El 6 de noviembre de 1974 nacía en General Rodríguez el único jugador que podía gambetear a David Beckham escuchando Viejas Locas: Carlos Daniel «El Lobo» Cordone. Rock barrial. De la Premier League a su querido Leandro N. Alem. Del paraavanlanchas de Racing a la primera de Vélez. Campeón de Sudamericana con San Lorenzo y del Torneo Argentino con Independiente Rivadavia. Nota incluida en nuestro libro «Las Calles no Olvidan». Escribe Santiago Núñez.

Lo esperaba su futuro DT en Vélez, un tal Carlos Bianchi, con la revista El Gráfico en la mano.

-¿Este sos vos? -interrogó, mientras con el dedo mostraba un rubio parado en un paravalancha en la popular ocupada por Racing, en una foto que tenía en primer plano al Piojo Lopez.

-Sí.

El Lobo Cordone era demasiado talentoso para ser normal y demasiado pecador para ser una estrella. ¿Por qué, acaso, un jugador de Primera División, de un equipo que se prepara para cambiar el mundo del fútbol, al mundo y al fútbol, no puede ir a ver al club del que es verdaderamente hincha?

“Porque no”, dirán los que han instaurado una metodología puntillosa sobre la profesionalidad y la disciplina deportiva. “¿Por qué no?”, interrogarán aquellos que, como el Lobo, no encuentran en los márgenes de las reglas un lugar para su felicidad.

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Cuando le preguntan por los dos títulos más importantes de su carrera, responde la Copa Sudamericana con San Lorenzo (2002) y el ascenso del Torneo Argentino A con Independiente Rivadavia (2007). Talento de barrio.

Carlos Daniel Cordone fue parte de la joven generación de Vélez que terminó de darle forma a uno de los mejores equipos nacionales y continentales de la década del 90. El arranque oficial con el plantel profesional se dio en 1993, pero el Lobo comenzó a jugar en la segunda parte del decenio. Fue campeón del Clausura 1996 y el mismo torneo de 1998 se definió con un centro suyo en la fecha 18 que Martín Posse mandó a la red para el 1 a 0 contra Huracán.

El apodo se lo puso Carlos Ischia por la similitud en la gambeta con el Lobo Fisher. El buen desempeño en el club de Liniers hizo que lo empezaran a ver de Europa. Antes pasó por Racing, y una noche del 2000, lo fueron a ver los agentes de la Juventus para llevárselo. No fue su noche. Terminó con los ingleses.

Conseguí Las Calles no Olvidan acá

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Alan Shearer es el máximo goleador de la Premier League, de la que fue campeón con el Blackburn Rovers en 1995. También se consagró “Pichichi” de la Eurocopa 1996 con la Selección de Inglaterra y es uno de los mejores centrodelanteros de la historia de Europa. Aprendió pocas palabras en español, no las necesitaba mucho. Dos de ellas  fueron por su relación con el Lobo Cordone que, en la 2000-2001 del Newcastle, a veces no se la pasaba con la velocidad que Alan consideraba pertinente.

“Daniel”, le decía, pero no con acento en la “e”, sino en la “a”. En inglés. “De Pri-me-ra”, completaba. El Lobo siempre enganchaba y se la guardaba para él. Jugó 21 partidos e hizo 3 goles en la única temporada de la Premier, pero el principal hito se dio en el primer encuentro.

La foto es elocuente. Fecha 1. Contra Manchester United. En Old Trafford. El diecisiete de los de blanco y negro a rayas mira la pelota fija. El balón pasó. Se nota que el siete del United no puede marcarlo y que el cuero se encuentra a la altura de sus piernas, retrasado. Carlos Daniel Cordone le acaba de tirar un caño a David Beckham.

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Era un delantero punzante. Un viejo puntero, medio wing, medio segunda guitarra de ataque, con velocidad, desborde, buen remate y sentido del arco. A todos les hizo goles. Menos a Argentinos: a vos no, mostro. Más de una vez se lo vio festejando con remeras de Los Piojos, La 25 o Viejas Locas. Crack de viernes a la noche.

