Y, no deja de ser una casualidad asombrosa, aquí viene el momento de la confesión: fui por primera vez plenamente consciente del alcance incalculable de la obra creada en un evento donde estuvo involucrado el querido Jacobo. De memoria lo puedo recitar: José Coll, De Campo y Albertito Coll, Saccardo, Federico Monti y Urso, Etchegaray, Fernández, Eugenio Antonio Moggio, Urio y Luisito Gianella. ¿Qué formación es? Vos eras el centro half, ya deberías saber que fue el día de la inauguración de nuestro estadio en el predio que era de la familia Oneto. Sesenta pesos mensuales de alquiler. Ahí estuvo Jacobo, a tu izquierda. Siendo observado por más de 300 personas. Con San Lorenzo de nuevo en el barrio después de haber penado por Martínez y otras zonas. Si mal no recuerdo, hace meses se cumplieron 6 años de aquel acontecimiento que marcó una huella muy profunda en mi corazón, a pesar de que el mismo ya estaba acostumbrado gracias a ustedes a sacudones considerables. Y, como te decía, ahí estuvo Jacobo, a quien desde muy jovencito identifiqué gracias a su tesón y buen juego, el mismo que lo habrá llevado a no abandonar a sus compañeros en medio del fragor de la batalla.
Federico: estamos en manos de Dios. Tal como nos sucedió con Luisito Manara, a quien perdimos con apenas 16 años, es momento de rezar y esperar los designios de nuestro adorado Padre. En los malos momentos hay que acompañar. Está en la esencia de nuestro querido San Lorenzo de Almagro.
Padre Lorenzo Massa.

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CARTA DE FEDERICO MONTI
5 de agosto de 1922
Almagro, Buenos Aires
Querido Padre Lorenzo:
Reverendo Padre Lorenzo. La situación de Jacobo ha empeorado drásticamente. Solo un milagro puede salvarlo.
Tuve un breve diálogo con él, en el día de ayer. Me dijo que era una lástima pero que no lo lamentaba. Le pregunté a qué se refería. Me dijo lo siguiente: si nos dábamos cuenta de lo que habíamos hecho. Ante el nuevo pedido de que profundizara en el sentido de sus palabras, me respondió que había sentido una extraña claridad durante el match, que, no sé si lo he dicho anteriormente, disputó hasta el último segundo. Me dijo que él sintió en el campo que no se estaba disputando solo ante Estudiantes. Que se estaba jugando por algo más. Algo que solo podía sentir el jugador de San Lorenzo. Me dijo, Reverendo Padre, que jugar para San Lorenzo había sido jugar por sus compañeros, para el barrio y para conseguir algo que estaba haciendo imperiosa falta. Esto me hizo sonreír y llorar en simultáneo. Porque es verdad. En San Lorenzo cada partido es una lucha por algo más.
“Federico –me susurró Jacobito, y usted sabe que siempre tuve muy buena memoria–, en San Lorenzo siempre nos está faltando algo. Desde el día uno. Faltó un terreno, y apareció el Padre. Después faltó un sello, y hubo una colecta. Después, las camisetas… Y apareciste vos de nuevo. Les sacaron la cancha. Jugaron para ascender a Primera División. Fueron a Martínez. También ayudó el presidente de Ferro Carril Oeste, prestándonos su estadio. Ahí llegué yo a la Sexta, surgido de las entrañas del barrio como un pibe más. Sabiendo que había que jugar para algo, en este caso, para conseguir una cancha. La conseguimos. Tuve el honor de estar el día de la inauguración, a tu lado. Peleando vestido de azulgrana pelota a pelota, en cada metro, para ganar, para sumar nuevo público y poder pagar el alquiler del terreno, con el sueño de comprarlo algún día. Con la utopía de tener nuestro estadio… –y acá, Padre, me pidió que me acercara a la cama y me agarró fuertemente del brazo– ¿Cómo iba a salir del match, Federico? Estando tan cerca de obtener nuestro primer campeonato. No podía salir. De ninguna manera podía salir. Y de todo esto, aunque no lo creas, recién me di cuenta en los últimos minutos del último partido. Como una extraña clarividencia. Y por eso te decía, no me arrepiento pero es una lástima. Porque estamos construyendo algo grande, Federico. San Lorenzo va a ser grande. Hermosamente grande”.
