Análisis detallado sobre qué le pasa al Millonario, que salió exhibir sus roles en el mercado de pases para tapar derrotas. Un momento cuya responsabilidad máxima es de la comisión directiva actual y anterior. La culpa de Coudet en la falta de juego del equipo y la mala utilización de las inferiores. Escribe Santiago Núñez.
1- El mal presente del equipo de Núñez sorprende por malo pero más por insólito. Los resultados están lejos de los esperados luego de inversiones multimillonarias, recambios de jugadores con renombre internacional, la llegada de un director técnico cuyo nivel y currículum generaba expectativa y la carencia absoluta de cualquier tipo de señal cuantificable. La vida de River puede cambiar en términos de palmarés futbolístico, pero el sinsabor actual deja en evidencia prácticas y sentires político-deportivos que alejan al club de la competencia genuina y popular. Toda una definición política que hay que, por lo menos, problematizar y subvertir.
2- No hay ninguna excusa posible para este presente. Ni la tardanza de los refuerzos, ni el tiempo de trabajo, ni los errores arbitrales orquestados o no por la AFA, ni la casualidad, ni la falta de adaptación. Una cosa es un mal arranque y otra bastante distinta es un inicio con cero puntos y cero goles en cuatro partidos, a los que se suman una eliminación en Copa Argentina con un equipo bastante más débil que la media. La gravedad inusitada no puede esconderse en el argumento del largo andar por delante o el pedido de tiempo.
3- La principal responsabilidad de lo que pasa o de lo que no pasa en River es de la comisión directiva actual y anterior, encabezada por el empresario Stefano Cozza Di Carlo en la actualidad y por el banquero Jorge Brito en el pasado reciente. Ambos son productos del mismo espacio político: una coalición amplia que llegó al gobierno en 2013 con Rodolfo Donofrio, que recogía en sus filas apoyos del macrismo y del actual gobierno nacional tanto como de la militancia social y pro-derechos humanos. En sus presidencias se vio una profundización del modelo privatista empresarial que busca asimilar al club a una escuadra europea. La reciente incorporación del español silencioso y renombrado Pablo Longoria y las referencias de Di Carlo a los planteles de la Premier League dan cuenta de esa dinámica.
Pero más allá de los discursos, esa lógica comercial lo llevó a una situación que no tiene balance lógico posible: casi 90 millones de dólares entre el mercado de pases de invierno del 2024 y el de verano 2026, sin contar los 67 millones de esta mitad de año. Todo sin poder equiparar nivel de juego con plata invertida. Algunos casos, ya se dijo hasta el hartazgo, son paradójicos: Kevin Castaño (US$13,8 M), Gonzalo Tapia (casi US$1 M), Fabricio Bustos (US$5 M), Adam Bareiro (US$2,5 M), Jeremías Ledesma (US$3,8 M), Maximiliano Salas (US$ 9 M), Juan Carlos Portillo (US$5 M), Matías Galarza Fonda (US$5 M), Alex Woiski (que no se sabe ni cómo ni por qué vino) y muchos jugadores que no estuvieron a la altura.

Rige el método científico: si hay demasiadas excepciones, la teoría general es la que falla. A esto se le suman cifras salariales inexplicables, propias de una ineficacia y falta de planificación sugestiva. Diferentes discursos y rumores sobre una política de compraventa vinculada a ciertos representantes, intermediarios y mercaderes están a la orden del día, tanto para fichajes inexplicables como para préstamos de juveniles, como hoy pasa con Cristian Leonel Jaime en Peñarol o el reciente pasaje en calidad de libre al fútbol uruguayo de Agustín De la Cuesta. Hay rumores en Twitter, pero también ex candidatos a presidentes como Daniel Kiper han planteado cuestiones al respecto. Ninguna de estas acusaciones fueron jamás respondidas por las voces oficiales y oficialistas, lo que a veces sorprende en su evidente capacidad de instalar discursos en determinados programas de TV y streaming.
4- Las justificaciones de Di Carlo para la cantidad innumerable de decisiones polémicas; a saber, separar a quince jugadores a la vez sin el recambio correspondiente, empobrecer la capacidad de decisión del cuerpo técnico; obligar al plantel a una pretemporada lejana e insólita, con una cantidad de jugadores que impedía una práctica formal de fútbol; una tardanza innegable en la llegada de refuerzos, una extraña impronta no comunicativa sobre roles, funciones y demás, etc.; tiene un punto débil: el presidente de River habla de corregir una suerte de herencia recibida que no puede explicar, entre otras cosas porque él era parte de la gestión anterior y disputó la elección claramente como la lista oficialista. No pudo disimular ese defecto con su destacada capacidad de retórica.
5- La política antes descripta se encuentra inevitablemente vinculado al mal paso de Marcelo Gallardo por River. Negarlo o buscar ocultarlo sería faltar decididamente a la verdad. La descripción genuina de los hechos, lejos de disminuir la idolatría, la mantiene. Nada menos popular que juntar a la historia con la falsedad.
6- Si bien no puede encabezar la lista de responsables, es insoslayable que una parte importante del mal tránsito de River en este segundo semestre pasa por su director técnico, Eduardo Coudet. Aun con todo lo dicho, le sobran los recursos para competir dignamente, o al menos no estar tan lejos de los objetivos básicos como lo está. Las conjeturas son varias sobre por qué la mayoría de los artífices se encuentra lejos de su nivel, individual y colectivamente. Pero la más evidente pasa por la postura: Coudet no logró convencer a sus jugadores acerca del juego directo y frenético que ha buscado imponer.

