Bienvenidos al clásico de La Plata. Parecía que iba a ser de esos encuentros que respaldan a los detractores del fútbol argentino. Aquellos que dicen que los clásicos ya no son lo mismo. Que todos especulan. Que nadie quiere correr riesgos. Que se los quieren sacar de encima. Que los goles los hace algún defensor en una jugada fuera de contexto. Parecía, pero no fue el caso. Estudiantes siempre fue conocido por subir la vara del fútbol nacional. Ni siquiera Falcón Pérez se sacó de encima el partido, que si bien no escatimó en tarjetas y todas fueron bien sancionadas a priori, condicionó el curso del juego. La realidad es que difícilmente el referee hubiera podido ser más permisivo porque, en síntesis, se cagaron a patadas.

Finalmente, fue un especial de Lavecchia concentrado en un solo partido. Diseñado para nosotros, los ortodoxos del fútbol local. El encuentro terminó demostrando que la pasión no necesariamente va en detrimento del fútbol. En cuanto al deporte y también en cuanto al espectáculo. Cuatro goles: el de Mancuso, uno de Castro con giro y volea de zurda, otro de Tobio Burgos picándosela al arquero, uno de Tiago Palacios al ángulo. Que viva el fútbol argentino. Sin Carrillo, los pibes de Estudiantes le ganaron a la experiencia de Nacho Fernández, que se comió un caño de potrero. Que viva el fútbol argentino. Siempre es lindo ver cuando a los habilidosos les pintan la cara con una buena pisada, aunque es razonable, porque defender no suele ser su materia predilecta. Dos rojas bien distintas para Gimnasia: una directa por un planchazo de esos que hacen los pibes sin experiencia, y otra por doble amarilla con blooper incluído. Que viva el fútbol argentino.

La tribuna pincharrata cantaba “Ole”. Si no fuera por la falta de hinchas visitantes, hubiera jurado que estábamos viendo un partido de los 2.000. De esos que se ganaban “El partido de la fecha” de Fútbol de Primera aún cuando todavía faltan jugarse la mitad de los partidos. De esos que nos confirma que el fútbol argentino no necesita parecerse a ningún otro para ser el mejor de todo el mundo.

Miguel Freidenberg
Twitter: @miguefrei

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