Palabras más, o menos, esto me dijo ayer Jacobo. “Estamos construyendo algo grande”. Y no es tiempo de hacer memoria, esto es algo que en su momento hablamos con varios de los muchachos de la calle Méjico, pero aunque esto le parezca increíble, Reverendo Padre… ¿Usted sabe cuándo me di cuenta que íbamos a ser un grandísimo club de foot-ball de Buenos Aires? Cuando hace dos años lo llamaron a Jacobo Urso para integrar la Selección de la liga. Primer miembro de San Lorenzo en la Selección de mejores jugadores. Igual que los jugadores de Boca Juniors, Racing Club de Avellaneda o River Plate. Teníamos, Reverendo, un muchacho surgido del barrio jugando con los mejores de los mejores. Se lo dije a Gianella, viéndolo correr a Jacobo: “Esto se nos fue de las manos, Juan. Mirá cómo juega ese muchacho, que no estuvo en los Forzosos, que no jugó en la iglesia de San Antonio y no sabe las que pasamos en la Liga de Don Bosco. Pero que, y miralo bien, es tan de San Lorenzo como cualquiera de nosotros. Y ahora, en la Selección”.
No más, querido Reverendo Padre. Le compartí esto porque necesitaba hacerlo con alguien que me entendiera cabalmente todas y cada una de las palabras que volqué en el papel.
Lo saludo con respeto y cariño,
Federico Monti.

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CARTA DE FEDERICO MONTI
6 de agosto de 1922
Almagro, Buenos Aires
Querido Padre Lorenzo:
Lamento informarle con profundo dolor que nuestro amado Jacobo Urso ha fallecido en el día de la fecha, hacia el atardecer. Le pido que ruegue por su alma y su eterno descanso.
Federico Monti.
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CARTA DE LORENZO MASSA
San Miguel de Tucumán, Tucumán
8 de agosto de 1922
Querido “Carbuña”:
Me ha alegrado saber que nuestro aguerrido joven Urso tuvo una mejoría en su delicado estado de salud. Tal como he expresado en mi primera carta, y como percibo en tus palabras y en las que el mismo joven le ha compartido al cronista del diario, el alcance de San Lorenzo sobre el público argentino es magnífico y difícil de predecir en los próximos años. Entiendo perfectamente lo que ha dicho Jacobo, tanto sobre el campeonato como sobre nuestro nuevo estadio en la Avenida La Plata. Todos quieren ser parte del mismo. Aquí mismo, tan lejos, estoy haciendo mi pequeño aporte para sumar seguidores de nuestra causa azulgrana. Pero nada se puede comparar al hecho protagonizado por nuestro héroe. Si yo fuese un niño de Buenos Aires recién llegado de alguna provincia y no tuviese club, no tardaría mucho en decidirme: sería del mismo que el del joven que arriesgó su vida en el field, sin medir las consecuencias. Y aquí está el impacto para mí, que comparto contigo: Jacobo ha hecho piel con nuestro otrora pequeño y barrial club de foot-ball, ha demostrado con creces que lo lleva en su espíritu tal como cualquiera de sus fundadores, y así será de ahora en más. Por eso les ruego, a mis queridos muchachos de la calle Méjico, que mantengan la humildad. Llegarán muchos Jacobos cada semana. Vos, yo y cualquiera de ellos, a partir de ahora, debemos entender que el seguidor de San Lorenzo que apenas si llega a nuestras rodillas, e incluso aquel que todavía no ha nacido, que estará naciendo mañana o el mes entrante, hará suya la causa del gran San Lorenzo de Almagro. Lo hablamos contigo cuando se eligieron nuevas autoridades: no estuvieron en la fundación, no estuvieron en el Oratorio San Antonio… Tampoco conocieron al padre Patricio. No importa, “Carbuña”. San Lorenzo somos todos y es de todos y cada uno. Y Jacobo nos ha otorgado una lección de humildad. A partir de este desafortunado hecho, es sinónimo de San Lorenzo.
Envíale mis saludos y comparte con él mis felicitaciones por su coraje. Ruego por su recuperación ante Dios Padre y Nuestra Virgen María.