A) River no sabe si presiona o si no lo hace. B) El balón recto y directo le prohíbe juntar sociedades. C) Hay jugadores en puestos que no sienten porque se prioriza un esquema de juego por sobre los individuos que lo componen, como pasa con Joaquín Freitas jugando de lateral volante por derecha. D) River no tiene ni conductor ni esquema de conducción de juego, algo que se vuelve más crítico si se tiene en cuenta la salida gratuita de Juan Fernando Quintero. E) En cada ataque River es casi un embudo: jugadores por el centro sin sorpresa y jugadores por afuera sin compañía ni asociaciones que construyan alguna ruptura del esquema rival.
7- La separación de los jugadores no solo futbolística sino también física, en el famoso affaire del “container”, resulta una vergüenza y evidencia una impronta, cuanto menos, problemática. Acá estoy yo y hago lo que quiero: de la autoridad unipersonal pasaron al pedido de perdón colectivo. Es fácil ser guapo cuando las cosas no se ven. Resulta sorprendente que la mayoría de los discursos se han dedicado al análisis del asunto bajo dos ejes: plata y desempeño.
Son apartados por jugar mal o por cobrar determinada cantidad de dinero. La humanidad es una materia, se ve, que no se da en las escuelas empresariales. Pero más allá de lo moral, la imagen vendida a partir del asunto dista de una línea institucional socio-cultural-deportiva que rige en el club, le guste a quien le guste. Qué River es familia no es solo un reel o un slogan: el valor social del club tiene un destaque inmenso. Dicho lo cual, pueden tener lugar las valoraciones individuales de cada jugador, sin perder de vista lo obvio: nadie impuso su lugar en un plantel o en un once inicial poniendo un arma en la cabeza de nadie.
8- “La tribuna es de los hinchas, el hall es de la política”, dijo Di Carlo, como si su apellido y su linaje no estuvieran ligados a la oficinas que toman las decisiones del club, por lo menos durante las últimas décadas. El político que se viste de antipolítico es como el mago que vende trucos y mira las cartas antes de decirlas. El derecho y la posibilidad de protesta es inobjetable. El hincha tiene derecho a organizarse y levantar la voz. Son muchas las organizaciones políticas del club, oficialistas y opositoras, que han recogido en los últimos años una experiencia militante.

Más allá de las formas, el contenido de los discursos críticos mantienen muchísimos puntos reales. Al mismo tiempo, y sin que esto contradiga lo anterior, están perfumados por una nostalgia que vale la pena precisar. River se encuentra en el famoso “después de”. Desde 2019 viene en baja el proceso que lo llevó a hegemonizar el continente. Los vaivenes en los humores y los objetivos suelen ser problemáticos, en un estadio más complicado aún por la vuelta rápida de Marcelo Gallardo: River ni lo había olvidado y ya estaba de vuelta. Sin menospreciar las justas críticas, es evidente que las expectativas hoy se encuentran en un desequilibrio entre el deseo y la realidad, en algo que solo el andar de la vida cotidiana puede ordenar.
9- El proceso de privatización e intereses cruzados, sumado al desangelado proceso mundial de compraventa de jugadores, tiene como rehén una mala utilización de la clave de River en cualquier momento histórico: las inferiores. Una muy rápida venta de jugadores jóvenes (sin que todo sea responsabilidad de River) como los casos de Franco Mastantuono y Claudio Echeverri y un tapón a los posibles jugadores actuales, que se desmoralizan en la plantilla o se van a préstamo. Tomás Nasif, hoy lesionado; Jaime, en Peñarol; Lautaro Pereyra y Juan Cruz Meza, en el club; Agustín Ruberto, Santiago Lencina, Ulises Giménez, Ian Subiabre y tantos otros. Un proceso contrario a la historia: mucha compra y poco pibe.
10- Las soluciones para el presente podrían pensarse a partir de ciertas coordenadas. Un cambio de un modelo privatista con la mira puesta en las inferiores sería la primera de ellas. La banca al técnico, genuina y justa, tendría que mutar a un equipo que se forme a partir de las cualidades individuales, pero sobre todo colectivas, de sus jugadores y no sobre parámetros preexistentes que impliquen números telefónicos o cuestiones similares. El cuidado del plantel y su valorización es importante, abandonando cualquier interés que no sea el deportivo, con la mirada en el futuro. El espacio político al cual siempre hizo culto esta comisión tenía un lema, allá en el 2013, cuando ganó las elecciones. Decían, en esas épocas, que “River vuelva a ser River”. Hoy el desafío parece al revés: no vaya a ser cosa que deje de serlo.
Escribe: Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez
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