Su fanatismo por la música es confeso. En un reportaje con la revista Mavirock le preguntaron por las similitudes y las diferencias entre el rock y el fútbol. “Los ambientes son distintos. En el rock podés trasnochar, podés tomar algo antes de ir a un show. En el fútbol es todo lo contrario: tenés que cuidarte y descansar. Lo que puedo encontrar de similar es la gente, los que comparten una pasión y la otra. Yo tengo bastante ascenso y primera, me gusta ver fútbol de todas las categorías. Y la verdad es que las banderas que veo en todas las canchas de ascenso o de primera son las mismas que veo en los recitales de rock. Y después encuentro similitud en lo que me produce en el cuerpo: veo un partido de fútbol y me produce alegría. Y es algo similar a lo que me genera ir a un recital o escuchar una canción de La 25.”

La gloria del común tiene tropiezos. Primer doping de marihuana y con reincidencia. La sanción de entrada fue por tres meses, mientras jugaba para San Lorenzo. También en el Ciclón, ya en febrero del 2004, el informe posterior al pis volvió a salir con “Tetrahidrocanabinol”. La ciencia estaba hablando del faso. Dos años de sanción.

Nunca más volvió. O mejor dicho, sí: fue a Argentinos de Merlo, Independiente Rivadavia, Tristán Suárez y tuvo dos pasos por su amado Leandro N. Alem. Pero no era el mismo, o quizás era el de siempre, pero con menos lucidez. No lo sabemos. Pasó de ser multicampeón con el Vélez de Bielsa y encarar a Gary Neville a recorrer el interior en micro y tener que retirarse, en 2012, porque Alem descendía de la C a la D y tuvo que debutar como técnico.

En Alem, el club que iba a ver de chico, le hicieron un trapo histórico, con dos franjas azules y una amarilla en el medio, con la leyenda: “Sé que muchas veces dije que el Lobo venía, pero esta vez el Lobo está acá”.

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“Ni Messi la para así, con la suela”. Carlos Daniel Cordone para la práctica. Medio caliente, medio docente. Dice que los botines a veces tienen doce tapones, a veces seis e incluso que algunos de los más modernos vienen con cuatro. Entonces hay que pararla con el borde interno, talón apoyado, punta en diagonal. Queda “muerta”. El video no se viraliza tanto como el de “a vos te hice un gol”, pero gira entre la banda futbolera del Facebook.

“Cuando sea técnico quiero ser tan justo y tan trabajador como Bielsa”, declaró en sus épocas de jugador. La obsesividad no le faltaba: admitió haber coleccionado no menos de 750 camisetas a lo largo de su vida. El amor por la profesión, se ve, tampoco escaseaba.

Dirigió a Alem entre el 2012 y el 2014, para luego pasar a Argentinos de Merlo. Pero su gran aparición fue en la vuelta al Lechero de General Rodríguez, en 2016. Metió a su club en Copa Argentina y, en fecha patria, 25 de mayo del 2017, se le planteó a uno de los más grandes del fútbol argentino. Perdió, es cierto, pero fue solo 1 a 0 contra (su) Vélez, en Formosa.

Esa temporada culminaría con una final por el ascenso a la “C” en un clásico contra Atlas (aunque los de Alem consideran que su único “archirrival” futbolístico es Luján). En aquella definición ganaron 5 a 0 en el global (3 a 0 de visitante, 2 a 0 de local) con todos los goles del mismo jugador: Patricio Costa Repetto, el Cordone de su época. Uno de los cuatro títulos de Alem en cien años de historia. También en fecha patria: 9 de julio.

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Matías Pellicioni le preguntó que podría haber sido si no era jugador de fútbol. “Acá en Rodriguez me vería trabajando en La Serenísima, como muchos de mis familiares y amigos”.

Todo lo que consiguió fue gracias a su talento. Todo lo que no consiguió fue por ser común, como nosotros. Dice que no se arrepiente de nada.

-¿Un sueño pendiente?

-Ir a Mendoza y jugar con los chicos en el potrero que se llama Daniel Lobo Cordone.

Escribe: Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez

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