Padre Lorenzo Massa

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CARTA DE FEDERICO MONTI
9 de agosto de 1922
Almagro, Buenos Aires
Reverendo Padre Lorenzo:
Miles de almas han despedido a nuestro amado Jacobo. Dio la casualidad de que el Teplitzer, un conjunto de Checoslovaquia, se encontraba en el país para realizar una serie de desafíos amistosos y fueron parte del cortejo, que partió desde el domicilio de la familia Urso y pasó por el estadio de Avenida La Plata antes de finalizar en el Cementerio del Oeste.
Quedan los números, Reverendo: 107 juegos y 6 veces su nombre en el marcador.
Queda su hermano Antonio, que defenderá los colores tal como lo hizo su hermano.
Quedan las palabras de nuestro querido presidente E. Larrandart: “¡Jacobo Urso! Los dirigentes de tu club, los socios, tus amigos, tus admiradores, tu pueblo, tu pequeño y grande pueblo que tantas veces batiera palmas para aplaudir tu habilidad, tu destreza y entusiasmo, os ruegan aceptes desde las alturas esta humilde ofrenda, que es el reflejo fiel del profundo dolor que tu desaparición dejará para siempre en nuestras mentes y nuestro corazones”.
Las palabras que me escribió con anterioridad me han impactado, Reverendo. Porque yo había sentido algo similar a lo que vivió usted en un episodio que lo tuvo como protagonista a Jacobo. Y ahora esto, que ha arrastrado a miles y miles de personas a las calles para despedirlo. No tengo muchas palabras para decir. Hemos sentido su acompañamiento a la distancia y rogamos por su salud mientras esperamos por un nuevo regreso a esta, su casa.
Antes de finalizar este escrito, le dejo aquí abajo un poema que le han escrito a Jacobo, y que lamentablemente no pude descubrir su autoría. Pero vale la pena compartirlo con usted.
Julio 30 las variantes
hacen jugar cuadro a cuadro
a San Lorenzo de Almagro
contra el fuerte de Estudiantes.
Los dos equipos jadeantes
y con las mismas razones
luchaban como leones
sus colores defendiendo
palmo a palmo combatiendo
por ocupar posiciones.
El juego fuerte adquiría
cada vez más interés
y el jugador a su vez
con su juego se lucía
Jacobo que defendía
su puesto valientemente,
de pronto ataca de frente
de tal manera y de tal modo,
que sin querer halló el codo
que lo hería mortalmente.
La misma serenidad
a Jacobo Urso lo ensancha,
y sigue firme en la cancha
con franca temeridad.
Más pronto, la gravedad,
pronuncia un grave discurso
y ya fuera de concurso
de la cancha Urso se aleja
se aleja triste y se queja
el valiente Jacobo Urso.
Agosto 6, aquel día,
como soltando algún reproche
que al punto de oscura noche
su negro manto extendía
y allá en el Ramos Mejía
en su lecho hospitalario
después de negro calvario
moría un hombre querido
era Urso el temido
de San Lorenzo de Almagro.
Paz en la tumba de aquel
que se acaba de marchar
y que supo conquistar
en el foot-ball su laurel.
Paz en la tumba de aquel
que se marchó al infinito.
Paz para aquel hermanito
que se fue como un milagro
de San Lorenzo de Almagro.
¡Paz eterna Jacobito!
Le mando un afectuoso saludo,
Federico “El Carbuña”.

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CARTA DE LORENZO MASSA
15 de agosto de 1922
San Miguel de Tucumán, Tucumán
Querido Federico, queridos muchachos de la calle Méjico:
Desde esta lejana y cercana ciudad del norte, les envío muchas fuerzas, que hago extensivas a todo el pueblo de San Lorenzo y a la familia de nuestro joven y querido Jacobo.
No olvides jamás lo que intercambiamos en estas cartas. Un jovencito nos ha dado una lección de humildad, de grandeza, de hidalguía. Y ha dejado un legado. Sospechando, acaso, que forma parte de un club inmortal. ¿Cómo hará un futuro jugador de San Lorenzo, de ahora en más, para no dejar hasta la última gota de sudor por la causa de nuestro grandioso club?
Te envío mi saludo y mi bendición, que hago extensivas a todo el pueblo azulgrana. Que Dios los ilumine en los días por venir.
Padre Lorenzo Massa
Lucas Bauzá
Twitter: @rayuelascometas
Este texto forma parte de nuestro libro Crónicas de amor, locura y muerte, conseguilo acá.
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